Por Daichi Yano, estudiante de Derecho de la Universidad del Pacífico

Los peruanos rendimos homenaje a tres símbolos patrios: la bandera, el escudo y el himno nacional. Estos tres han sufrido cambios y modificaciones desde su creación. Nuestro himno nacional consta del coro junto con una estrofa designada para los eventos oficiales y públicos, tema que regula el Congreso. Entre los símbolos patrios, el himno ha sido el único en sufrir modificaciones recientes, en particular en cuanto a la estrofa que cantamos en los eventos oficiales y públicos.

En efecto, en 2005, el Tribunal Constitucional decidió (Exp. N.º 0044-2004-AI/TC) que la primera estrofa tradicional del himno, aquella que empezaba con “largo tiempo”, era apócrifa. A raíz de esta determinación, el Congreso se encargó de remplazarla por otra, que incluía la frase “renovemos el gran juramento que rendimos al dios de Jacob”. Esta modificación es importante puesto que, consideramos, coloca a nuestro himno en conflicto con el principio de laicidad del Estado, que protege la libertad de culto de quienes no profesan la fe cristiana. Esto nos plantea la pregunta, entonces, de si debemos o no cambiar (nuevamente) nuestro himno, en atención a una aparente inconstitucionalidad.

La historia de la modificación de nuestro himno es peculiar. El 29 de septiembre del 2004, 34 congresistas interpusieron una demanda de inconstitucionalidad en contra del artículo 4 de la Ley N° 1801, que contiene la letra de nuestro himno nacional, incluyendo la primera estrofa, que fue calificada por los demandantes como apócrifa y que contenía, a su entender, frases que agraviaban la dignidad de la persona humana de los peruanos.

El Tribunal Constitucional declaró fundada en parte la demanda, señalando que la primera estrofa era efectivamente apócrifa; sin embargo, consideró constitucional el texto mismo de la obra señalando que “una composición poético musical, cuyo sentido es de honra a los héroes y sucesos históricos, (…) no adopta un contenido normativo de carácter abstracto que obligue a su realización por el colectivo, ya que no va más allá del significado filosófico, histórico y patriótico de sus estrofas.”[1] Esto significa, entonces, que evocar la situación de esclavitud y sufrimiento de los peruanos por una cuestión de estilo y sentido poético, no es suficiente para considerar que existe una afrenta a la dignidad de la persona. De hecho, la misma naturaleza apócrifa de la estrofa demostraría que, en vez de ofender, gustó a la población, ya que fue por voluntad del pueblo que se volvió parte del himno. El Tribunal, entonces,  declaró que no le correspondía determinar qué estrofas se entonaban en los eventos oficiales y públicos, derivando este deber al Congreso.

Con este trasfondo, en agosto de 2010, el Ministerio de Educación emitió la Resolución Ministerial 0244-2010-ED, determinando que en eventos oficiales y públicos se cantarían el coro y la sexta estrofa de nuestro himno nacional, es decir, aquella que hace mención expresa al “dios de Jacob”. No obstante, de acuerdo con el congresista Yonhy Lescano, esta determinación no corresponde a un ministerio, sino al Poder Legislativo, por lo que, a la fecha, se encuentra en el Congreso el proyecto de ley N.º 2021/2012-CR[2] para modificar la Ley N.º 1801, dando cumplimiento a la sentencia 0044-2004-AI/TC, antes mencionada. Este proyecto permanece hasta el día de hoy sin ser debatido ni aprobado.

La específica mención al dios de Jacob de esta estrofa genera pues consecuencias jurídicas relevantes. Si bien la mayoría de peruanos profesan la religión cristiana, existe un número minoritario de peruanos que no lo hacen o, incluso otros que, siendo cristianos, no se sentirán conformes rindiendo este juramento cada vez que canten el himno nacional.

Nuestra Constitución ampara la libertad de culto en el artículo 2.3. Este artículo protege a los peruanos de toda persecución por motivos de ideas o creencias, señalando además que no existe delito de opinión. Como señala Marcial Rubio, los alcances de este artículo son que “La libertad de conciencia se extiende a lo largo del tiempo. Se forma a lo largo de la vida con la característica de que no hayan intromisiones en tal proceso, intromisiones como la imposición de ideologías, etc. La conciencia puede ser manipulada, ya sea a través de violencia física, psicológica o espiritual. Por ende, la libertad de conciencia exige que cada uno pueda tener conciencia de sí, sin manipulación ni injerencia externa”. (Rubio Correa, 2013, pp. 198-200). Así, tal como señala Marcial Rubio, el propio Tribunal Constitucional ha señalado que “la libertad de conciencia excluye la imposición de ideas o valores en las personas, aun los de aquellos que sean mayoritariamente aceptados en el grupo social: la persona siempre tiene el derecho de discrepar, de ser y pensar distinto que los demás, porque vivimos en una sociedad democrática en la que la pluralidad de ideas no solo es un prerrequisito sino, inclusive, un valor en sí mismo.” (Rubio Correa, 2013, p. 201) . Obligar a una persona a cantar un juramento religioso que no comparte es una imposición en sus ideas y, por ende, viola este estándar.

