Censurando la elección

5
614

Por Alonso Salazar, alumno de Derecho de la PUCP y miembro de Themis.

Hace unos días leí un artículo interesante en un blog de Semana Económica sobre la concentración de medios. Lejos de establecer una opinión, el autor dibujó un mapa que retrata la situación que vive el Grupo El Comercio (GEC) tras la compra de Epensa ante la acción de amparo interpuesta por un grupo de periodistas.

Mucho se discute sobre el tema: si existe concentración de medios o no, si hay algún mandato legal que impida el acaparamiento que se acusa,  a partir de cuándo hablamos de acaparamiento, si se está atentando contra la democracia y la pluralidad. Todas estas preguntas son válidas y deben ser  respondidas claramente antes de formar una opinión al respecto. Es lo que, precisamente, deberá hacer la jueza Lizy Béjar Monge antes de emitir un pronunciamiento al respecto. Una vez efectuado el análisis interno, lo que debe emitirse es un juicio respaldado por una argumentación no solo válida en cuanto a discusión, sino amparada en el Derecho.

Si se siguen estos pasos simples y se respetan los mínimos estándares legales, no parece plausible decretar que existe acaparamiento o que se está atentando contra la libertad de expresión. Muy por el contrario, resolver lo opuesto es lo que realmente atentaría contra las decisiones, no de los empresarios del GEC o Epensa, sino de nosotros: los consumidores. Declarar fundada la demanda interpuesta equivaldría a censurar el derecho que tenemos los peruanos a elegir.

Arranquemos haciendo a un lado cualquier clase de comparación o analogía con la radio y la televisión. Tratándose de un recurso natural limitado, los argumentos o marcos legales que los regulan están fuera de esta discusión. La realidad, al fin y al cabo, es que el GEC compró Epensa y ahora “acapara” el 78% del mercado. ¿Qué significa esto? No significa que el GEC es dueño del 78% de los diarios del país; no significa que estén atentando contra mandatos legales o constitucionales, toda vez que no hay norma que se haya violado; no significa que la democracia haya sido atacada. Significa algo más simple: que el 78% de los consumidores de este mercado leen diarios de propiedad del GEC. O sea, la discusión, absurdamente, se centra en el producto que los peruanos prefieren.

En el Perú hay 60 diarios. De ellos solo 6 pertenecen al GEC y 4 a Epensa, juntos no llegan ni al 17%. Entonces, ¿qué discutimos? Más bien, ¿por qué discutimos? El problema ha conducido a que la crítica se haya enfocado en el “atentado” contra la democracia y la pluralidad que supone “controlar” el mercado de esta manera. Pero, como ya se dijo, no estamos hablando de verdadero control.

Que el 78% lea diarios que son de propiedad del GEC no significa que este no pueda perder a sus lectores. La elección se da por las preferencias de cada uno. Es así que, en este momento, el 78% de la población prefiere leer Trome, Depor, Correo, El Comercio, entre otros. Mañana bien pueden ponerse a leer otro periódico y la historia cambiará. Por eso, admitir a trámite una demanda como esta o, peor aún, declararla fundada, no nos devolvería a la seguridad de un Estado democrático, sino que atentaría contra este.

Si el GEC posee tanta lectoría se debe a que ha sido exitoso empresarialmente hablando. No es, tampoco, un pseudo acaparamiento: en televisión no se puede tener más del 30% de frecuencias y en radio más del 20%. ¿Qué estaríamos castigando al intervenir a un grupo empresarial que tiene menos del 17% a nivel nacional? Aquí realmente se castiga al consumidor. Pero, por si no ha quedado claro, propongo un ejemplo aún más simple.

El día de mañana aparece un nuevo diario: El Heraldo Peruano. A un año de su lanzamiento, el 85% del mercado compra única y exclusivamente este diario. ¿Podemos hablar de acaparamiento? ¿Concentración de medios? Claramente no. ¿Debe el Estado actuar? ¿Separar este único periódico? ¡Ni hablar! Esto no es más que el funcionamiento común y corriente de un mercado. Los consumidores buscan el producto que mayor utilidad les provee; el que más les satisface. Y así como uno gana lectores, también los puede perder.

