Por: Astridt Chuy, miembro del consejo editorial de Enfoque Derecho y estudiante de Derecho en la PUCP .

El pasado miércoles 26 de julio del presente año, el Pleno del Congreso decidió elegir a Luis Galarreta Velarde, partidario de la bancada de Fuerza Popular, como el nuevo presidente de la Mesa Directiva del Congreso para el periodo 2017-2018. Asimismo, los congresistas Mario Mantilla (Fuerza Popular), Richard Acuña (Alianza para el Progreso) y Mauricio Mulder (Partido Aprista Peruano) fueron electos para asumir la primera, segunda y tercera vicepresidencias, respectivamente. Esta lista encabezada por Galarreta se impuso con 84 votos a favor frente a la lista liderada por Hernando Cevallos, miembro del Frente Amplio, quien obtuvo solo 11 votos[1].

La designación del congresista fujimorista como el nuevo presidente del Congreso no solo evidenció una de las ventajas de contar con una mayoría parlamentaria, sino que también ha generado múltiples comentarios e interrogantes en la población, sobre todo referentes a cómo se desarrollará la relación entre el Ejecutivo y Legislativo después de esta elección.

Sin duda, una mayoría parlamentaria en manos del fujimorismo convirtió al primer año de Gobierno del actual presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, en una pugna constante entre estos dos poderes del Estado, la cual se manifestó desde el pedido de facultades legislativas en setiembre del año pasado hasta la interpelación de tres ministros.

De esta manera, este segundo año de gobierno no solo iniciará con una mayoría opositora en el Parlamento, sino que nuevamente tendrá como presidente del Congreso a un miembro de esta mayoría. La preocupación por saber qué sucederá entre estos dos poderes nos conlleva a analizar cuáles son las funciones de este cargo y el porqué de su relevancia para mantener una relación equilibrada entre el Gobierno y el Parlamento.

El artículo 32 del Reglamento del Congreso de la República establece una serie de funciones y atribuciones entre las cuales cabe destacar alguna de ellas. En primer lugar, Luis Galarreta tiene las funciones de representar al Congreso; proteger los derechos y atribuciones de los congresistas y diversos grupos parlamentarios; facilitar los acuerdos; y respetar y hacer que se respete la organización del Congreso como una entidad dialogante y deliberante. En segundo lugar, este puede exigir u ordenar a los órganos del Gobierno y de la Administración en general que respondan los pedidos de información remitidos por los congresistas. Finalmente, una disposición normativa abierta le otorga al presidente del Congreso las demás funciones que le encarguen el Pleno o el mismo Reglamento.

Estas competencias y atribuciones que recaen sobre el congresista fujimorista conllevan una gran responsabilidad y le otorgan la dirección de uno de los órganos de representación política más importantes para construir un Estado Constitucional de Derecho; puesto que, no solo representa a los 130 congresistas sino también a cada uno de los ciudadanos peruanos. Asimismo, el rol conciliador que deberá adoptar para guiar hacia consensos en el mismo Congreso, proteger a sus miembros y promover el diálogo con el Ejecutivo requerirá de un presidente del Parlamento capaz de desvestirse de cualquier interés que obstruya un debate constructivo.

Por otro lado, el poder dirigir los pedidos de información al Gobierno u otras entidades, o el tener la posibilidad de que se le confieran otras atribuciones no deben ser utilizados para construir una oposición irracional y desmedida, sino una vigilante y razonable. Si bien el artículo 102 numeral 2 de la Constitución Política del Perú le permite al Congreso ejercer un control político preventivo, funcional y represivo ante arbitrariedades o falencias del Poder Ejecutivo[2], este mecanismo de control debe ser ejercido en base a la protección de los derechos de los ciudadanos y no a intereses políticos o privados.

En consecuencia, una mayoría fujimorista en el Parlamento capaz de tomar decisiones por sí sola y un representante del Congreso integrante de aquel partido político podrían constituir un grave peligro si es que el actual presidente del Congreso usa su poder y atribuciones para fines distintos a los planteados en el Reglamento. Por ello, tal como mencionó Galarreta en su primer discurso como presidente de la organización parlamentaria, esperamos que se mantengan las relaciones con el Ejecutivo en el nivel que corresponde a dos poderes de Estado: democrático, institucional y cordial[3].

Es así que, frente al viejo esquema de la soberanía parlamentaria, es necesario construir una relación de partnership[4]; es decir, de cooperación entre el Congreso y el Gobierno, ya que, al fin y al cabo, ambos poderes del Estado tienen como fin supremo la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad. Así, más allá de las ideologías o partidos políticos, todos los peruanos deseamos una verdadera representación política de aquellos y aquellas que fueron elegidos y elegidas como guardianes del interés público.

En este nuevo periodo de gobierno se debe luchar por la implementación de un modelo colaborativo en el que el Congreso, liderado por Luis Galarreta, sea vigilante, pero a la vez, dialogante y respetuoso no solo del Poder Ejecutivo, sino también de las minorías parlamentarias. Solo así se logrará fortalecer nuestra frágil democracia y luchar contra los males que la aquejan.


[1] http://larepublica.pe/politica/1066379-luis-galarreta-el-segundo-fujimorista-en-dirigir-el-congreso

[2] Landa, César. “El control parlamentario en la Constitución Política del Perú de 1993: Balance y perspectiva. En Pensamiento Constitucional. N° 10, MDC-PUCP. 2004, p. 12

[3] http://elcomercio.pe/politica/luis-galarreta-primer-discurso-presidente-congreso-frases-noticia-445356

[4] Pau i Vall, Francesc. El parlamento en el siglo XXI. Madrid: Editorial Tecnos. 2002, p.22

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