El matrimonio homosexual ya es una realidad

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A través de sus vidas los seres humanos realizan una serie de actos por costumbre.  Comprar regalos en navidad, ir a fiestas de carnavales, contraer matrimonio, y bautizar a los hijos son buenos ejemplos de ello.  En rigor, estos actos no son obligatorios puesto que su incumplimiento no se sanciona formalmente.  Por eso, si un adolescente omite ir a su fiesta de promoción nadie lo multará o lo meterá preso; lo único que podrían hacerle es extrañarse y fastidiarlo un poco.  Es más, la mayor parte de estas tradiciones no se regulan ni se ordenan en las normas legales.  Desde tiempos arcaicos, los seres humanos se han casado en ceremonias privadas o religiosas de diversa índole.  Sin embargo, el matrimonio civil, en cambio, se introduce por primera vez a fines del siglo XIX  con varios milenios de retraso.

Estas costumbres, como ha quedado claro, son frutos de la cultura y de la acción humana.  El estado no las crea y normalmente no las menciona.  Sin embargo cuando éstas sí están reguladas lo que se hace es delimitar los contenidos de algo preexistente.  La propiedad, el divorcio y la adopción aparecen en el Código Civil pero no fueron inventadas ni por juristas ni por legisladores.

Es importante tomar en cuenta, además, que estos usos y costumbres cambian con el tiempo.  Hace 50 o 60 años una mujer joven que saliera de su casa a altas horas de la noche hubiera tenido “dudosa reputación”; hoy, en cambio, hacerlo es perfectamente normal.  Antes, hubiera sido perfectamente aceptable que un caballero consuma opio en una reunión. Hoy hacerlo generaría escándalo.

Hoy en día uno de estos cambios genera más división y polémica que los demás.  Hasta hace poco, la homosexualidad era algo que se consideraba vergonzoso y que se mantenía en reserva.  Pocas personas se identificaban a sí mismas como gays o lesbianas a pesar de que la homosexualidad es un fenómeno muy antiguo y que tiene amplio reconocimiento en la cultura occidental.  Hasta hoy se discrimina a los homosexuales y, en muchos lugares, se les reprime con la violencia. Sin embargo, cada vez más y más personas están encontrando el coraje de hacer pública su verdadera identidad sexual.  Ahora muchos homosexuales encuentran un lugar en la sociedad como tales y se relacionan, sin problemas, con los heterosexuales.  Para muchos la identidad gay ha dejado de ser vergonzosa para convertirse en una fuente de orgullo.

Es en ese contexto que se plantea el interrogante de si debería permitirse o no el matrimonio gay.  A diferentes personas en distintos lugares esa posibilidad les parece inaceptable o antinatural.  El Estado debería, argumentan, promover iniciativas que prohíban las uniones entre homosexuales.  Por otro lado, los “progresistas” sostienen la tesis contraria.  Para ellos el gobierno debería otorgarles reconocimiento a los homosexuales a través de leyes que les faculten para casarse o para celebrar uniones civiles.  En este debate, los de uno y otro bando parten, en el fondo, de la misma premisa: la controversia decisiva debería resolverse por el estado y a través de herramientas jurídicas.

Sin embargo, ese punto de vista es inexacto porque confunde lo accesorio con lo principal.  En el mundo occidental los homosexuales ya no tienen miedo de declararse como tales y cada vez es menos frecuente que se les maltrate o que se les golpee.  Estos importantes cambios son el resultado de la acción humana y de los esfuerzos de las miles de personas que combaten la discriminación y la violencia desde la sociedad civil.  Si el estado le concediese a los homosexuales la facultad de casarse, en rigor, no se estaría haciendo nada más que ratificar un derecho adquirido.  El matrimonio homosexual, como el matrimonio civil, sería un saludo a la bandera y llegaría con retraso.

