Por Enrique Sotomayor, abogado por la PUCP y Adjunto de Docencia de los cursos de Seminario de Teoría General del Derecho y Seminario de Derecho Constitucional en la PUCP.

En el conocido ensayo Tû-Tû de 1951, Alf Ross propone la tesis de que los conceptos jurídicos son una instancia de Tû-Tûs, es decir, de conceptos sin referencia semántica. Esta tesis se sustenta en lo siguiente: un enunciado afirmativo en el que se hace referencia a un tû-tû –por ejemplo, el derecho de propiedad- no tiene en realidad una referencia unívoca. Más bien, puede hacer referencia a dos situaciones: (a) a un estado de cosas que consiste en una conjunción o disyunción de distintas situaciones, del tipo “quien adquiere un predio de quien figura en registros públicos como propietario, y paga un precio por dicho predio, se convierte en propietario del mismo”; o (b) a un estado de cosas que consiste en una consecuencia atribuida al sujeto propietario, del tipo “todo propietario tiene derecho a enajenar el predio de su propiedad”.

Ahora bien, a pesar de que los conceptos tû-tû carecen de referencia semántica (y no puedo entrar aquí en una reconstrucción detallada del argumento de Ross), estos resultan bastante útiles para la sistematización y simplificación de sistemas jurídicos. Así, en lugar de enlazar cada una de las situaciones que originan el estatus jurídico de propiedad con las consecuencias atribuidas por el ordenamiento jurídico a los propietarios, usamos dicho concepto –el de propiedad- como un enlace o concepto intermediario, con lo cual se simplifica la comprensión de los sistemas jurídicos. Esta tesis –llamémosla, la de la utilidad práctica de los conceptos tû-tû- ha sido complementada por autores como Brozek, quien sostiene que dichos conceptos aportan coherencia a un conjunto dado de proposiciones. Por otra parte, dicho autor sostiene que los conceptos tû-tû cumplen un rol heurístico, y pueden ayudar a incrementar la complejidad de los sistemas jurídicos.

Este breve comentario sólo pretende agregar una ventaja más al inventario de beneficios de los conceptos tû-tû, pues como se habrá notado, no pretendo discutir la plausibilidad o consistencia del argumento de Ross ni de los agregados de Brozek. Más bien, asumiendo que el argumento de Ross es correcto, podemos plantear los siguientes casos:

Caso 1: Un sistema jurídico N atribuye el conjunto de consecuencias jurídicas S, en un tiempo T1, a aquellos sujetos (seres humanos, plantas, animales, robots, etc.) calificados como “sujetos de derecho”. El conjunto de supuestos de hecho de la calificación de “sujeto de derecho” se puede engrosar o disminuir en un tiempo T2…Tn, pero siempre las consecuencias jurídicas de poseer el estatus de “sujeto de derecho” son las mismas, salvo que el conjunto de consecuencias jurídicas cambie.

Caso 2: El sistema jurídico N atribuye el conjunto de consecuencias jurídicas S, en un tiempo T1 a los seres humanos. Por una decisión deliberada del legislador, esta lista de consecuencias jurídicas es la misma que la que se atribuye a los primates superiores. Sin embargo, en dicho sistema jurídico no existe el concepto de “sujeto de derecho”, por lo que surge la discusión sobre si de producirse una modificación en el conjunto de consecuencias jurídicas S respecto de los seres humanos, dicha modificación también debe producirse en el caso de los primates superiores.

Como se ve, el caso 1 presenta un sistema jurídico que opera mediante conceptos intermediarios o tû-tûs, mientras que el caso 2 enlaza directamente supuestos de hecho individuales con consecuencias jurídicas individuales. La utilidad de los conceptos intermediarios, en este caso, consiste en que una vez que se otorga el estatus jurídico de “sujeto de derecho” a los primates superiores, entonces cualquier modificación sobre el conjunto de consecuencias jurídicas atribuidas a los sujetos que detentan dicho estatus, se extiende a todos los miembros del grupo integrante por igual (en este caso seres humanos y primates superiores), salvo que exista una exclusión expresa. En el caso 2, en cambio, se requieren cambios constantes en las relaciones entre supuestos de hecho y consecuencias jurídicas individuales, pues los conceptos intermediarios no tienen lugar.

Una consecuencias jurídico-política interesante de este análisis, consiste en que las luchas sociales por otorgar el mismo estatus jurídico a miembros de grupos excluidos (pensemos, por ejemplo, en el caso de las personas homosexuales respecto del matrimonio) no sólo presentan una faceta de lucha por el reconocimiento, sino otra de asimilación al mismo concepto intermediario, y el acceso –con ello- a todas las consecuencias jurídicas que de dicho concepto se derivan. Este no es el caso cuando se emplean nuevos conceptos ad hoc (unión civil) o simplemente se comienzan a otorgar las mismas consecuencias jurídicas, pero sin emplear el concepto intermediario que conforma un conjunto positivo-dogmático. En conclusión, parece que la tesis de la utilidad práctica de los conceptos intermediarios en el derecho tiene aún mucho para dar.

Referencias

Ross, A. ([1951] 1976). Tû-Tû, tr. de Genaro Carrió. Buenos Aires: Abeledo Perrot.

Brozek, B. (2015). On tû-tû, En: Revus, Revija za ustavno teorijo in filozofijo prava. Disponible en: https://revus.revues.org/3426

 

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