La visión de la propiedad privada en el cine. A propósito de La Estrategia del Caracol

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Un día, mientras San Francisco viajaba por una ciudad, una persona poseída por el demonio apareció frente a él y le preguntó: «¿Cuál es el peor pecado del mundo?» San Francisco respondió que el homicidio. Pero el demonio replicó que había uno todavía peor que el homicidio. San Francisco entonces contestó: «¡Por el amor de Dios, dime qué pecado es peor que el homicidio!» Y el demonio respondió que tener cosas que pertenecen a otra persona es un pecado peor que el homicidio porque es este el que envía más gente al infierno.

San Bernardino de Siena[1]

Creo que una película puede tener una factura casi impecable y presentar errores de fondo. Eso ocurre con La estrategia del caracol (1993), en la que su director, el colombiano Sergio Cabrera, revela ingenio y pericia cinematográfica, pero a pesar de ello plantea una visión de la propiedad privada preocupante y que no es coherente con aquello que precisamente es su ideal: la justicia para los más pobres.

Aplicando el realismo mágico al cine, La estrategia del caracol combina temas de la realidad social con críticas al sistema jurídico. Es una película que fue bien acogida por la crítica y ha sido ganadora de más de treinta premios en diversos certámenes internacionales.

La película relata cómo los vecinos de un barrio pobre de Bogotá luchan para evitar el desalojo de la Casa Uribe, un predio tugurizado donde viven, que es propiedad de un millonario antipático y prepotente, que quiere recuperarla ante la falta de pago de sus ocupantes. El dueño es caricaturizado como un sujeto ambicioso y sin escrúpulos, mientras que los vecinos, que vivían gratis a costa suya, paradójicamente son las «víctimas» del aparato estatal que quiere aplicar justicia. Los inquilinos ponen en práctica una original estrategia ideada por el vecino don Jacinto: llevarse la casa a cuestas, en sentido literal, como un caracol; de allí el título de la película.

Los espectadores somos testigos de una vida comunitaria muy pintoresca, con vecinos que son cada uno más excéntrico que otro. El director y los guionistas presentan así un canto coral de personajes de diferentes clases sociales e ideas políticas, representando símbolos perfectamente replicables en cualquier otra gran ciudad.

El propietario de la Casa Uribe, el doctor Holguín, cuenta con un abogado, el doctor Mosquera, que siendo muy torpe e incapaz de hacer las cosas bien, tratará de conseguir su «infame» pretensión: recuperar lo que le pertenece. El propietario es caricaturizado como un tipo autoritario, que goza de una casa hermosa pero que jamás ha vivido en ella,  y que no la necesita para tener holgura económica.

En cambio, el doctor Romero, el abogado de «los buenos», o sea, de los ocupantes precarios, es un abogado ambulante que atiende en un kiosco en la calle, equipado de una vieja máquina de escribir y de mucha experiencia en los tribunales.

Así, la película idealiza a quienes viven gratis a expensas de otros, mientras que el propietario que defiende su derecho es caricaturizado como un villano.

Vale la pena anotar que el mundo de los negocios (y no solo la propiedad privada) suele ser objeto de manipulación caricaturesca a través del cine. Para Larry Ribstein esto es importante porque tiene un impacto potencial en las políticas públicas. Dice Ribstein que a diferencia de los textos escritos, sobre los que el lector puede reflexionar con calma, las películas se exhiben a veinticuatro cuadros por segundo, en una pantalla en un cuarto oscuro y con música dramática. Así, mientras los lectores pueden aplicar su imaginación al texto, los directores de películas manipulan lo que ven los espectadores (RIBSTEIN, Larry E. «How Movies created the Financial Crisis». Illinois Law and Economics Research Papers Series Research Paper N° LE09-029, University of Illinois College of Law, 2009).

La visión caricaturesca, y por tanto, maniquea, de la película, ocasiona que hasta el defensor más acérrimo de la propiedad privada llegue a conmoverse. Total, se trata de buenas personas desarrollando una estrategia para lograr su bienestar. Parece una gesta heroica y eso hace pensar que los derechos individuales son manipulables hasta ser distorsionados. La manipulación del director está tan bien lograda que podríamos olvidarnos de que tan ansiado bienestar se pretende alcanzar a costa de un bien ajeno.

