Control sorpresa y el viaje del héroe

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    * En el presente artículo, el autor realiza una interpretación personal sobre el comentario que el Dr. Martín Mejorada realizó a pedido de Enfoque Derecho en El Método activo y los controles sorpresa“. Se recomienda a los lectores acudir al comentario original para evitar malos entendidos.

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    A mis alumnos y alumnas del ciclo 2013-II

    El artículo que publiqué sobre los controles de lectura sorpresa ha generado una buena discusión. He recibido muchos comentarios en diversos contextos y de diversas personas. Todos los considero positivos.

    Uno de los comentarios que creo merece especial mención es el del Profesor Martín Mejorada, en el que argumenta a favor de las evaluaciones no programadas como requisito indispensable para el funcionamiento del método activo, que a su vez es presentado como un método que debe utilizarse en todos los cursos.

    Debo confesar que el artículo y los argumentos llamaron poderosamente mi atención. Gran parte de mis prácticas pre-profesionales las hice en el Estudio Avendaño, donde tuve el gusto de trabajar en una oportunidad con el Profesor Mejorada. Aun cuando no recuerdo del todo los detalles, tengo muy clara la sensación que sentí al discutir el tema del caso en su oficina. No fue de miedo y mucho menos de angustia. Recuerdo que el tema tenía que ver con la aplicación de una norma de la Ley Orgánica del Poder Judicial en el caso de un juez que nos había solicitado una opinión. Pocas veces en mi experiencia estando expuesto a problemas jurídicos he sentido tanta motivación. Recuerdo la pasión por el análisis de la norma en el Profesor Mejorada, que era contagioso. Recuerdo también el enfoque fino en los hechos, dibujados en su pizarra. Tengo claro en la memoria, además y principalmente, el análisis asombroso de la norma.

    En estos casos, creo, contagia la pasión y motiva la destreza. Pocas veces he estado tan motivado por cumplir con un encargo y pocas veces le he puesto tanto rigor y esfuerzo en encontrar una respuesta legal, lo digo con total sinceridad y lo recuerdo con mucha claridad.
    ¿Por qué, me pregunté al leer el artículo, un abogado excepcional como Martín Mejorada, considera que los controles de lectura sorpresa son un medio imprescindible para lograr que sus alumnos lean y participen? La verdad, no lo sé. De lo que sí estoy convencido es que su pasión y destreza, junto con algunas otras estrategias pedagógicas, podrían tener muchos mejores resultados que un sistema de controles de lectura sorpresa; resultados tanto a nivel de aprendizaje teórico-práctico como a nivel de desarrollo personal de los alumnos en su camino a ser abogados.

    No dudo de la importancia de la angustia y el miedo en el proceso de aprendizaje pero creo que de eso, ya tenemos bastante en la vida. Una evaluación, aunque avisada, ya nos da una buena dosis. El tener que cumplir con expectativas personales y, muchas veces, satisfacer lo que los otros esperan de nosotros (con lo difícil que eso puede ser a nivel emocional), ya nos da una buena dosis. La correlación, muchas veces desproporcional, entre la nota y el sentimiento de propia valía, ya nos da una buena dosis. La falta de tiempo y la carga de trabajo, ya nos da una buena dosis.

    El problema es que todas esas dosis usualmente nos drogan y los controles sorpresas pueden ser la gota que nos lleve a la sobredosis. Nos drogan porque son angustias y miedos que sentimos con frecuencia, que nos poseen y nos hacen actuar, sin que tengamos la oportunidad, el apoyo, los incentivos o la fortaleza para comprenderlas y manejarlas. Entonces, no hay aprendizaje alguno. Nos vemos abrumados por estas emociones y seguimos en la vida, sobreviviendo.
    Podría decirse también que es importante exponer a la incertidumbre al alumno porque eso pasa en la vida real. No estaría tan seguro. ¿Acaso un abogado tiene que acudir a un audiencia sorpresa? Un abogado planifica y se prepara. Esa es la constante. Por supuesto, en algunos casos la incertidumbre es real. Si llega nuestro jefe y nos pregunta por un asunto, debemos estar preparados y responder, pese a que se apareció de la nada. Sin embargo, si ese estilo laboral nos genera miedo y angustia, y es esa una motivación central que nos lleva a estar preparados en el trabajo creo que hay un problema serio, ¿no? Estar preparado y cumplir con nuestras tareas en el trabajo por miedo y angustia al jefe, o a lo que él o ella representan, no parece ser el escenario ideal. En todo caso, no creo que una universidad deba formar a los alumnos para que aprendan eso: debe formar para que descubran y trabajen, con pasión y esfuerzo, en aquello les da felicidad.