No debemos olvidar, además, que el costo ingreso a este mercado es bastante bajo. No confundamos esto con lo difícil que podrá ser competir con los diarios más grandes, pero entrar al mercado no es complicado. Entonces, si la realidad es que no son altas las barreras de entrada a este mercado, que la cantidad de grupos editoriales seguirá siendo igual (la familia Agois seguirá al mando) y que no se contraviene ninguna disposición normativa, ¿tiene sentido intervenir?

La libertad de expresión es un camino de dos carriles. No solo se trata de la libertad de opinar, sino la libertad a elegir que queremos leer, el derecho a escoger. Este derecho, válidamente ejercido por todos los peruanos, es lo que ha llevado a que el GEC sea el líder en el mercado de prensa escrita. Es el ejercicio de nuestro derecho lo que, como hoy pone al GEC en la punta, mañana puede derribarlo. Cualquier clase de legislación o sentencia que altere este orden no será más que censurar, como tantas veces en nuestra historia, un derecho que nos pertenece a todos.

5 Comentarios

  1. Estoy a favor del GEC, sin embargo, luego de la lectura del artículo podemos concluir que hay que censurar solo una cosa: la falta de información. Es una idea extendida, desde la Biblia hasta autores seculares, que quién no ha investigado o, al menos, no se ha informado someramente del tema no debería opinar, si algún poco de vergüenza le queda. Pero bueno, parece que tal no es el caso. Ya concentrándonos en el artículo, en primer lugar, en todos los periódicos, más allá de si hay o no concentración de medios, se sabe que el juez es Juan Ricardo Macedo Cuenca y la jueza citada por el autor del artículo es únicamente suplente. En segundo lugar, el argumento “irrebatible” que hace que, ni siquiera, la discusión sobre qué significa “acaparamiento” en la Constitución sea relevante, es que la elección de los consumidores lo ha determinado así y punto final. Se recomienda leer una vasta literatura sobre lo que es el Merger Control (y lo pongo en inglés a ver si llama un poco más la atención). Hay algo en economía que se llama externalidades negativas, ineficiencias en un mercado, y en la cuna del capitalismo, Estados Unidos, tienen un fuerte sistema sobre el análisis ex ante de ésto. Es decir, ¿que una empresa tenga el 90% de segmento de su mercado no es importante ni relevante para discutir? Este contexto se presta para una discusión muy rica en contenido y que, necesariamente, generará amplios debates. Evitemos desinformar que poco ayuda para la tan clamada defensa de la libertad.

  2. Es lógico que un tema como este cause discusión. De hecho, es la idea que ello suceda pues el debate alimenta una sana decisión. Reconozco que es difícil poder expresar una idea de manera sintética, lo cual termina a veces condenando al autor. Sé que eso genera que el artículo peque de superficial -en la leída rápida, pero creo que la idea se puede extraer de los argumentos tanto individuales como en conjunto, y de esta manera ver que se aborda más de lo que se acusa. Sin embargo, me parece que se critica mucho un artículo por algo que no es. No pretendí hacer un artículo económico -quise, pero el espacio no me lo hubiera permitido- aunque es innegable que por el modo de abordar el tema y por las implicancias del caso, es necesario al menos definir ciertos puntos que van atados. En todo caso, aprovecho este medio para extenderlos.

