Desde hace ya diez años, los proyectos de infraestructura en el Perú se financian de una manera sostenida y exitosa utilizando un modelo reconocido internacionalmente como el “Modelo Peruano”. La clave de este modelo radica en la eliminación – o mitigación significativa – de uno de los mayores riesgos existentes en un típico Project Finance: la asunción del riesgo de construcción por parte de los financiadores[1].

¿Cómo se ha logrado eliminar el riesgo de construcción de numerosos proyectos de infraestructura en el país? Pues con la incorporación de avances de obra o hitos constructivos (“Hitos” o Milestones) a lo largo de la etapa constructiva del proyecto, un simple pero elegante concepto que, como veremos más adelante, viene inspirando la estructuración de proyectos en otros países de la región.

Los proyectos con Hitos (Milestone-based Projects) se caracterizan por lo siguiente:

  • la suscripción de un contrato de concesión o de asociación público-privada (“Contrato de APP”) entre el Estado (como entidad concedente del proyecto o “Concedente”) y un privado (en calidad de constructor/operador o “Concesionario”);
  • la división de la etapa constructiva del proyecto en segmentos más pequeños divididos por un Hito, lo que permite al Concesionario avanzar con la construcción de la obra de manera paulatina hasta alcanzar un Hito;
  • la obligación del Concedente o un Regulador (ejemplo: OSITRAN) de certificar la correcta construcción de las obras que componen un Hito, lo cual es reconocido mediante un certificado de avance de obras (un “CAO”) acreditando al Concesionario la ejecución de un porcentaje determinado de la construcción del proyecto; y,
  • el derecho del Concesionario a cobrar un porcentaje de la contraprestación total adeudada por el Concedente bajo el Contrato de APP, proporcional al avance de obra reconocido en el CAO. Asimismo, el Concedente tiene la obligación incondicional y autónoma de pagar dicha contraprestación durante un plazo extenso (en promedio 15 años) al margen de la culminación de la obra o la terminación del Contrato de APP. A su vez, dicha obligación de pago puede ser representada en un certificado independiente, siendo este en ocasiones denominado como certificado de reconocimiento del pago anual por obras (“CRPAO”).

Las bondades de un proyecto con Hitos son evidentes, pues este permite al Concesionario ceder los derechos de cobro generados por cada CAO mediante una venta sin recurso (un True Sale) a favor de financiadores, los cuales pagan una contraprestación inmediata por dicha venta. Al mismo tiempo, los financiadores serán pagados periódicamente por el Concedente al margen de que culmine la construcción del proyecto o que continúe vigente el Contrato de APP, eliminando así el riesgo de construcción.

Existen numerosos ejemplos de obras construidas con esta estructura, tal como la Carretera IIRSA Norte, diversos tramos de la Carretera IIRSA Sur, el Proyecto de Derivación de Agua Huascacocha-Rímac, la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Taboada, los Centros Hospitalarios de EsSalud, la Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica y la Línea 2 del Metro de Lima y Callao. Los financiamientos para estos proyectos, que se han estructurado mediante emisiones de bonos titulizados por vehículos de financiamiento en el mercado internacional, se repagan con los flujos dinerarios provenientes del Concedente derivados de cada CAO.

El éxito de los financiamientos de estos proyectos no solo se refleja en los múltiples premios internacionales que han ganado, sino también en el hecho de que otros países de la región vienen incorporando este modelo en sus propios planes de infraestructura, para garantizar el éxito de los mismos.

En efecto, en Paraguay se viene dando una ola de importantes proyectos de infraestructura inspirados por el modelo peruano. Por ejemplo, proyectos a ser adjudicados al sector privado en dicho país, tales como las Rutas 2 y 7, la Ruta 9, el Corredor Bioceánico y el proyecto sanitario ESSAP, contemplan conceptos como “tramos de obra” y “certificados de reconocimiento de la obligación de pago”, los que resultan similares a Hitos y CRPAOs, respectivamente. En adición, el Estado Paraguayo ha introducido estos conceptos no solo en sus Contratos de APP sino también en contratos de construcción de obras públicas, lo cual resulta novedoso (y un ejemplo a seguir para el mercado peruano) pues se abre una puerta a futuros financiamientos vía titulizaciones internacionales.

Podemos concluir con que el “Modelo Peruano” para financiar proyectos de infraestructura ha sido un acierto del Estado que ha permitido financiar numerosas mega-obras en el país, contribuyendo de esta manera a cerrar nuestra gran brecha de infraestructura. Esperamos que la evolución de este modelo en las asociaciones público-privadas, que serán adjudicadas bajo el nuevo gobierno (Longitudinal de la Sierra – Tramo 4 y las Líneas 3 y 4 del Metro de Lima y Callao, entre otras), no perjudiquen las múltiples bondades de este tipo de proyectos, pues ello podría sentar un precedente negativo en el mercado financiero internacional y también en aquellos países que buscan inspirarse en nuestra significativa experiencia.


[1] Es decir, el riesgo de que la construcción de un proyecto de infraestructura no llegue a culminarse y por ende los financiadores vean su deuda impaga, puesto que al no entrar en operación el proyecto no existiría el flujo dinerario necesario para repagar lo adeudado a los financiadores.

1 Comentario

  1. De exportación para Concesionarios y financistas. Traslada todos los riesgos y sobrecostos al sector publico. Genera el incentivo a sobreinvertir y las obras se sobredimensionan costando el triple como las mencionadas. Los supervisores y el regulador no pueden hacer nada porque el contrato establece claramente la obligación incondicional y autónoma de pagar dicha contraprestación al margen de la culminación o el buen funcionamiento de la obra; además se le encarga el diseño al Concesionario que se convierte en gato del despensero. El supervisor sólo da fe que se cumple con el diseño del Concesionario.

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