    En cualquier caso, si el profesor expone a miedo y a angustia, por el valor pedagógico que podrían tener dichas emociones en situaciones muy particulares, sería bueno que contribuya en el proceso de comprender y manejar ese miedo y esa angustia, de modo que sea genuinamente parte del aprendizaje brindado y no tan solo una fuente de esas emociones, que, por sí solas, no contribuyen en nada en el proceso de desarrollo personal y profesional.
    Por lo demás, a nivel pedagógico y psicológico, es cuando menos discutible concluir que alguien aprende realmente bien cuando estudia con miedo y angustia. Uno aprende mejor cuando está motivado, no cuando está asustado. Si en clase pienso, mientras escucho al profesor, “me llamará o no”, “habrá control” y si cuando leo pienso “entrará esto” o “no, no creo que tome control, ya tomó la semana pasada”, me parece bastante claro que el aprendizaje de lo escuchado en la clase o lo leído en la lectura no será el mejor. Por lo menos, no será un aprendizaje duradero e integrado a la creatividad y los conocimientos previos del alumno. Será un aprendizaje de supervivencia.

    Pero creo que nada de lo dicho anteriormente es lo realmente importante en este debate. El problema es más profundo y tienen que ver con el impacto del método de evaluación en el desarrollo del alumno. Tiene que ver con por qué hacemos las cosas, no con qué es lo que hacemos.
    Decía Jung que para que algo nazca, algo debe de morir. Si solo sobrevivimos sobre la base del miedo y la angustia (no solo a las evaluaciones, sino a la búsqueda de nosotros mismos) nunca nada morirá y, por tanto, nunca nada nacerá. La evolución de la que habla el Profesor Mejorada es física y biológica. Viene un lobo hacia nosotros, sentimos miedo y corremos para no morir. La emoción es un instrumento para escapar del peligro y, en esa línea, escapar también de ella misma. Pero cuando lo que nos amenaza es la falta de motivación o el vació existencial puede ser muy necesario dejar que nos ataquen. Sobrevivir a nivel psíquico es un reto muy diferente que sobrevivir a nivel físico o biológico. A nivel psíquico es posible, y a veces muy productivo, morir. Sentir profundamente esa falta de vitalidad al interior. Basta para ello revisar las diversas mitologías que, como indica Joseph Campbell, representan en sus historias las energías y los viajes internos del ser humano. Con frecuencia asombrosa el héroe es quien entra en una aventura que le exige dejar que algo en él muera, para que sus verdaderos poderes internos puedan ser descubiertos y, así, pueda el héroe renacer como alguien distinto.

    Las experiencias a nivel psíquico nos permiten sobrevivir siempre que las sintamos profundamente y nos acerquemos a aquello que las genera. En ese mundo, correr por miedo, estudiar por si hay control, no nos lleva a salvarnos sino a vivir muertos, sin saberlo.

    Todos podemos ser héroes en nuestro camino como abogados. Para ello, sin embargo, debemos estar dispuestos a no seguir sobreviviendo en el mundo de lo conocido, del hacer motivado por miedos y angustias mucha veces profundas y desconocidas; ese mundo tan común del hacer sin desear, que nos propone un pacto temeroso y nos exige comprometernos a ser lo que no somos realmente.
    El control de lectura sorpresa impide que aquellos alumnos que ya están profundamente desmotivados, mueran y sientan esa muerte. Les hace seguir y seguir, sobreviviendo sin vivir. No es acaso agonizar el no querer hacer las cosas realmente y con pasión, más aun cuando estamos hablando de la carrera que hemos elegido seguir. No es acaso agonizar dedicarse casi exclusivamente a algo que no nos apasiona, que no nos encanta. Quien no hace las cosas importantes “voluntariamente”, agoniza. No hay nada malo en eso. Es parte de la vida, del viaje del héroe, del camino en el mundo interior, morir y nacer. Sentir esa falta de energía, ese desgano del espíritu, esa ausencia de vida al interior, puede ser vital en el camino del héroe hacia sí mismo.
    El problema es decirle no a la aventura, y el miedo y la angustia pueden ser, en ese lenguaje, cadenas que nos impidan buscar lo mejor, lo genuino, nuestra pasión.
    La situación no es mucho mejor para quienes comienzan el curso motivados, tanteando a la aventura. El miedo y la angustia pueden convertirse rápidamente en acompañantes peligrosos, de cuyos consejos hay que dudar. Nos acompañan al leer, en nuestro camino a la clase y en nuestros asientos. “¿Habrá control?”, “¿Me llamará?”, “¿Has leído?”. Al caminar con ellos, nos exponemos a un alto riesgo: perder el rumbo en el camino hacia el descubrimiento de nuestra verdadera historia en el derecho.

