¿A cuánto la cuadrada, casero?

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    Autor: Mario F. Drago Alfaro
    Abogado del Estudio Olaechea. Ex miembro del Consejo Directivo de THEMIS.

    Viernes 27 de noviembre de 2009; tu estómago pide que dentro de tu largo camino de regreso a casa en el insoportable tráfico limeño, te des unos minutos para detenerte en un local de comida rápida a saciar tu hambre. Fiel a tus instintos, estacionas el auto en la playa de un conocido Fast Food y bajas a comprarte una hamburguesa. Veinte minutos después, al salir, encuentras que a tu auto le falta el símbolo de “Toyota”, el cual, hace unos momentos, estaba adherido al capot. Indignado, regresas a la tienda a reclamar, donde el administrador te dice: “Señor, nosotros brindamos el servicio gratuito de estacionamiento para nuestros clientes; lamentablemente, no ofrecemos el servicio de seguridad”. No hay nada que hacer, tendrás que invertir en una nueva pieza.

    Sábado 28, sale publicado en el Diario Oficial “El Peruano” la Ley que regula el Servicio de Estacionamiento Vehicular”, Ley 29461 (en adelante, la Ley) y que entrará en vigencia en noventa días. Su artículo sexto menciona que la responsabilidad civil por la pérdida del vehículo o de los accesorios integrantes del mismo es atribuible al titular del servicio de estacionamiento (cuando dicha prestación es su servicio principal), o al propietario y al administrador o quien gestione el servicio de estacionamiento, de manera solidaria (cuando la prestación es accesoria o secundaria al servicio principal).

    Te lamentas, si esa Ley hubiese sido publicada antes, la inescrupulosa transnacional habría pagado tu pérdida. Sin embargo, dentro de todo estás feliz y apoyas, en tus discusiones de sobremesa, la nueva propuesta legislativa. “Ya era hora de que ellos se hagan responsables con su plata”, dices.

    Junio de 2010. Ya no recuerdas el incidente del año pasado, tu auto nuevamente está completo y te diriges a tu supermercado preferido a hacer las compras del mes. Al llegar, te entregan un ticket que dice: “Estacionamiento: S/. 4.00 por hora/fracción”. Discutes con el encargado de la puerta de la playa, recordando aquellas épocas cuando el supermercado no cobraba estacionamiento a sus clientes porque los trataba bien. “Se ha perdido esa calidad”, te dices molesto a ti mismo.

    El encargado de la puerta te explica que han tomado esta medida como consecuencia de la norma que responsabiliza a las empresas por los robos de carros y autopartes que tú tanto habías alabado. En efecto, el supermercado debe pagar un seguro por algunos cuantos miles de dólares, en caso alguien sea víctima de un robo en su cochera, y otros cuántos más en seguridad brindada por una reconocida empresa (y otros más en abogados). “Estúpida norma”, dices ahora, sin recordar que antes la apoyaste incondicionalmente.

    ¿Qué pasó?

    Cuando el populismo ciega a los congresistas, decisiones malas como ésta se ocultan detrás de propuestas vendedoras y cortoplacistas que se aprovechan de la desinformación de la gente y no realizan un correcto análisis costo-beneficio de la norma (en el 99% de los casos, el análisis económico de las normas se limita a mencionar que éstas no generan un costo para el Estado. De más está gastar tiempo explicando por qué ese análisis es totalmente burdo).

    La cosa es simple; como en el casino, la casa nunca pierde. En efecto, los “ajusticiadores” congresistas buscan que las empresas sean las que asuman el costo de los robos en sus playas de estacionamiento. Pero, vamos, hay que ser ingenuo para pensar que la empresa va a asumirlo. Lo que sucederá es totalmente predecible: como en el caso del supermercado, algunas empresas decidirán comenzar a cobrar estacionamiento (o cobrar más que antes) para cubrir los costos generados por potenciales robos. Otras, más perspicaces, evitarán cobrar el estacionamiento, pero incluirán ese nuevo costo en sus productos principales. O sea, puede ser que el supermercado no cobre S/. 4.00 por estacionar, sino que aumente el precio de ciertos productos para compensar esas pérdidas.

    Para este tipo de situaciones lo mejor hubiese sido dejar que el mercado se regule solo. Ante la inseguridad, las empresas competirán por brindar ese servicio “extra” que las haga atractivas. Porque por ejemplo, y sin ánimos de sostener que esto sucederá siempre, es lógico que si roban en el estacionamiento de un local, la consecuencia inmediata es que cada vez menos gente acuda a dicho lugar.

    Las reglas básicas para elaborar políticas públicas no son complicadas, pero se necesita criterio y visión. Es cierto, la presión política existe y los políticos responden a las exigencias de sus votantes. Pero es ahí donde se aprecia la diferencia entre un buen y un mal político. Es en la expedición de normas de este tipo donde uno puede apreciar si un político busca el bien de la población o votos para la siguiente elección.

    La Ley, sin duda alguna, es un “engaña-muchachos”. Suena bonita, bien diseñada y clara sobre la responsabilidad civil. Lamentablemente, dejó de lado el análisis más importante y por eso no llegó a la conclusión correcta. Los robos no los van a pagar las empresas, los vamos a pagar nosotros.

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