Más allá de las simpáticas anécdotas, llama la atención que el tono y el ritmo de la película se hayan puesto tan de lado de los vecinos, que no solo incumplieron un contrato sino que además destruyeron la propiedad ajena. Es inaceptable que inquilinos de este tipo sean caracterizados como protagonistas de una desafiante epopeya y no como infractores de los derechos de otros.

A pesar de ser entonces profundamente equivocada en el fondo, La estrategia del caracol es una película optimista y con un profundo sentido del humor, que –no puede negarse– genera la complicidad del público debido a la fuerza y ganas de vivir que transmiten los simpáticos inquilinos. De hecho, el elemento alrededor del cual gira la película es la ilusión de los personajes, que permite que la trama sea verosímil pese a que la estrategia de cargar la casa en hombros es surrealista.

Decíamos al inicio que la película tenía una correcta factura, y lo señalado en los párrafos precedentes así lo evidencia (de hecho, ha ganado numerosos premios internacionales). Sin embargo, hay dos mensajes que son preocupantes.

De un lado, cada vez que aparece en la película una referencia al sistema jurídico en general y judicial en particular, el derecho se vuelve disfuncional e irrelevante, pues los «héroes» de la historia (si es que los inquilinos pueden ser llamados así) violan las normas con la misma temeridad y desapego a las formas que los villanos (si es que el propietario puede ser llamado así).

El segundo mensaje preocupante es la visión del director sobre el derecho de propiedad. Más allá de que los espectadores tengan todos los elementos para simpatizar con los inquilinos y de que ocurra precisamente lo contrario con el legítimo dueño del inmueble, que ha sido despojado de su posesión, es inaceptable que quien vive gratis a expensas del derecho de otro sea el héroe y que el villano sea quien defiende judicialmente sus intereses.

Una posición como esa pone en riesgo las instituciones legales con fondo económico que, como la propiedad privada, son una de las vías más importantes para alcanzar el desarrollo y generar posibilidades para los más pobres.

Es más, cuando a uno de los personajes de la película se le pregunta por qué ocurrió la “gesta heroica” de llevarse la casa a cuestas, respondió airadamente: «¿Para qué le sirve a usted la dignidad?», como si la propiedad y la dignidad fueran valores incompatibles.

La propiedad de unos no se gana a costa de la dignidad de otros, y viceversa. No se trata de un juego de suma cero, pues de un lado, el propietario no pierde su dignidad por defender lo que le pertenece (más bien la gana) y, del otro lado, quien no es propietario no gana dignidad por quitarle a otro lo que es suyo.

Parece que la conversación entre San Francisco y el demonio, relatada por un autor del siglo XV y que reproducimos al comienzo de esta nota, ocurrió en un lugar de Latinoamérica varios siglos después.


[1] Traducción libre de: «One day, as Saint Francis was travelling through a city, a demon-possessed person appeared in front of him and asked: “What is the worst sin in the world?” Saint Francis answered that homicide is the worst. But the demon replied that there was one sin still worse than homicide. Saint Francis then commanded: “By God’s virtue, tell me which sin is worse than homicide!” And the devil answered that having goods that belong to someone else is a sin worse than homicide because it is this sin which sends more people to hell than any other» (relato contado por San Bernardino de Siena en el Sermón XXVII de De Amore Irratio, Opera Omnia [Venecia, 1591; citado por CHAFUEN, Alejandro A. Faith and Liberty. The Economic Thought of the Late Scholastics, 2003. p31]).

