La vida es bella

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Por: Marco Zaldívar
Estudiante de Derecho en la PUCP. Miembro de THEMIS.

A todos nos queda claro que vivimos en un país con grandes diferencias, en realidad un mundo, pues la inequidad no es exclusiva de Perú o Latinoamérica. Son muchos los que se rasgan las vestiduras hablando de hambre, plusvalía, injusticia. Creo que es hora de que se enteren que la vida es injusta.

En el último siglo dos sistemas estuvieron en conflicto, o grupos de hombres que pretendían tener la verdad. Este es un tema muy extenso y por falta de tiempo, espacio y conocimiento no lo trataré. Sí diré que parecía que uno de ellos alcanzó un lugar hegemónico, lugar que luego de la reciente crisis económica se vio cuestionado.

Hoy a puertas de una segunda vuelta, pareciera que algunos pretenden cambiar el rumbo que tomamos. Queda claro que ningún sistema es perfecto, especialmente cuando se pretende mantenerlo como expresión pura. Me da la impresión de que a eso se refería Reagan al decir, jocosamente, “How do you tell a Communist? Well, it’s someone who reads Marx and Lenin. And how do you tell an anti-Communist? It’s someone who understands Marx and Lenin”. Evidentemente se trata de una exageración que debe ser puesta en el contexto norteamericano de los 80s. Me parece pertinente recordar que la obra de Marx podría considerarse como pensada para Inglaterra y Alemania del siglo XIX, posterior a una exitosa revolución industrial. Se trata de realidades muy distintas a las de Rusia de 1917, China de Wang Kemin y Perú del siglo XXI.

El socialismo utópico me pareció siempre sensato en tanto utópico. Hay muchos ideales rescatables pero como todo ideal, es una quimera. Podemos intentar acercarnos, estando siempre consientes que no podemos alcanzarlos. Cuando las personas olvidan esto se vuelven irracionales, nada más que fanáticos casi románticos. Lo cierto es que la vida en realidad no es sueño y si hoy repartiéramos toda la riqueza mundial en partes iguales, mañana ya habría nuevamente ricos y pobres, lo que no está mal. Deseo esperanzadamente que el “rico” se vuelva más rico y el pobre también, cada uno en base a su esfuerzo. No se debe esperar el beneficio propio en perjuicio de un tercero, eso es lo que haría un saqueador (me presto esta afirmación de cierto libro que espero todos tengan el gusto de leer eventualmente, me refiero a La Rebelión de Atlas). Siempre habrá diferencias entre unos y otros pero considero que estas son justificadas.

Un hecho sí me parece reprochable y es que, independientemente de mi forma de pensar o de la de cualquier otro, vivimos en un país que se enorgullece de seguir un modelo determinado, a saber, el de una economía social de mercado y de la protección de derechos humanos. Si voluntariamente se asume ese sistema, entonces ver las imágenes del invierno puneño, a las que ya nos tienen acostumbrados, debería ser inconcebible. Sin duda es necesario hacer cambios que remedien esta situación si al menos como Estado queremos ser consistentes con lo que profesamos. Sin embargo, los que he leído y escuchado en planes de gobierno, entrevistas y debates, no me parecen más que artimañas populistas inviables. Sugiero empezar por cambios simples, posibles e indispensables. Si seguimos creciendo económica y socialmente quizás en diez, quince o veinte años se pueda aspirar a reformas más ambiciosas. Se preguntaran qué pasará hasta entonces y si es que sólo podemos ignorar. No, como dije la injusticia es propia de nuestra existencia pero podemos intentar solucionar lo solucionable.

Finalmente debo señalar que escribo esto basándome únicamente en intuición y en el conocimiento que puedo haber adquirido en veintiún años, quizás aún con el pesimismo de a quien le falta vivir. A pesar de ello, considero ya no tener la inocencia del inocente y siendo este el caso, no pensar me parecería improductivo y por ende despreciable. Sobre lo que he escrito, puede ser que me equivoque, por eso seguiré leyendo, pensando y discutiendo. ¿Quién sabe, puede ser que “La vida es bella”?

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