Por: Fernando de la Puente, alumno de la Facultad de Derecho de la PUCP y director de Khuska, el programa de desarrollo de la Asociación CIvil Themis

A lo largo de nuestras vidas, lo único que queremos las personas es sentirnos cómodos en los espacios en los que interactuamos; buscamos experiencias que puedan mostrar lo mejor de nosotros, para compartirlas con los que nos rodean. Según Aristóteles, el hombre es un ser social por naturaleza, por lo que es necesario que interactúe con sus semejantes. Sin embargo, encontrar nuestra comodidad parece convertirse en una ardua tarea, cuando se nos dificulta exteriorizar lo que sentimos internamente, por temor a infringir las normativas que se implantan en los distintos espacios de la sociedad. Los problemas que las personas transgénero atraviesan día a día evidencian la lucha de una comunidad por el respeto de las distintas formas de expresar de su identidad.

Es así que surgen preguntas importantes: ¿Qué es ser una persona transgénero? ¿Cuál es la problemática por la que atraviesan? ¿Existen soluciones para que las personas transgénero puedan encontrar espacios cómodos para su pleno desarrollo?

En primer lugar, debemos explicar en qué consiste la identidad de género[1]. Este término se define como la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no al sexo asignado  al momento del nacimiento (el que se basa en la percepción que se tiene sobre los genitales), incluyendo la vivencia personal del cuerpo. De esta manera, la identidad de género puede dividirse en personas (i) cisgénero, aquellas que se identifican con el sexo que se les asignó al nacer, y personas (ii) transgénero, aquellas cuya identidad de género no corresponde con el sexo asignado al nacer.

Las personas trans[2] construyen su identidad independientemente de tratamiento médico o intervenciones quirúrgicas. Es así que, si al nacer se identifica los genitales de una persona como pene y testículos, el sexo que se le asignará será masculino, o por el contrario, si se identifica como vagina, el sexo que asignará será femenino, por lo que se piensa que su modo de actuar, hablar, vestir, etc., deberán acomodarse a este. Sin embargo, con el pasar de los años, mientras la persona se desarrolla, puede descubrir que no se identifica con el sexo que se le asignó, de manera que internamente comienza a sentir la necesidad de exteriorizar su real sentir. Es aquí que los problemas empiezan.

El modo de vivir nuestra sexualidad se ha convertido en centro de críticas, en tanto todo aquello que no vaya acorde con los estándares socialmente construidos es rechazado,  violentando el principio de igualdad que busca respetar nuestras diferencias. Con esto pasamos a considerar cómo es que la comunidad trans enfrenta a diario esta problemática, en la que no solo se busca acomodarlos al sistema establecido, sino que no se plantean soluciones para que las personas trans se sientan libres de actuar.

Dentro de la PUCP, todos los alumnos tenemos el derecho de acceder a servicios básicos, como la atención en comedores, bibliotecas, servicio de salud, bolsa de trabajo, incluso el ingreso sin inconvenientes al campus. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de los alumnos trans, ya que la tarjeta de identificación (TI), que todos usamos, no son representativos ni para su nombre ni para su imagen. A la larga, esto ha provocado que al acercarse a los módulos de atención sean ignorados y discriminados, por todas las miradas y comentarios intimidantes que reciben por quienes los atienden. La situación se complica al punto que ni siquiera en las aulas de clase se respeta la identidad con la que ellos quieren ser identificados[3].

La gravedad de todo esto radica en que no solo se ven perjudicados derechos universitarios, que deben ser respetados desde nuestro ingreso a la universidad, sino también derechos fundamentales, que son el reflejo de los valores que priman en la sociedad. Esto ocurre por falta de conocimiento de la situación de las personas trans, porque estamos acostumbrados a seguir el sistema cisgénero establecido por nuestra sociedad, de manera que si alguien se comporta fuera de la norma establecida, las reacciones que se producen muestran sentimientos de incomprensión y agresividad. Son todos estos inconvenientes los que nos llevan a decir que no existe respeto por la identidad de género de las personas trans.

