Por Renato Constantino, investigador del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la PUCP.

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Cuando el director de EnfoqueDerecho me pidió que hablase sobre Brown v. Board of Education, me sentí halagado… como por un segundo. Luego empecé a darle vuelta a las oportunidades y me sentí abrumado. ¿De qué hablar? ¿Qué sería más interesante saber? ¿La historia del racismo y las luchas jurídicas contra este? ¿Será más interesante hablar de los detalles que nadie conoce? ¿Diremos que uno de los abogados del caso, Thurgood Marshall, luego fue juez de la Corte Suprema? ¿Sería interesante hablar del caso de Mendez v. Westminster que fue previo a Brown y que eliminó la discriminación racial que afrontaban los hijos de mexicanos en EEUU? ¿Debería hablar de la audacia del Juez Warren y cómo logró sacar una corta sentencia únanime en un tema que dividía a los Estados Unidos? ¿Podría hablar de los retos que persisten sobre discriminación en la escuela? Pues… como no tenía nada muy claro, pensé en abordar dos puntos: los efectos de la sentencia y los retos de la educación no discriminatoria… y si esta nota está publicada es porque a él también le parecieron relevantes tales puntos.

Brown et al v. Board of Education of Topeka et al es el nombre oficial de la sentencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos que determina el final de la segregación jurídica existente en las escuelas norteamericanas. En ella, este Tribunal decide revocar el precedente Plessy v. Ferguson (aplicado para el transporte público pero extendido a otras esferas de la vida pública). La Corte relata la importancia de la educación pública para la vida norteamericana. Señala su necesidad para la democracia y el mercado. Luego, inicia una argumentación que es particularmente interesante.  El Tribunal no decide señalar que toda diferenciación en el disfrute de derechos basada en la raza atenta contra la 14° Enmienda (Claúsula de Igual Protección). Por el contrario, el Tribunal opta por atender al resultado y a las inequidades que se generan por la segregación. Así, siguiendo ciertos estudios psicológicos, el Tribunal entiende que la segregación genera un sentimiento de baja autoestima en los estudiantes no blancos y, por tanto, se violaba la claúsula de igual protección. La Corte utilizó las pruebas conocidas como test de las muñecas (doll test) como evidencia de que la segregación internalizaba sentimientos de inferiodidad de los estudiantes afrodescendientes con respecto a ellos mismos. Con tal evidencia, la Corte determinó que las instituciones educativas segregadas son inherentemente desiguales. Tal frase, que convirtió un resultado en un principio, fue una de las fuentes jurídicas que sustentó la lucha por la igualdad en Estados Unidos. La igualdad, en este caso, no se sustentó en principios sino en resultados (que bien podrían ser contingentes en otros contextos). A pesar de ello, la conclusión es universal y general porque la intención de la Corte es establecer un mensaje claro hacia la sociedad norteamericana: en una sociedad democrática no cabe la educación segregada.

La sentencia, aunque era una revolución jurídica, no cambió a los Estados Unidos de la noche a la mañana. Por el contrario, demoró muchos años el lograr romper la segregación de manera real en Estados Unidos. Son increíbles las imágenes de los niños de Little Rock (Arkansas) que tuvieron que ser escoltados por la Guardia Nacional para ingresar a sus colegios. Hasta que el Congreso emitió la Ley de Derechos Civiles (Civil Rights Act) los avances en integración fueron muy pobres en los Estados del sur.

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Little Rock, Arkansas 1957

Ahora escuchar Ain’t got no

En tal sentido, el efecto de Brown puede discutirse en términos materiales. No obstante, el impacto en la cultura jurídica norteamericana fue extraordinariamente fuerte. La Corte Suprema confirmó su vocación de defensora de los derechos de las poblaciones excluidas. Si bien es cierto que se sumó a las luchas que encabezaban diferentes organizaciones (principalmente la NAACP y ACLU), sí se adelantó a la decisión política del Congreso de eliminar la segregación por completo. Eso mismo ocurriría posteriormente con respecto a las mujeres en Roe v. Wade y, recientemente, en el caso de población homosexual con el caso Obergefell v. Hodges.

Los retos de una educación sin discriminación aún son varios en Estados Unidos y en el mundo. Así, por ejemplo, a ruta trazada por Brown no fue seguida necesariamente en el caso de niños sordos en el caso de Board of Education v. Rowley en la Corte Suprema determinó que los colegios públicos no estaban obligados a pagar el costo de los intérpretes de señas que necesitasen los niños sordos. (Ello fue parcialmente resuelto cuando la Corte Suprema determinó en el caso Forest Grove School District v. T.A. que los padres tienen derecho a que se les reintegre el dinero que gastan en educación privada cuando la educación pública no les puede ofrecer una educación adecuada). Y en el mundo la situación no es tan distinta. En el año 2007, la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos determinó la responsabilidad internacional de República Checa en el caso DH por excluir a los niños de origen romaní a colegios de educación especial. Y las tendencias de exclusión siempre terminan afectando a las poblaciones tradicionalmente excluidas. Así, el Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la educación ha denunciado prácticas discriminatorias contra personas con discapacidad, niñas y personas privadas de libertad. Incluso, ya se mencionan los perniciosos efectos que puede tener la educación privada al crear nuevas diferencias entre quienes pueden pagar y quienes no.

Uno de los grandes legados de Brown es haber convertido una conclusión en un principio general. Así, cuando señala que “Separate educational facilities are inherently inequal” (resaltado mío) establece una pauta para la acción pública a futuro. Separar y segregar son prácticas que afectan íntimamente el derecho a la igualdad. Si, como señalaba Malcolm X, la educación es nuestro pasaporte para el futuro porque este pertenece a los que se preparan para él hoy, resulta injusto discriminar a niños por cualquier motivo cuando todos comparten el mismo derecho a la educación.

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