4 Comentarios

  1. Compañero Ghersi
    Luego de leer el artículo “El matrimonio homosexual ya es una realidad” no pude dejar de sorprenderme por tu optimismo. Con una lectura distraída, cualquiera podría creer que eres un ferviente defensor de los derechos de los homosexuales y de las reales libertades de los individuos y los grupos (no esas cosas de libre mercado, falsa libertad de prensa y falso activismo político que tanta gente confunde con la real idea de libertad). Tal vez, sí seas un ferviente defensor de los derechos de los homosexuales, de la interculturalidad, el pluralismo, la igualdad de género (todo eso se nota en la manera en que empezaste tu artículo; quedé asombrada como lograste reducir la idea de costumbre, ritos y construcción social a la navidad, el matrimonio, el bautizo… o la fiesta de promoción, tan difundida por todos los rincones del mundo) y yo esté muy equivocada. Por supuesto, eres un buen (neo) liberal, y eso se nota en lo escrito… Mis respetos. Pero creo que no has sabido interpretar bien los avances en materia jurídica relacionados a los derechos de los homosexuales y no está de más unas acotaciones. El mundo no está listo para que suene Village People por doquier, compañero Ghersi. No sé si te has percatado…
    Por supuesto, no se puede negar un avance notable en lo que respecta a la relación legislación/homosexualidad desde el año 2000 en un pequeño puñado de países y otro pequeño puñado estados, (como el caso del D.F. en México) con alto PBI, Occidentales y altas cuotas de participación ciudadana activas. Sería injusto no reconocer los esfuerzos políticos y ciudadanos que conquistaron esos logros y los seguirán conquistando. Pero créeme que no solo en esos países hay homosexuales y no solo en esos países debe existir la libertad. Puede que no hayas leído o interpretado bien las cifras sobre violencia contra grupos LGTBI, penalización jurídica de la homosexualidad, insultos por parte de famosas y twitteras autoridades religiosas, violaciones correctivas, suicidio en adolescentes homosexuales, campañas contra el matrimonio homosexual (promovidas tanto por grupos económicos como por grupos de religiosos, ambos fundamentalistas, por supuesto), bullying, acoso, discriminación laboral, publicidad y programas plagados de estereotipos, y un largo etcétera que padecen los homosexuales de todo el globo. En Sudáfrica este año se ha tenido que crear una comisión para revisar crímenes con raíz en la homofobia; en USA y Canadá, la campaña “It gets better” (en la que incluso participó Susana Villarán, ¿por cierto, eres anti revocatoria, verdad compañero Gershi?) trata de apoyar a los adolescentes homosexuales para que no cometan suicidio; en Chile, se tuvo que esperar la masacre de un joven homosexual de clase media para sacar una ley anti odio para con los homosexuales. Incluso en países como España, Noruega, Suecia, Canadá, Bélgica, Portugal y Holanda, los cuales presentan las mejores políticas jurídicas y sociales de apoyo y reivindicación para con las personas homosexuales la violencia psicológica, física y emocional contra estas personas (mis colegas del gremio, se tengo que especificar) es terrible. Sin ir muy lejos, en el país en el que vives (Perú, que le dicen) el acoso en los colegios, la violencia de los serenos contra las personas travestis y transexuales. RUNA es una institución que trabaja con ellos. Tal vez podrías visitar su página web.
    Las generalizaciones son peligrosas compañero Ghersi. El matrimonio homosexualidad no es LA realidad, es una parte de ella, parcial, frágil y conquistada con esfuerzo. Déjame decirte que tu optimismo se desbarataría con solo decir en ciertas zonas de Lima que eres gay. Darle la mano a tu pareja en tu reunión de Themis, o en Vivanda, o en la Catedral, o en el mercado, etc. Los occidentales de clase media y de clase alta con frecuencia tienden a extrapolar su realidad y sus patrones conductuales y culturales por todos lados, sin detenerse a reflexionar sobre los matices y diferencias que pueden darse sobre un tema en otras sociedades. Así como las diferencias de género para la vida cotidiana, las oportunidades laborales y de realización familiar/personal no han sido superadas del todo (a menos que seas funcionalista, en tal caso eso no será una preocupación) la realidad del matrimonio homosexual está mucho más cerca a la perspectiva de Bourdieu de los campos de lucha y fuerza: luchas por la significación de las categorías objetivas que constituyen la realidad social. ¿Qué quiere decir eso? Pues, simplemente, que el hecho de que haya matrimonio homosexual en algunos países del mundo (y eso no quita que podamos alegrarnos por ello) no significa que los homosexuales estemos libres, seguros, felices y con las mismas oportunidades, deberes y derechos que los heterosexuales. Eso sería un poco tonto de afirmar, ¿verdad? Casi tanto como decir que el Perú Avanza con sus cifras macro en azul y todas las relaciones/conflictos sociales en rojo.
    PD: que bueno que de las canteras de la derecha salga un atisbo de apoyo a los derechos homosexuales. Se podría decir qué es un avance.
    PD2: lastima tan pocos comentarios.

  2. Opino:

    La homosexualidad – y te doy la razón en ello – no es una novedad propia del postmodernismo, sino que, – en algunos casos – es inherente a un ser humano, y/o generativo y recreativo – en otros-. Sin embargo, no me parece un tema a tratar con demasiada laxitud, menos aun, si hablamos de la posibilidad de que una pareja de homosexuales acceda al derecho al cual haces referencia.

    Creo yo – desde mi humilde perspectiva – en los derechos inherentes de las personas, los cuales deben ser respetados sin discriminación alguna; también creo en los derechos adquiridos por tradición, y hago una referencia especial al sentido común.

    Un ser humano, en tanto persona o potencia, debe ser respetado en todo cuanto le favorece como tal. Visto de esta manera, dicho contrato cvil homosexual, debería incluso ser constitucional. Pero no lo es.

    Actualmente – y aun por un extenso periodo de tiempo – el Perú, como sociedad no se encuentra educado, ergo, predispuesto, a aceptar a un homosexual, ni siquiera soltero. No hago referencias a los pequeños espacios liberales y abiertos, sino a la sociedad como conjunto, la misma que no está preparada para aceptar dicho cambio.

    Desde una perspectiva un poco más hermética, el 60% – más o menos – de escuelas en el Perú, son de corte cristiano-católico. Y bien sabido que la Iglesia Católica no ampliará el sentido del “MATRIMONO” (entiéndase como un sacramento). Por tanto, una atrevida predicción es que un gran porcentaje de escuelas harían de dicho “buling” una formalidad justificada en patrones dogmáticos.

    Lamento la brevedad del comentario.

    Muchas gracias.

  3. El artículo tiene una pretensión clara (y que comparto en cuanto a lo que se pretende concluir), sin embargo, estoy de acuerdo con lo sostenido por la Srta. Alba Paula Agüero. Suscribo sus comentarios al respecto. De todas formas, ojalá el tema de la homosexualidad deje ser un tema de posiciones tan contrapuesta y que todavía existen en la sociedad. Hay que aceptar y promover la igualdad hasta el día en que ya no sea motivo de cuestionamiento el porqué tienen derecho COMO CUALQUIER PERSONA a contraer matrimonio, unirse y formar una familia. Probablemente, más dificil de aceptar actualmente sea la adopción pues la sociedad no está preparada para esto y pensando en los prejuicios (que un adulto podría sobrellevar pero un menor no) a los menores en cuanto a su desenvolvimiento en un ambiente sano y sin discriminación u objetos de burlas.

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