    He querido exponer cómo, legalmente, no hay acaparamiento, y me parece que concluir que el único argumento -“irrebatible”, además- expuesto es que “la elección de de los consumidores lo ha determinado así y punto final”, es no haber comprendido la idea central del tema. Y es que se reparten varios argumentos a favor -entre ellos, sí, que el mercado lo acogió de esa manera. Pero también que no existe marco legal alguno en este país al amparo del cual pueda decirse que la compra de Epensa es ilegal. Y no solo porque no hay ley que lo prohíba -lo cual, de por sí, ya es suficiente- sino porque no podríamos hablar de acaparamiento por dos razones fundamentales. Primero, porque el acaparamiento tendría que considerarse sobre los bienes disponibles y no sobre una elección del mercado. Si bien el 78% de los consumidores han elegido diarios del GEC, ello no los hace acaparar el mercado ni, mucho menos, transformar este mercado en uno ineficiente -pero, sobre esto más adelante. En ese sentido, si entre Epensa y el GEC tienen el 17% de los diarios de este país, suma inferior al límite establecido para la radio y para la televisión, no parece correcto hablar de acaparamiento. Afirmar lo contrario conduciría a quitarle la concesión a RPP si la mayoría de oyentes se pone a escuchar su frecuencia de manera única y exclusiva. Y no podemos hablar de acaparamiento porque, en segundo lugar, este solo puede darse respecto de bienes limitados, según la teoría económica. Por simple descarte la prensa escrita no cabe dentro de este supuesto.
    En cuanto al control de fusiones, no solo no soy un fan de la materia sino que no la creo relevante para el caso. El GEC ha jugado bajo las reglas de la libre competencia y, así, ha establecido una posición de dominio en su mercado. Una posición de dominio que, ojo, puede desaparecer tan rápido como llegó. Entonces, ¿control, para proteger la competencia, sobre la expresión misma de la competencia? La propia regulación sería contradictoria, a mi parecer. Dudo, también, que la adquisición haya transformado este mercado en ineficiente o lo haya hecho más. El control de fusiones tratará de evitar que haya efectos negativos –o externalidades- como consecuencia de la compra o que aquella empresa que tiene una posición de dominio en el mercado no abuse de esta. Pero el mercado de la prensa escrita puede ser muy cambiante; puede ser maleable. Y el argumento es el siguiente:
    ¿Qué externalidades puede generar esta adquisición que no pueda ser repelida por los mismos consumidores? Cualquier efecto negativo que pueda producirse puede ser contrarrestado por todos nosotros. Si no nos gusta, no compramos. El mercado es enteramente capaz de arreglar sus fallas por sí mismo. Hay una queja constante sobre los efectos negativos que esta compra ha generado, o podrá generar, sobre la competencia, pluralidad, democracia, el derecho a la libertad de expresión, etc. Lo único que veo es que se está diciendo que el resto de las personas no puede ver, a diferencia de nosotros, cuándo existe una manipulación por parte de la prensa, de tal manera que en vez de rechazarla termina por ser absorbido y manipulado. ¿Acaso somos los únicos lúcidos que podemos reconocer este tema y oponernos? Las externalidades negativas pueden ser fácilmente contrarrestadas.

    No escribí un artículo económico por diversas razones –aunque tal vez debí hacerlo- y por eso no creo que se pueda criticar la ausencia de argumentos de otra rama, por más que estos solo ayuden a afianzar la posición ya construida. Reconozco que por una desinformación propia di con el nombre de una jueza que no era la titular y aprovecho para establecerlo públicamente. En todo caso, el centro de la discusión no va por ese lado y, espero, siga construyéndose de manera alturada.

  3. Ya es hasta ingenuo creer que el 78% puede pasar a ser menos de un día para otro por simple aburrimiento de los lectores. Casi como creer que mañana todos van a dejar de ver ‘Esto es Guerra’ y van a empezar a leer un poemario de Yeats. La libre elección puede ser perfectamente condicionada por la ideologización.

  4. No creo que pueda suceder de un día para otro pero bien puede suceder, al fin y al cabo. Cada persona tendrá su propio reloj para determinar cuándo ya no desea más, no necesariamente igual al del resto. Y sí, la ideologización siempre será posible -no con todas las personas, claro está- pero sí con algunas. Ahora, eso dependerá más de cada individuo que del porcentaje del mercado al que tenga llegada un determinado grupo económico. Claro que, al tener un mayor público, siempre habrá la posibilidad de ideologizar a más, aunque las personas ya tienen una ideología implantada y eso es algo muy complicado de remover.

