Por Sheyla More y Wendy León, estudiantes de la Facultad de Derecho de la PUCP y miembros de Khuska, la comisión de Desarrollo Social de THĒMIS.

“¿Por qué se usa la exégesis para evaluar un curso de ética?” 

Esta pregunta nos vino a la mente al salir de la evaluación 360º. Esta es tal vez una de las experiencias más interesantes y polémicas que todo estudiante de Derecho de la PUCP tiene que vivir. Más allá de ser un examen de conocimientos sobre lo aprendido en el curso, es una evaluación que tiene, en sus características y efectos, muchos elementos de la realidad. Veamos cómo sucede esto.

La evaluación 360º es aplicada a los estudiantes del curso de Ética y Responsabilidad Profesional, para evaluar lo aprendido en distintos momentos del curso. En ella, se divide el salón en grupos de alumnos quienes, entre ellos, deberán realizar y responder preguntas. A la misma vez, tendrán la oportunidad de realizar quejas e impugnaciones frente a las intervenciones de sus compañeros. Toda esta actuación será evaluada por los pares, resultando de ello la calificación final de cada alumno, que podrá, en casos excepcionales, ser ajustada por el docente del curso.

Nunca vayas a la evaluación 360º sin haber leído el reglamento

El 360º fue diseñado con normas de funcionamiento claras y precisas. Esta son entregadas a los alumnos con antelación, y es así que uno puede -y debe- leerlas y entenderlas antes de asistir. Se hace además una fase de preguntas, después de la cual no se podrán formular más dudas –las fases en el 360º precluyen automáticamente. Más allá de las reglas internas, se debe utilizar también lo aprendido en clase y la normativa aplicable. Sin embargo, a lo largo de la evaluación la disconformidad con las respuestas de los compañeros se debe demostrar a través de las herramientas definidas en el reglamento–quejas e impugnaciones. Conocer a profundidad todos estos elementos, y tenerlos preparados, ayuda substantivamente para rendir esta evaluación mejor.

No obstante, aunque pasar por el 360º según los parámetros de su reglamento puede resultar sencillo, no faltarán voces que demanden la flexibilización de las normas del juego ante dudas surgidas durante el proceso o el exceso de recursos utilizados por algunos. Las críticas surgen siempre en torno a este asunto, argumentando que el apego fiel a lo dispuesto por el reglamento no evalúa en realidad lo aprendido sobre la ética en el curso.

Tener las reglas fijadas desde un inicio y aplicarlas estrictamente durante la evaluación no pretende hacer de este un ejercicio de exégesis. Más bien, garantiza a los participantes que los demás no utilicen arbitrariamente los recursos dispuestos y que quienes actúan como examinadores rijan sus decisiones bajo lo establecido en los criterios de evaluación. Sin embargo, todo ello se cumple bajo el presupuesto de que todos conocerán y comprenderán a cabalidad el reglamento que rige el 360º. Ello no siempre sucede así.

Al margen de las razones que originan este desconocimiento, las que no discutiremos ahora, no podemos evitar relacionar esto con lo que sucede en la realidad. En el ordenamiento nacional existe un conjunto de normas y principios; sin embargo, no existe igualdad de condiciones para que todas las personas las conozcan. Sin intención de equiparar las situaciones gravísimas de desconocimiento que suceden en nuestro país, este tipo de ejercicios resaltan la importancia de la preparación abogado, y de cualquier persona, para enfrentarse a escenarios altamente formalizados. Así el paralelo que existe entre las carencias de una situación y la otra nos lleva a reflexionar sobre la importante función que cumple un abogado en garantizar y facilitar las herramientas para una realidad más justa y equitativa.

No te estreses

En estas evaluaciones, los estudiantes se encuentran en un estado de tensión producto de tener que trabajar en equipo y simultáneamente confrontarse con otros equipos. Ante semejante situación de dilema –entre apoyar a los compañeros o asegurar la nota propia– el estudiante se encuentra ante una encrucijada sobre cómo deberá actuar. El 360º nos coloca a la misma vez en la posición de juez y parte, generando en uno empatía, revanchismo, y toda una gama de emociones en conflicto.

Durante la evaluación surgen preguntas como: “¿Corregiré teniendo en cuenta que las otras personas quieren tener una nota aprobatoria o por el contenido de la respuesta?”, “¿Le daré un buen puntaje a algún estudiante (puntaje máximo en algunos casos) o se lo niego porque puede afectar tu promedio?” o “¿Me quejo de la impugnación de la queja porque me sumará un punto, a pesar de que va dirigida a una cuestión de forma, cuando el contenido es muy relevante?”. Estas preguntas, que pueden parecer inocuas, se corresponden con dilemas que surgen en la vida diaria.

Es en conflictos como estos, en un ordenamiento plagado de desigualdad de condiciones, que quienes conocen el ordenamiento cumplen un rol fundamental. La desigualdad en el conocimiento puede ser motivo para que quienes sí están preparados aprovechen la situación, tergiversando el sentido de las normas para favorecer intereses propios o de terceros. Para dejar de lado decisiones personales no basta con conocer la ley, debemos saber cómo aplicarla de manera ética y responsable.

Entonces, ¿por qué se usa la exégesis para evaluar un curso de ética? El 360º es un reflejo de la realidad. Parte de un conjunto de estudiantes que, tomando roles que los obligan a controlar sus emociones e intereses, deben evaluar, formular y responder preguntas de sus compañeros. Para ello, si bien no se hace un ejercicio exegético, deben conocer e interiorizar a cabalidad el reglamento de la evaluación. Como la realidad, la evaluación parte de un conjunto de personas que, puestas en distintos roles dentro del ordenamiento, deben manejar sus intereses y conocimientos para intentar llegar a decisiones justas y resultados favorables.

Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre los actores y el conocimiento de las normas. Es aquí que se muestra la importancia del conocimiento y la preparación. El estudiante menos preparado tendrá un camino más difícil. Quienes conocen la ley podrían valerse de ella, pero deberían realmente asumir el rol de garantes del sistema. Tanto los estudiantes, como los abogados, debemos desligarnos de intereses personales y de terceros para poder hacer efectivo el sentido del ordenamiento, pues solo de este modo podremos hacer que las normas y los principios sean verdaderamente útiles para garantizar nuestros derechos.

En estricto, comparar la evaluación con la realidad no es del todo justo. En la evaluación 360º, el estudiante poco preparado solo pone en juego su nota. Fuera de las aulas, quien no conoce sus derechos no podrá hacerlos valer, ni encontrar un mecanismo que los efectivice o reconozca.

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