Por Giancarlo Palomino Cama, analista de la Unidad de Psicología del Consumidor de PsychoLAWgy. Abogado por la Universidad Nacional Federico Villarreal.

El hombre es un animal de compañía que necesita interactuar con otros para sobrevivir. Construir relaciones es algo innato y para ello necesita comunicarse usando una serie de canales que puedan transmitir el mensaje que desea compartir; Internet es uno de estos canales.

Según el Instituto Nacional de Informática y Estadística (INEI) en el año 2015, el 40,9% de la población nacional censada de seis y más años de edad hacían uso de Internet. Entre ellos, el 51,8% se conectan a la web al menos una vez al día, siendo las redes sociales los sitios con mayor interacción[1].

Sin embargo, las redes sociales ocultan dentro de sí mismas una trampa. En su afán de ayudarnos a encontrar a personas con gustos e ideas similares a nosotros, han logrado aislarnos de lo que pasa a nuestro alrededor. Veamos.

Redes como Facebook o Instagram utilizan algoritmos basados en la interacción de los usuarios, la relevancia del contenido que publican y la antigüedad de su publicación. De esta manera logran mostrar las publicaciones que se consideren como más relevantes para el usuario. Esto puede automatizar la toma de decisiones del usuario específico, pues le resultará más difícil encontrar una opinión distinta a la ya establecida por el algoritmo.

Visto de este modo, las redes sociales nos entregan el placebo de creer que nuestros gustos, intereses, expectativas y problemas son los mismos que conciernen a todo el mundo. Y esta aparente disponibilidad de información tiende a reforzar las opiniones y creencias de las personas pertenecientes a un determinado grupo social. A este fenómeno se le conoce como “polarización de grupos” o “polarización grupal”.

Para Sunstein (2005) la polarización de grupos significa que los miembros de un grupo deliberativo se mueven previsiblemente hacia un punto más extremo en la dirección indicada por sus tendencias pre-deliberativas.[2]

Creemos que la definición de Sunstein resulta insuficiente para comprender el fenómeno de la polarización de grupos, debido a que solo se limita a considerar la opinión grupal como potencialmente extremista.

Aunque la polarización implique extremización, no siempre es lo mismo. Se deduce que un grupo se ha polarizado cuando el consenso implica un cambio en la misma dirección de la tendencia dominante mientras que la extremización, implica un cambio a cualquier dirección cercana a los polos extremos. Por otro lado, la extremización de un grupo no implica que todos los individuos que lo conforman sean extremistas, sino que cualquier acto de disconformidad queda enmascarado debido a la presión del grupo.

En ese sentido, Sánchez (2014) sugiere que la polarización grupal vista desde la psicología social debe considerarse como el fenómeno que aumenta la dominancia de un polo en el consenso respecto al preconsenso o la intensificación o fortalecimiento de las preferencias iniciales de un grupo[3].

ACTIVISMO DE SOFÁ Y DERECHO

Hoy en día las redes sociales no solo se usan para interactuar, sino que son vistas como una oportunidad de cambio social, participación política, y una ventana para mostrar el inconformismo político por parte de los más jóvenes[4]

Esto puede reflejarse en la intensidad con la que uno puede encontrar opiniones e iniciativas en Internet sobre los temas más variados y orientados a cuestiones de cambio social sin llegar a comprometerse realmente con ellas; esto es conocido como el “activismo de sofá”.

Una de las características más relevantes del activismo de sofá es la capacidad con la que los individuos pueden emitir opiniones y viralizarlas a lo largo de la red, así como lograr que la visibilización de un “acto de justicia” en  cuestión. Sin embargo, la gran mayoría de veces, los usuarios no logran acreditar la fuente primaria del hecho compartido en las redes y eso se debe a la sobreinformación y saturación del contenido en la red, lo que obliga al usuario, en palabras de Umberto Eco, a fiarse de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada.

Consumir información basura o falsa creyendo que puede ser verdadera o relevante, puede llevar a las personas a reforzar sus opiniones; pero es el “activismo de sofá” lo que termina intensificando es el discurso y polarizando a las personas.

Un claro ejemplo puede encontrarse en la incorporación del enfoque de la “igualdad de género”[5] por parte del Ministerio de Educación con la finalidad de garantizar la igualdad de oportunidades, derechos y deberes entre hombres y mujeres basados en el principio de igualdad y la no discriminación. Esto ha sido tergiversado por una serie de colectivos, en su mayoría de corte conservador y religioso, como “ideología de género”, y como una forma de promover la homosexualidad y la difusión de ideas consideradas como “nocivas” a los menores respecto a su sexualidad[6].

