Por Piero Vásquez, profesor de Derecho en la PUCP, magister en Derechos Humanos y abogado de la CIDH.

Kenji Fujimori –el congresista más votado- será el responsable de juramentar a Indira Huilca –la congresista electa más joven- lo que suma a este desquiciado proceso electoral, una situación tipo guión de House of Cards. Para los que no se enteraron y quieren un buen resumen lean este post de Vero Ferrari y vean este video de Carlos Llosa.

En el año 1992, Pedro Huilca Tecse, Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) fue ejecutado extrajudicialmente como resultado del ejercicio de sus derechos sindicales y el fomento de manifestaciones y protestas por las reformas laborales y antisindicales fujimoristas, tras el autogolpe de Estado. Por algún tiempo, el crimen fue atribuido a Sendero Luminoso, quienes de hecho lo reivindicaron como propio. Sin embargo, numerosas contradicciones, deficiencias en las investigaciones y nuevos indicios comenzaron a cuestionar la identidad de los perpetradores de dicho crimen, incluso el propio Abimael Guzmán negó la participación de la agrupación terrorista en el asesinato de Huilca.

Hacia el año 2003 la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) reconocía la existencia de “dos hipótesis” con respecto a los perpetradores: Sendero Luminoso o el Grupo Colina. Con la aparición de la sentencia de la CorteIDH en el año 2005 (Huilca Tecse Vs. Perú ) el asunto quedó zanjado en el sentido de que existían “indicios suficientes para concluir que la ejecución extrajudicial del señor Pedro Huilca Tecse tuvo una motivación política, producto de una operación encubierta de inteligencia militar y tolerada por diversas autoridades e instituciones nacionales” (párr. 64). Así, Alberto Fujimori purga condena hoy, entre otros, por su vinculación con los crímenes cometidos por el Grupo Colina.

Los hijos no heredan las “culpas” de los padres, o en todo caso, no deberían. Esta idea común, en un contexto post-conflicto y post-dictadura como es el caso del Perú cobra mucho sentido. Por más de una década, desde el Informe Final de la CVR, varias organizaciones de sociedad civil han trabajado un concepto, aparecido desde las canteras de la justicia transicional, que parece un bien esquivo en el Perú: la reconciliación. La CVR la definió del siguiente modo:

“[…]la puesta en marcha de un proceso de restablecimiento y refundación de los vínculos fundamentales entre los peruanos, vínculos voluntariamente destruidos o deteriorados por el estallido de un conflicto violento iniciado por el PCP Sendero Luminoso en la últimas décadas, y en el que la sociedad entera se vio involucrada. El proceso de la reconciliación es hecho posible, y es necesario, por el descubrimiento de la verdad de lo ocurrido en aquellos años –tanto en lo que respecto al registro de los hechos violentos como a la explicación de las causas que los produjeron,”.

Esta formulación, un tanto abrumadora, no debe asustarnos o llevarnos a pensar que estos escenarios son imposibles. Una conmovedora conversación sucedió hace poco: Renato Cisneros –hijo del fallecido General Cisneros, Ministro del Interior en la época de la violencia- entrevistó a José Carlos Agüero –hijo de padres senderistas ejecutados extrajudicialmente-. Y como relata el propio Cisneros: “de un instante a otro, dejamos de ser entrevistador y entrevistado para convertirnos en algo más: los hijos de hombres que fueron enemigos declarados, que desearon la muerte del otro sin conocerlo, y allí estábamos, tratando de urdir una conversación que a la generación anterior sencillamente le fue imposible tener (…)”. Martín Tanaka describió esta conversación como “dos patas conversan” y resaltó lo poderoso y necesario que resultan conversaciones como esas en el país: abiertas y honestas. Reflexión que resulta vigente en el actual contexto electoral, en el que el Fujimorismo no ha tenido esta actitud dialogante, crítica, que se perciba sincera, capaz de convencer a la familia de Pedro Huilca.

Después de 15 años de la recuperación de nuestra aún débil democracia, cuáles son nuestras lecciones y dónde están nuestros compromisos. El soberano pueblo no elige por odio, elige por amor. Y el amor, a veces, es una apuesta confusa. ¿A qué están apostando esos compatriotas que depositan su esperanza en la hija de nuestro último dictador? ¿Cómo debemos leer la masiva y envidiable votación al hijo del único expresidente peruano sentenciado por crímenes que hoy el Derecho internacional claramente identifica como de lesa humanidad? Creo que muchas respuestas pueden hallarse también desde el análisis del fenómeno de la reconciliación, o más bien, de lo no reconciliado, lo no conversado y lo no comprendido y cómo los partidos pueden operar para construir desde ahí verdadera oferta electoral  democrática; sin embargo, como dice Adriana Urrutia, en la comprensión de la capitalización de la política en el Perú, queda aún mucho por desvelar.

1 Comentario

  1. LEELO COMO ASCO POR MÁS DE LO MISMO, CORRUPCIÓN DESDE LA LLEGADA DE LOS RESENTIDOS A ALGÚN CARGO DEL PODER Y ES AHÍ DONDE SE INFECTA TODO Y HUELE A PODRIDO, LA CLASE MEDIA DEBERÍA DIRIGIR POR SIEMPRE LOS DESTINOS DE NUESTRO PAÍS Y NO LOS ANTERIORES MENCIONADOS PUES YA LLEGAN CON UN CHIP INFECTADO POR SUS VIVENCIAS PASADAS.

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