El pasado 01 de junio, Donald Trump anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París alegando que este perjudicaba gravemente a la economía del país. Esta semana ha estado llena de mensajes que expresan rechazo por esta salida pero sobre todo el gran asombro ante la noticia. Pero, ¿a qué se debe estar reacción?

El Acuerdo de París es un acuerdo sobre cambio climático firmado en el año 2015 por 195 países. Su objetivo principal es no permitir el aumento de la temperatura media mundial más allá del 2%, para lograr un medioambiente sostenible. ¿Cómo se iba a lograr esto? El Acuerdo no establece planes de acción concretos para los países, pero estos comienzan a realizarse a partir de cambios en la economía e industria mundial. En artículo 28º del acuerdo, se señala que cualquier país que haya ratificado el acuerdo puede solicitar su salida de este después de  tres años de su entrada en vigencia. En el caso de Estados Unidos, la fecha sería el 4 de noviembre de 2019.

Este acuerdo se firma en un contexto en el que mundo se encuentra cada vez más vulnerable ante el cambio climático. A pesar de la conciencia social que existe hoy sobre tan importante tema, el impacto de las emisiones de carbono sigue siendo un gran problema. La United States Environmental Protection Agency, en un estudio del año 2014, afirmó que Estados Unidos es el segundo país a nivel mundial que emite mayor cantidad de dióxido de carbono (CO2). Según datos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y la ONU, El CO2 es el principal gas de efecto invernadero de origen antrópico. Este es un fenómeno natural que se origina por la absorción de gases de la atmósfera donde se retienen y genera el calentamiento global. Lo cual ha generado el aumento de las temperaturas globales. Hasta el momento, se calcula que el promedio global en la superficie del planeta ganó 1°C entre 1880 y 2015.

¿Qué supone la salida de EE.UU. del acuerdo?  El Acuerdo de París es el pacto más importante y ambicioso en cuanto al medio ambiente. El hecho de que EE.UU. se retire significa un grave retroceso para su protección. Asimismo, EE.UU. es una de las principales potencias que firmó el acuerdo. La decisión de retirarse de este puede significar una motivación para otras potencias también sigan ese ejemplo. De igual modo, al ser EE.UU. uno de los mayores países que emiten CO2, significa que no tendrán barreras para continuar con ello, lo cual genera un considerable perjuicio al medio ambiente.

Ahora bien, a pesar de lo importante que es el Acuerdo de París, en tanto supone un hito en el cuidado medioambiental global, no es vinculante. En ese sentido, no obliga a los países miembros a adaptar sus legislaciones a las exigencias que propone. Lo único que los países deben hacer es anunciar qué cantidades de CO2 les gustaría reducir y en qué plazo, y asistir a las demás conferencias. Además, no se establece ningún tipo de sanción a los países que salen o que no respetan el acuerdo. No debería sorprendernos que los países que lo ratificaron no lo cumplan, o como es el caso, salgan de él. Tampoco se podrían ejercer sanciones indirectas por iniciativa de cada país, en este caso en concreto, dado el gran poder económico y político que tiene Estados Unidos.

En suma, el Acuerdo de París depende totalmente de la voluntad de cada país y, en específico, de la de sus gobernantes.

En el ámbito nacional, durante los primeros meses de este año, pudimos ser testigos de los impactos del cambio climático. Los huaicos que arrasaron con varias partes del norte del país son una muestra de lo peligroso que es el cambio del clima. Aunque los huaicos se produjeron principalmente por el fenómeno del niño, sí nos han dejado una lección importante: el aumento de las lluvias y el desequilibrio del ecosistema es fatal. El cambio climático implica más lluvia en los lugares donde generalmente llueve, afectando cultivos y provocando inundaciones. Como contraparte, habrá aún mayores sequías en aquellos lugares desérticos.

El Perú es un país especialmente vulnerable dada su gran biodiversidad. De hecho, es el tercer país más vulnerable del mundo. Esta biodiversidad requiere que el ecosistema esté ordenado y sin alteraciones, ya que cualquier pequeño cambio es fatal. Por otro lado, muchos de los grandes nevados ya se han derretido o están en un proceso irreversible de hacerlo; casi el 30% ya ha desaparecido. El 89% de nuestras carreteras son altamente vulnerables al cambio del clima. En el mismo sentido, se calcula que en algunas décadas el Perú tendrá 40% menos agua de la que tiene hoy en día.

Luego de todo lo expuesto, resulta claro que si bien la salida de EE.UU. del Acuerdo de París es criticable y además sorpresivo, la comunidad internacional no debe permitir que este sea un obstáculo insalvable en la lucha contra el cambio climático. En tanto el Acuerdo no es vinculante, todo depende de la voluntad de los países; por ello,  el compromiso de los países firmantes no debe verse afectado por esta situación. Por el contrario, debe reafirmarse la lucha por preservar el medio ambiente. Como peruanos debemos desplegar todos los esfuerzos necesarios para cumplir lo pactado en el Acuerdo de París, a fin de mantener nuestros ecosistemas y biodiversidad. Trabajemos con conciencia y responsabilidad y no permitamos que el Acuerdo de París sea un mero saludo a la bandera.

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