¿Debe el derecho ingresar a regular el contenido en Internet a fin de evitar la polarización grupal? Consideramos que no es la solución. Resulta imposible establecer un control centralizado de la información presente en Internet, lo cual obliga a los Estados a pedir a las compañías propietarias de los servidores y motores de búsqueda una mayor autorregulación respecto al contenido que pueda presentarse en sus páginas.

Ejemplo de ello es la implementación de herramientas en Facebook que permite reportar a los usuarios las noticias que pueden ser consideradas como falsas. A mayor número de denuncias se activará una pequeña señal de advertencia que se colocará junto a la noticia cuya veracidad esté en entredicho[7].

Por otro lado, la capacidad de crear nuevas cuentas en diversas redes sociales, el rápido desarrollo de esta tecnología, las relaciones basadas en la horizontalidad y el componente de la extraterritorialidad, hacen difícil lograr la identificación plena de los infractores.

Es innegable que las redes sociales son parte de nuestras vidas, pero haríamos bien en romper con la zona de confort y ver más allá, puesto que el diálogo real – según Zygmunt Bauman- no es hablar con gente que piensa igual que uno. En la vida virtual la red te pertenece a ti, pero en la vida real perteneces a una comunidad.


[1] https://www.inei.gob.pe/estadisticas/indice-tematico/population-access-to-internet/

[2] Sunstein C. (2005). La ley de la polarización de grupos. Revista Jurídica de la Universidad de Palermo, Año 6 (1), Oct.  pp. 56. Disponible en: http://www.palermo.edu/derecho/publicaciones/revista_juridica

/ediciones.html

[3] SANCHEZ, J. (2014) Psicología de los grupos. Teoría, procesos y aplicaciones. McGraw-Hill/Interamericana de España. Madrid. p. 442

[4] Esto se vio materializado en la propagación de los hechos que permitieron la Primavera Árabe en el año 2010. El intercambio continuo y masivo de información mediante el uso de la Web logró evadir la censura y la restricción de información impuesta por los países en conflicto. Para mayor información recomendamos leer el siguiente artículo: https://www.technologyreview.com/s/425137/streetbook/

[5] Para mayor información ver:  http://www.minedu.gob.pe/n/noticia.php?id=41429

[6] Aun así resulta curioso que a pesar de las marchas del Colectivo de corte conservador #CONMISHIJOSNOTEMETAS, según una encuesta realizada por Pulso Perú, el 52% de los peruanos admite no saber nada respecto a la ideología de género.  Ver:  http://gestion.pe/politica/ideologia-genero-52-peruanos-no-sabe-su-significado-2181287

[7] http://www.lavanguardia.com/tecnologia/20161216/412659690701/facebook-noticias-falsas-bulos.html

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Obtener un resultado favorable en un juicio o arbitraje; entender al consumidor y a tu cliente; implementar políticas públicas que causen un impacto, o comprender nuestro rol como abogados y alumnos no depende únicamente de haber seguido la carrera de Derecho. Creemos que conocer cómo piensa el ser humano y qué lo motiva a actuar es esencial para el ejercicio de nuestra profesión. Es por ello que, pese haber estudiado Derecho en la PUCP, nos vemos atraídos cada día más a la Psicología y por todas las herramientas que nos brinda. Desde el Psicoanálisis hasta el Neuromarketing, el Análisis Psicológico del Derecho nos otorga, como abogados, una serie de principios, teorías y explicaciones a las conductas y a las relaciones entre todos los operadores del sistema jurídico (tomadores de decisiones, creadores de políticas públicas, litigantes, alumnos, profesores, entre otros). Así, este blog no es otra cosa que un espacio para compartir nuestras ideas con ustedes. Por ahora somos un equipo de cuatro pero esperamos ser muchos más… Mario Drago y José María de la Jara co-dictan el curso de Análisis Psicológico del Derecho en la Universidad del Pacífico. Mario es Asociado del Área de Regulación y Competencia en Miranda & Amado, y José María es Asociado del área de Litigio Arbitral de Bullard, Falla, Ezcurra +. Carlos Rojas Klauer es Asociado del área de Competencia y Propiedad Intelectual de Lazo, De Romaña & Gagliuffi Abogados y tiene estudios en Psicología del Consumidor de la Escuela de Post-Grado de la UPC.

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