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Somos abogados de la PUCP (Alfredo desde 1989 y Cecilia desde 1996). Los dos realizamos Maestrías (Alfredo en Yale y Cecilia en University of Pennsylvania). Los dos trabajamos en Estudios de Abogados (Alfredo en Bullard, Falla & Ezcurra Abogados y Cecilia en Rodrigo, Elías & Medrano Abogados). A los dos nos gusta enseñar Derecho (en la PUCP y otras Universidades). A los dos nos gusta mucho el cine. Decidimos entonces juntar el Cine, el Derecho y la Enseñanza. La idea fluyó fácilmente al confluir nuestra principal afición con nuestra actividad profesional. Pero la idea siguió avanzando. Ahora nos animamos a bloggear e interactuar con los lectores en “Ojo Derecho”. La música, el cine, la literatura y el arte en general, enriquecen la vida de quienes se interesan en ellos. El arte hace la vida más intensa y más sensible para quien lo aprecia, porque transporta al oyente, al espectador o al lector a realidades que, aunque imaginarias, nos hacen más lúcidos, más suspicaces y nos acercan más al mundo. Éste es mejor comprendido, y ojalá que mejorado, por quienes tienen la sensibilidad para entenderlo. El Derecho no tiene por qué ser ajeno a esas percepciones. El cine contribuye a entender los casos como de “carne y hueso” y simula mejor las situaciones en las que los abogados actuamos. En “Ojo Derecho” buscamos que el Cine nos ayude a entender al Derecho y que el Derecho nos ayude a entender el Cine. Finalmente, la vida y el arte tienen mucho en común.

4 Comentarios

  1. Es que el problema de su discurso es que es construirlo sobre una realidad que no es la suya. Esto no es eeuu, aquí no hubieron pioneros que adquirieron propiedad en base de esfuerzo (el cual fue a través de un genocidio de la población aborigen), sino a través de la repartición de tierras entre los conquistadores.

    El problema de su posición es creer que la asignación inicial de la propiedad no importa, cuando basta una revisión de la historia latinoamericana para darse cuenta que luego de la conquista el orden de cosas cambió y la asignación de la riqueza y la propiedad ha sido violenta y muy desigual – por un lado unas pocas familias despojaron a la propiedad comunal a millones de indígenas y asignándola a minas, generando una exclusión economica, social y hasta cultural- (el ejemplo de la distribución de la población en huancavelica es una evidencia tangible de lo ocurrido, grandes grupos humanos en zonas de minas y poco fértiles, y grandes zonas ricas en ganaderia completamente abandonadas), Otro ejemplo de esta asignación, es observar que hasta hace menos de 30 años unas cuantas familias eran propietaria de casi toda Lima ni que decir de la costa y sierra peruana, lo cual constituye no una muestra de esfuerzo sino de simple herencia de propiedad colonial, obtenida violentamente.

    En ese sentido se habla que el derecho de propiedad como el ideal abstracto de la sociedad occidental, pero no se habla de como se construyó el derecho de propiedad en el Perú y en general en Latinoamerica, siendo que tal derecho se construyó tras violar el derecho de propiedad, la cultura y en general la dignidad de otros pueblos, rezagos que hasta el día de hoy se sienten.

    Esa visión feliz del derecho de propiedad- ver lo abstracto y alegre y olvidar la historia oscura sobre la cual se construyó concretamente el derecho de propiedad occidental- no constribuye a construir un país complejo como el nuestro sino por el contrario profundiza las fracturas sociales entre los peruanos.

  2. Por fin un blog que trata el derecho desde el cine, hay tantas películas de las que se pueden dar clases magistrales!!!
    Anatomía de un asesinato nos parece muy recomendable desde el punto de vista en el que nada es lo que parece y nada hay que dar por sentado.

  3. Que interesante entrada. En mi opinión, lo que representa la pelicula es la idea de muchas personas que pretenden las cosas faciles, arrebatandole lo suyo a otros, y poniendo como justificacion su estatus economico( incluso hay quienes se victimizan al nacer pobres). El dueño del edificio tiene todo el derecho de recuperar lo suyo, tanto como las familias que habitaban su propiedad de acceder a programas de estado que les facilite un acceso a una vivienda digna. Si el estado no cumple ese rol tan importante, entonces nacen los conflictos como el de la pelicula; bien podrian los inquilinos asociarse y proponerle un negocio al propietario (o viceversa) en lugar de pretender apropiarse de algo ajeno, alli vemos el facilismo con el que muchos actuan; y como usted resalta, la preocupante vision que se tiene en la pelicula respecto al derecho de propiedad. Si arrebatarle algo a alguien seria tan facil, entonces no existe respeto a las leyes, finalmente yo imagino el final con el desalojo de los precarios, sumado a una batalla campal, mismo La Parada de Villaran.

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