Mediante la resolución suprema N° 028-2016-EF, publicada el pasado viernes en “El Peruano”, se designó a Victor Paul Shiguiyama Kobashigawa como nuevo jefe de la Superintendencia Nacional de Aduanas y Administración Tributaria – SUNAT. El nuevo superintendente tiene una trayectoria pertinente para el cargo: ingeniero industrial de la Universidad de Lima, un MBA de la Universidad San Ignacio de Loyola y otro de la Universidad de Québec y, finalmente, cuenta con estudios de especialización en finanzas de la universidad ESAN. Asimismo, hasta el 201 tuvo un puesto en el Banco Interamericano de Desarrollo – BID, como consultor de temas de Project Management. Sin embargo, se ha cuestionado el hecho de que Shiguiyama se encuentre estrechamente vinculado con el fujimorismo. En el presente editorial se analizará de qué manera la designación del futuro jefe de la SUNAT pueda responder a presiones o solicitudes del fujimorismo.

Shiguiyama se ha desempeñado en el sector público por muchos años, ocupando una serie de puestos en distintos gobiernos: fue Secretario General del Ministerio de Educación entre 1996 y 1999, trabajó entre el 2005 y 2006 como coordinador del Programa de Fortalecimiento del Congreso durante la transición de los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García; asimismo, en el 2007 fue director ejecutivo del programa de capacitación del MTPE, ProJoven; y en el 2008,  fue coordinador general del programa de Modernización y Descentralización del Estado. Sin embargo, también ha tenido una activa vida política. De acuerdo a los registros de Infogob, Shiguiyama fue militante de Fuerza Popular por siete años, desde el 29 de octubre del 2009 hasta el 8 de setiembre del presente año, exactamente una semana antes de su nombramiento. Además, antes de haber sido formalmente parte del partido fujimorista, Shiguiyama fue regidor municipal en 1995 por Cambio 90, así como asesor de Keiko Fujimori para las campañas del 2011 y 2016. Es, entonces, innegable la vinculación de Shiguiyama al fujimorismo y sus simpatías a este proyecto político.

Estos vínculos han generado controversia desde el gobierno, por la supuesta “entrega” del puesto a la oposición. En ese sentido, Mauricio Mulder declaró que “lo que prevalece es su carnet del partido Fuerza Popular hasta el jueves pasado”. [1] Sin embargo, en primer lugar, es necesario aclarar que el perfil de Shiguiyama se ajusta con el del cargo y no es -bajo ninguna perspectiva razonable- un personaje improvisado o un actor político que no cuenta con la preparación necesaria (confiamos en que el señor Shiguiyama sí puede explicarnos qué es un déficit real y uno estructural). Consideramos que el análisis debe realizarse de acuerdo a lo requerido para cada puesto y, en este sentido, Shiguiyama parece cumplir con los criterios buscados por el Ejecutivo, ya que al ser un experto en gestión le dará un cambio de visión a la SUNAT. Tal como señaló SEMANAEconómica, “Shiguiyama cumple con los requisitos buscados por el Ejecutivo de no haber sido parte de la SUNAT anteriormente y no tener un enfoque meramente normativo, como suele ser el caso de los candidatos al puesto de profesión abogados”. [3] Este perfil explicaría, además, el porqué se eligió a Shiguiyama en lugar de la otra candidata, Maria Julia Sáenz Rabanal, quien era directora de Planeamiento Tributario en la cervecera Backus & Johnston, compañía de la que Fernando Zavala fue CEO. A pesar de tener un MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez, Sáenz Rabanal es abogada, lo que habría hecho que sea descartada para el puesto.

En conclusión, Shiguiyama tiene una experiencia probada en reforma de instituciones públicas a través de mejoramiento de procesos y eficiencia, y cuenta con un perfil idóneo para el cargo que ocupará. Sin embargo, no por ello obviamos sus vinculaciones políticas y, en este sentido, es natural que su elección levante suspicacias, especialmente dada la dinámica actual que tienen las relaciones entre el Ejecutivo y el Congreso. Si bien esta designación, en sí misma, no es escandalosa, sí comienza a hablarnos de una tendencia que puede comenzar a generar preocupaciones, máxime tras la designación de Walter Gutiérrez en la Defensoría del Pueblo. Por ello, Pedro Pablo Kuczynski debe tener cuidado en recordar que no puede privilegiar “la fluidez en el trabajo político” por encima de los perfiles adecuados para cada puesto, ni dejar que organismos técnicos sean copados con nombramientos políticos. No compartimos el criterio de Mauricio Mulder, pero sí consideramos que el nombramiento de Shiguiyama puede hablarnos de una tendencia peligrosa en las relaciones Congreso-Ejecutivo que debe ser vigilada y -en la medida de lo posible- frenada.


[1] http://www.americatv.com.pe/noticias/actualidad/mulder-hay-pacto-politico-entre-gobierno-y-fuerza-popular-n247252

[2] ib ídem

[3] http://semanaeconomica.com/article/legal-y-politica/sector-publico/200193-ejecutivo-designo-a-victor-shiguiyama-como-nuevo-jefe-de-la-sunat/

 

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