Es importante diferenciar entre identidad e identificación, ya que si buscamos que la identificación nos sea útil, esta debe ir acorde con la identidad personal de cada uno, y de igual manera con la identidad de género que forma parte esencial de esta. Por lo tanto, resulta necesario que todos puedan sentirse cómodos, no solo con los documentos que los representan para acceder a servicios básicos, sino también la manera con la que son tratados cuando muestran su identidad a los demás.

Finalmente, en el contexto de la PUCP, surge Reforma Trans, un colectivo que busca implementar una política de respeto de identidad de género dentro de la universidad, al que se han sumado distintos grupos como la Federación de Estudiantes, los Centros Federados, Representantes Estudiantiles ante la Asamblea universitaria, grupos de investigación como el Grupo de Investigación en Derecho, Género y Sexualidad (DEGESE) y Khuska, el programa de Desarrollo de la Asociación Civil Themis, con el objetivo de proteger a las personas trans, que han pasado por situaciones de discriminación en razón de su identidad de género.

Este colectivo, a su vez, está dividido en distintas comisiones como la de investigación, comunicaciones e incidencia. La comisión de investigación se encarga de formular la propuesta que busca ser presentada en el Consejo Universitario de la PUCP, el órgano superior de dirección, promoción y ejecución de la universidad. Ante él llegan los proyectos, propuestas y solicitudes de modificación de toda la universidad.

La propuesta desarrollada busca principalmente tres modificaciones:

  • Cambio del nombre que figura en el registro virtual de la universidad y en la tarjeta de identificación a nivel del personal docente, administrativo y estudiantil. Dicha modificación se realizaría mediante la presentación de un formato de declaración jurada a la Oficina Central de Registro.
  • Cambio del género consignado en el registro virtual de la universidad. El género figuraría como femenino, masculino, no-binario, o ninguno. Dicha modificación se realizará por medio de la misma declaración jurada.
  • Al modificar los datos, se debe poder modificar también la foto en el TI, recibiendo un trato respetuoso y serio del personal.

Resulta preciso aclarar que todos los datos que han sido legalmente registrados, es decir, el nombre y género con los que son reconocidos en el Documento Nacional de Identidad, se mantendrán reservados por la Oficina Central de Registro de la PUCP (OCR), únicamente para los procesos administrativos necesarios.

Por otro lado, las otras  comisiones de comunicación e incidencia buscan promover la propuesta y hacer que la comunidad universitaria tome conocimiento de la problemática que se presenta actualmente, a través de conversatorios, activaciones, etc., de manera que el mensaje sea difundido eficientemente.

Una política de respeto de la identidad de género, adoptada ya por universidades como la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad de Costa Rica y Universidad Autónoma del Estado de México, demuestra la importancia de tutelar tanto el derecho a la identidad personal como promover un trato respetuoso e igualitario para las personas trans que forman parte de la comunidad universitaria. Además, representa un enorme paso para que pueda implementarse una ley de identidad de género en nuestro país, ya que el único precedente que se tiene es el de la sentencia “Karen Mañuca”, dictada por el Tribunal Constitucional, la que confirmó que, excepcionalmente, se debe cambiar el nombre frente a un motivo justificado y con la autorización judicial correspondiente. De modo que el respeto por la dignidad y la identidad fueron motivo suficiente para la modificación registral del nombre; más no una modificación registral del género.

El proyecto presentado dentro de la PUCP no solo debe involucrar a alumnos, sino también a profesores, trabajadores administrativos y tercerizados, que contribuyan con la construcción de una sana convivencia, en la que sentirse diferente no sea punto de críticas, de tal manera que no solo eviten que una persona se desarrolle libremente, sino que también pueda sentirse cómoda, sin temor a ser restringido a la hora de ejercer el derecho fundamental a la identidad personal, plenamente garantizado por nuestra Constitución.


[1] Este glosario toma como base lo señalado por la Relatoría sobre los Derechos de las Personas LGTBI de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Fuente:http://www.oas.org/es/cidh/multimedia/2015/violencia-lgbti/terminologia-lgbti.html

[2] Abreviación de transgénero.

[3] Según la investigación realizada por el colectivo de Reforma Trans PUCP, que refleja información de algunos de los testimonios recopilados en focus groups y entrevistas.

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