¿Las librerías y bibliotecas están condenadas por la digitalización? – Posner

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Traducido por Manuel Ferreyros. Republicado y traducido con permiso de los autores. El artículo original se encuentra aquí: http://www.becker-posner-blog.com/2012/03/are-bookstores-and-libraries-doomed-by-digitization-posner.html

El gran economista Joseph Schumpeter acuñó el término “destrucción creativa” para describir el proceso por el cual la innovación (que puede ser tecnológica u organizacional –esta última puede ilustrarse con la invención del supermercado–) promueve el crecimiento económico y el bienestar, pero con el costo de eliminar prácticas económicas o instituciones existentes. Consideró que el proceso de destrucción creativa era un factor más importante en promover el bienestar económico que la reducción de los costos de producción o la mejora de productos existentes.

Observamos la destrucción creativa en acción en el sector de la información debido a la revolución digital, la cual, entre otras consecuencias, ha tenido efectos destructivos en las librerías y bibliotecas, particularmente las librerías y bibliotecas universitarias, ahora mayormente ignoradas por los estudiantes. Amazon es básicamente una agencia de almacenamiento, gestión de pedidos y reparto de libros y otros productos, pero el secreto de su éxito extraordinario es que le ahorra al consumidor la molestia de tener que ir a una librería, donde tendría posibilidades altas de no encontrar lo que está buscando. La librería conserva solo una ventaja: revisar libros es más fácil en una librería que en línea, aunque esta ventaja disminuirá en la medida que le inteligencia artificial, que le permite a Amazon recomendar libros a un comprador que él en particular podría estar interesado en comprar, se desarrolle, como ciertamente lo hará.

Aunque Amazon ha devastado a la industria de librerías en general, como queda ilustrado con la bancarrota de Borders[1], ello en realidad beneficia a aquellas otras que se especializan en vender libros que ya no se imprimen, promocionándolos a sus clientes.

El modelo de negocios de Amazon, aunque revolucionario, claramente es un descendiente directo de negocios de venta por catálogo como Sears Roebuck. Es un sistema para la eficiente distribución de productos existentes. El e-book (libro electrónico) es un nuevo producto en un sentido, aunque en otro es simplemente un nuevo canal para distribuir el contenido de los libros. Todavía no es evidente qué ventajas tienen los e-books sobre los libros impresos salvo para viajeros, más allá de las compras y entregas más rápidas incluso de libros que Amazon vende impresos.

Otro nuevo producto que también es un nuevo canal de distribución son las versiones electrónicas de libros que pueden ser leídos en línea. Esto es lo que ha vaciado de alumnos a las bibliotecas universitarias. A pesar de que los libros protegidos con derechos de autor no están disponibles enteramente en línea, muchos otros libros, junto con otras obras que no están protegidas por derechos de autor y virtualmente todos los artículos académicos y abundante material de investigación, son accesibles por internet a estudiantes, de modo que un viaje a la biblioteca se vuelve innecesario salvo para socializar.

Deberíamos examinar el efecto de estos desarrollos revolucionarios sobre las empresas editoras y especialmente los autores, ya que estos últimos son los principales creadores del valor de consumo de los libros. Una mejora en la distribución reduce el costo ajustado a calidad del producto que se distribuye, y por ende debería beneficiar al productor, en este caso una combinación del autor y la empresa editora. Amazon, sin embargo, parece tener poderes monopsónicos en el mercado de libros, permitiéndole capturar la mayor parte del ahorro de costos por distribución más eficiente. La producción de libros no ha incrementado durante la revolución digital, aunque esto puede ser en gran parte debido al ascenso de medios competidores favorecidos por la revolución digital –la enorme variedad de información y entretenimiento, desvinculados de libros, que ahora están disponibles en línea–.

La principal amenaza que la revolución digital significa a las empresas editoras y autores es la de la piratería extendida, en violación de la ley de derechos de autor. Con el costo de copiar y distribuir material copiado habiendo caído en picada como resultado de la revolución digital, se ha disparado el costo de prevenir la copia y distribución no autorizadas de materiales protegidos. Ello no significa que la piratería sea algo completamente perjudicial desde la perspectiva de un autor o una editora, pues ello es una especie de publicidad –más o menos como regalar muestras gratis de una nueva golosina o un perfume para despertar el interés del consumidor–. Pero si la piratería es extensa, puede disminuir substancialmente las ganancias de un autor.

La importancia de los derechos de autor, y por ende las consecuencias negativas de la piratería sobre la creación de nuevas obras, son, por lo general, exageradas. La mayor parte de la más grande literatura universal fue escrita antes de las primeras normas de derechos de autor, el Estatuto de la Reina Ana, promulgado en 1710. El mecenazgo es una muy antigua forma de remunerar autores, alternativa a las regalías, y continúa siendo de importancia: escritores son contratados por universidades, pagados por fundaciones, dan charlas remuneradas y a veces venden los derechos para llevar sus obras a otros medios, como películas o televisión. La publicación académica es principalmente un sistema de mecenazgo; a los académicos se les paga por publicar (“publicar o perecer”). Y mucho de la creación literaria es realizada no a cambio de dinero sino motivada por un impulso a escribir y a ser leído.

Las leyes de propiedad intelectual tienen que ser adaptadas para la revolución de la distribución en línea. Todos los libros jamás publicados podrían ser digitalizados –Google ha llegado lejos en esa dirección– y descargados sin ningún costo. En lugar de tasas por derechos de autor negociadas entre el autor y la empresa editora, y por ende dependientes del acceso restringido a las obras (de modo que Google no puede permitir acceso a obras enteras protegidas de su vasta librería digital excepto dentro de los límites permitidos por el “fair use” o por negociación con los dueños de tales derechos de autor a cambio de una licencia), podría existir una tasa uniforma y moderada impuesta cada vez que alguien descargue un libro de Internet. Una tasa moderada podría disuadir la piratería, dado que esta requiere algo de sofisticación técnica y por ende no carece de costos. Todavía existiría demanda por libros impresos porque la mayoría de personas no quieren leer libros en línea o en un e-book.

El análisis estándar del campo de acción óptimo de la protección por derechos de autor apunta a que es necesario ponderar entre el acceso (a obras protegidas) y el incentivo para crear obras en primer lugar. Pero este análisis es incompleto. El acceso, en el sentido amplio que incluye el copiar obras y no solo leerlas, promueve la creatividad, pues la mayoría de obras creativas se desarrollan sobre la base de otras anteriores, a menudo mejorándolas por medio de modificaciones que serían insuficientes para evitar responsabilidad por violación de derechos de autor. (Piensen en cómo Paradise Lost de Milton es un desarrollo sobre la historia de Adán y Eva en el Génesis). Obtener permiso para incorporar material protegido por derechos de autor en nuevo material puede ser hastioso, y al final ser frustrado por problemas de monopolios bilaterales. Y, dado que los plazos de derechos de autor son tan largos (normalmente 75 años desde la muerte del autor, lo cual puede ser un siglo o más luego de que la obra fuera creada), a veces es imposible obtener permiso para reimprimir una obra protegida, simplemente porque el actual dueño de esta no puede ser identificado.

Así que, fuera permitido Google a proveer acceso en línea completo a todos los libros del mundo en forma íntegra, los beneficios en acceso a la información podrían más que sopesar las pérdidas en regalías de los autores.


[1] Nota del traductor: Borders era una compañía internacional de librerías basada en Michigan, EEUU, que en febrero del 2011 inició un proceso de bancarrota.

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