Una palabra sobre Puno

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Por: José Carlos Fernández Salas
Estudiante de Derecho en la PUCP y miembro de la asociación civil Ius et Veritas.

En todas partes se cuecen habas. En Alaska, en la zona de Bristol Bay, es en este momento temporada de salmones. Bristol Bay es una zona que se encuentra al suroeste de Anchorage, capital del estado de Alaska y abarca una vasta extensión de terreno por donde circulan las heladas aguas de  9 ríos y docenas de ríos afluentes. Ahí también se encuentra el Lago Iliamna, el más grande del estado, desde el cual en esta época suben los salmones, cuyo invariable instinto reproductivo los lleva en su última travesía hasta sus orígenes.

Pero no sólo los salmones viven en Bristol Bay. Por miles de años, los indígenas Yupik han dependido de los castores, caribúes, alces, bayas y, lógicamente, de la pesca de salmones. La economía actual de todas las villas de la zona gira alrededor de la pesca de los salmones, actividad por antonomasia de la región. Es así que el sostenimiento de la pesca en esta zona se ha dado a través de un sistema de administración y de limitación de la cantidad de salmones que se pesca para fines comerciales, de alimentación y de recreación.

¿Qué tiene en común Bristol Bay con el lejano Perú? Recientemente en la región de Bristol Bay se encontró una anomalía geológica, que podría contener el yacimiento de oro más grande del mundo y uno de los más grandes de cobre. Dos compañías transnacionales, Northern Dynasty y Anglo American han conformado el Consorcio Pebble para evaluar el potencial del proyecto. Se estima que en el subsuelo existe un aproximado de 40 millones de de toneladas de cobre, 107 millones de onzas de oro y 2.8 millones de onzas de molibdeno, todo lo cual tendría un valor del rango de 100 billones a 500 billones de dólares.

El problema es que, a pesar de que estas cifras son “un tanto superiores” a los 120 millones de dólares que mueve la industria pesquera, naturalmente, el mineral constituye un recurso no renovable cuya extracción finalizará en algún momento. Recién el año 2012 se remitirá el plan oficial a las agencias estatales de regulación estadounidenses para comenzar el proceso de autorización. Pero tanto con la permisiva administración Bush, cuanto con la algo más restrictiva administración Obama, el diseño de la operación resulta atractivo.

No necesitaría en este artículo hablar de los opositores del proyecto, los que, con o sin fundamento, temen que la mina Pebble destruya la industria pesquera de la zona. Sabemos que ellos existen, su opinión usualmente tiene los micrófonos a su disposición y tienen consigo el apoyo de las infaltables asociaciones sin fines de lucro.

En lo que sí sería interesante reparar es en un grupo distinto: en la misma región en la que se proyecta la mina Pebble, la comida y el combustible son terriblemente costosos. Y, fuera de la actividad pesquera, el empleo estable es ciertamente escaso. Y, en opinión de algunos, ha sido el Consorcio Pebble el único negocio foráneo que ha tomado interés en el bienestar de la comunidad, con lo que la recepción del proyecto no ha sido negativa en todos los sectores; todo lo contrario. También en este contexto nos encontramos con el debate entre las costumbres antiguas y las posturas sentimentales, por un lado, y la necesidad, cotidiana pero imperiosa, de realizar los pagos de las hipotecas, los gastos médicos y el deseo de mandar a los hijos a la universidad.

La mina Pebble proveerá de 2000 puestos de trabajo para la construcción y entre 800 y 1000 trabajos en la operación. El objetivo es que la mitad de los puestos sean cubiertos por personas de la zona y los alrededores de Bristol Bay. Toda esta nueva actividad traerá consigo la creación de nuevos pueblos y empresas industriales en un Estado con una actividad económica incipiente comparada con el promedio del país norteamericano.

Los lugares comunes entre Alaska y una región peruana como la de Puno no son sólo los lagos. Considero que en nuestro país al igual que en Bristol Bay es legítimo pararnos a pensar, no sólo en los que con todo derecho defienden sus costumbres y su tierra, sino también en el operario que ahora tendrá el ingreso suficiente para mandar a su hijo al Colegio San Carlos de Puno o a la Universidad Nacional del Altiplano. Tal me parece un argumento tan válido como el aumento de un par de puntos en uno de los índices de la bolsa de valores de Lima por una OPP realizada por una minera importante.

Hay el dicho popular de que “mientras Puno danza, Juliaca avanza” recordando la fiesta de la Candelaria en Puno y el afán comerciante de los juliaqueños. Y es que si el acento sólo se pone en las tradiciones y no recordamos las necesidades de la gente, quizás equivoquemos el camino al momento de optar por una solución legislativa. Como siempre, es una tarea de ponderar intereses y escuchar todas las voces y, en ese camino, quizás aprender de experiencias foráneas. Como dicen por ahí, en todas partes se cuecen habas, sólo que en el Perú se cuecen siempre.

1 Comentario

  1. No sé exactamente cómo es la realidad en Alaska, pero pareciera que la diferencia transversal entre un proyecto de tal envergadura en Bristol Bay y en Puno, son los problemas sociales que esta última ciudad está padeciendo. Recientemente estuve ahí, y si bien el paisaje natural es extraordinario, ciertamente no encontré algo más allá de eso (la ciudad no ha crecido, díficil acceso a servicios esenciales, entre otros). Por algunas conversaciones que tuve con los lugareños, me percaté que la mayor preocupación es la contaminación del lago Titicaca y de otros lagos y ríos.Con toda razón los apoyo, pues son estos una fuente de trabajo, alimentación, transporte, turismo y de belleza para la pronvicia. El miedo se origina en la inseguridad, desconfianza y desconocimeinto. Estoy de acuerdo que una forma de crecer económicamente es la minería, pero mientras los puneños se sientan olvidados y no se brinden los servicios esenciales necesarios (tarea del Estado), poco importan las grandes empresas y toda su inversión.
    Primero, debe sanarse la gran fractura que existe en la provincia, para luego recién conciliar los intereses de las grandes empresas con los habitantes de la región. Y es que no es tan cierto que, las grandes mineras solo traen beneficios a la zona en la que explotan los recursos, un tema importante es la contaminación y los puneños saben eso. Y ni hablar del tema de la minería ilegal.
    Interesante y buen artículo, siempre es bueno tener modelos a imitar o a mejorar!

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