  5. Estimado señor.
    Incluso en EEUU, donde anida la libertad de empresa; hay normas que no pueden ser sobrepasadas bajo la escusa de la libre competencia y las preferencias del consumidor. Es así que el diario New York Times da cuenta en su editorial del 26 de mayo último, que “existen buenas razones para que el Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comunicaciones bloquee la adquisición, por parte de Comcast, de Time Warner Cable valorada en $45 mil millones. La fusión concentrará demasiado poder de mercado en las manos de una compañía, creando un coloso de las comunicaciones sin precedentes para el país desde 1984 cuando el gobierno forzó la desintegración del monopolio telefónico original de AT&T. La compañía combinada brindaría el servicio de cable-TV a casi el 30% de hogares estadounidenses, así como el servicio de Internet de alta velocidad a casi el 40%. Aún sin esta fusión y el acuerdo propuesto de AT&T-DirecTV, la industria de las telecomunicaciones tiene una competencia limitada, especialmente en el crítico mercado para el servicio de Internet de alta velocidad, o banda ancha, donde la opción del consumidor usualmente significa elegir entre el cable local o una compañía telefónica. Al adquirir Time Warner Cable, Comcast se convertiría en un guardián de lo que el consumidor ve, lee y escucha. La compañía tendría más poder para exigir que compañías con contenido de Internet como Netflix y Google, que es propietaria de YouTube, paguen a Comcast por un mejor acceso a su red de banda ancha. Netflix, el operador dominante en el streaming de vídeo, ya ha suscrito dicho acuerdo con la compañía. Esto podría marcar un comienzo y poner en desventaja competitiva a las empresas más pequeñas que no cuentan con grandes recursos. Existe también la preocupación de que una Comcast más grande tenga más poder para negarse a transmitir canales que compitan con la programación de NBC Universal, que es de su propiedad. Los ejecutivos de Comcast afirman que no favorecerían el contenido que la compañía controla a expensas de otras empresas de medios. La compañía alega que este negocio no reduciría la elección puesto de Comcast no compite directamente con Time Warner Cable en ningún aspecto. Sostiene además que Comcast enfrentaría mucha competencia en el servicio de Internet de alta velocidad de empresas de telefonía y redes inalámbricas. La realidad es bastante diferente. A fines de 2012, de acuerdo con la Comisión Federal de Comunicaciones, el 64% de hogares estadounidenses tenía solo una o como máximo dos opciones para el servicio de Internet que la mayoría de personas consideraría de banda ancha. Los servicios inalámbricos pueden manejar el streaming de vídeo, aunque muchos clientes de Verizon o AT&T agotarían su plan de datos inalámbricos mensual solo con la descarga de una película de alta definición de dos horas, luego de lo cual tendrían que desembolsar un pago extra. Los ejecutivos de Comcast afirman que compañías como Sprint están planeando brindar servicio de Internet de gran velocidad que competiría con la banda ancha por cable. Sin embargo, las compañías de redes inalámbricas han estado trabajando en ese servicio por más de una década con poco éxito. El Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comunicaciones podrían tratar de abordar una parte del problema suscitado con el negocio de Comcast-Time Warner Cable imponiendo condiciones, como la de exigir que la compañía no brinde un trato más favorable a proveedores establecidos de contenido de Internet como Netflix y Google a expensas de compañías más pequeñas. Comcast aceptó términos similares a cambio de la aprobación gubernamental de su adquisición de NBC Universal en 2011. Aún bajo esos términos, esta fusión cambiaría en forma radical la estructura de esta importante industria y proporcionaría a una compañía demasiado control sobre la información, espectáculos, películas y deportes a la que los estadounidenses pueden tener acceso por TV y la Internet. Los reguladores federales deben cuestionar este negocio.”

    Qué opina de esto señor Salazar?
    Atentamente

Dejar respuesta