    ¿Nos sentimos héroes viviendo y enfrentando nuestra aventura o temerosos ciudadanos de un pueblo donde las cosas se hacen para evitar el miedo, la angustia, la tristeza, la desaprobación y la vergüenza?
    Lamentablemente, veo con mucha claridad, en alumnos y alumnas, la falta de brillo en sus ojos cuando conversamos de su futuro en el derecho. Para muchos, el camino ya no es aventura. Para otros, nunca lo fue. Teniendo en cuenta que el héroe nunca anda solo me pregunto, como profesor, cuál es mi rol en sus viajes.

    Creo que el tema de los controles de lectura sorpresa es un síntoma de un asunto mucho más profundo: cuál es el rol de la facultad de derecho y de un profesor universitario. Creo que nuestro rol es similar al de aquel que muestra el camino, que brinda un consejo vital, que advierte de un peligro, que ayuda al héroe. No creo que debamos cumplir el rol del dragón que lo engaña haciéndole pensar que accederá a riquezas, cuando en realidad lo encarcela y le impide descubrir su verdadero tesoro. Creo que el control de lectura sorpresa es la garra del dragón, no el amuleto que ofrece el que ayuda.
    Pienso, con toda sinceridad, que el Profesor Mejorada es de los mejores aliados que podemos encontrar en el camino hacia nuestra pasión en el derecho. Lo fue para mí, mostrándome, en un momento donde mis dudas vocacionales me angustiaban y daban temor, que hay un valor y un gusto intrínseco en el arte de ser abogado, sea cual sea el ámbito donde ejerzamos. Ese fue su rol en mi camino.
    Creo, nuevamente con toda sinceridad, que el método de evaluación sorpresa, con la angustia y el miedo que genera, es un acompañante que nubla la mirada del alumno, quien ya no puede ver tan claramente a un profesor que es ejemplo del gusto por ser abogado.
    Los alumnos que, aun sin controles sorpresa y frente a ejemplos tan buenos, no se interesen por su camino en la carrera, quizá deban jalar algunos cursos. Quizá deban sentir su falta de interés y embarcarse en el camino de comprenderla. Lo que aprenderán en ese rumbo va mucho más allá del contenido de cualquier curso y los hará, si siguen en el rubro del derecho, mucho mejores abogados.
    No niego la importancia del rigor, del esfuerzo y del manejo del estrés en la formación del abogado. Simplemente creo que el control de lectura sorpresa no es una condición necesaria para nada eso. Creo también, como ya indiqué, que lo principal es encontrar en uno mismo la motivación y que es ella la principal fuente del esfuerzo.

    Para finalizar, creo que el viaje del que he hablado también lo puede seguir uno como profesor. No hay edad para comenzar nuestra aventura. La búsqueda de aprobación, el temor al rechazo, el necesitar sentir que controlamos una situación, la dificultad para comprender al otro, el necesitar expresar nuestra rabia, el vacío existencial: todas estas situaciones son distintas y creo que cualquier profesor puede verse inmerso en una o en todas estas dificultades. Ir hacia ellas y comprenderlas es la mejor opción, tanto para nosotros como profesores como para nuestros alumnos, pese a lo difícil que puede ser el camino. Teniendo en cuenta que el héroe nunca anda solo me pregunto, como profesor, cuál es el rol de mis alumnos en mi viaje.

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    Al comenzar a escribir pensaba citar diversa fuentes de psicología, pedagogía, y educación legal pero ya hacia la mitad me di cuenta que no lo iba a hacer. El blog exige brevedad. Uno de los principales temas, que está implícito en el comentario que hizo mi papá, quien es fuente central en mi motivación para ser abogado, a mi artículo en el blog y que no he abordado en estas líneas es: ¿qué opciones hay para motivar la lectura y el aprendizaje cuando los alumnos no leen o no van a clase? En un próximo post presentaré algunas ideas desde la psicología humanista de Carl Rogers, para fomentar que la conversación sobre el tema continúe.

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