Hay quienes dirán que la estrofa no vulnera la libertad de credo porque al igual que lo que sucedía con la primera estrofa y la dignidad del ser humano, el himno no obliga realmente a quien lo canta a hacer el juramento en cuestión; es decir, ese juramento no tiene “un contenido normativo de carácter abstracto que obligue a su realización”.[3]

Esta interpretación, sin embargo, incurre en un error sustancial, pues existe una clara distinción entre una mención abstracta a los efectos de la mención a la esclavitud en la dignidad de los peruanos y la afectación directa y específica de su libertad de culto y conciencia.

En efecto, si bien es cierto que el himno no obliga a nadie a rendir un juramento al dios de Jacob, de la misma forma que no obliga a nadie a sentir humillada a su cerviz, también es cierto que no sentir malestar por la letra de una canción no es un bien jurídico protegido mientras que no se nos viole la libertad de conciencia sí lo es. Es decir, en esta estrofa sí se obliga a una persona a hacer algo que la Constitución le garantiza no tener que hacer, incluso si es que el juramento no va en serio. En otras palabras, mientras los peruanos no tenemos un derecho fundamental a no sentir que nuestra historia no nos gusta, sí tenemos un derecho a la libertad de religión y de conciencia.

Para poder determinar la constitucionalidad de la sexta estrofa debido a la específica mención del dios de Jacob en el himno cuando la entonamos. Primero deberíamos identificar el medio; es decir, la específica mención del dios de Jacob en el himno. El fin que se pretende cumplir; creo yo, es el de reconocer a las religiones a las cuales se le atribuye el dios de Jacob como parte de la cultura de nuestra patria. Contrastando este fin con el principio de laicidad del estado, considerando que el derecho a la libertad de religión y conciencia es un derecho fundamental que no debería ser afectado por algo que no es un bien jurídicamente protegido o un derecho fundamental, el fin de esta mención al dios de Jacob sería ilegítimo, por lo que no habría que continuar con el los posteriores análisis para poder determinar si viola la libertad de religión y conciencia, puesto que si lo hace y se consideraría como inconstitucional al atentar contra un derecho fundamental que se encuentra en el máximo nivel del ordenamiento jurídico.

Habiendo concluido que la sexta estrofa del himno viola la libertad de conciencia de los peruanos, es importante plantear remedios que nos provean una solución, Así, se podría considerar inconstitucional esa estrofa del himno y hacer un intento por cambiar la letra; sin embargo, la Ley N°1801, que le da intangibilidad a la letra del himno nacional, está vigente, por lo que una solución a este tema podría ser demandar su inconstitucionalidad o derogarla para poder realizar cambios a la letra del himno por vía legislativa. Esta solución, sin embargo, es bastante ambiciosa desde una perspectiva política.

Una opción menos dramática sería interponer una acción popular contra la Resolución Ministerial No. 0244 para declarar inconstitucional el hecho que se pueda escoger esa estrofa, ya que esta resolución ministerial es la que señala que se debe cantar la estrofa que atenta contra nuestra libertad de culto. Con esto, el Congreso tendría que cambiar las estrofas que recitamos en los eventos oficiales y públicos a través de una modificación al proyecto de ley N.º 2021/2012-CR o proponiendo otro proyecto de ley con el mismo objetivo.

En cuanto a la resolución del caso, se presenta un peligro potencial en cuanto a la decisión que pueda tomar el Tribunal Constitucional. Previas resoluciones similares sobre la protección al derecho de la libertad de religión y conciencia[4] han sido declaradas improcedentes argumentando que la religión católica es parte de la historia y cultura de nuestro país y que como parte de estos, es inevitable su presencia en la vida cotidiana. Sugiere también que solo se pueda garantizar el pluralismo en el marco del principio de tolerancia, para que de esta manera se pueda asegurar la convivencia sin tener que llegar al extremo de negar nuestra tradición y nuestra historia.

Dicho esto, el Tribunal Constitucional también hace una referencia a casos que, resumiendo el propósito por los cuales elaboran los supuestos, establecen que si se aceptara fallar a favor del derecho de religión de los demandantes, como precedente, muchos podrían pedir que se retiren los símbolos que no les gustan porque va en contra de este derecho. Señalado lo expuesto por el Tribunal Constitucional, el argumento de tratar de garantizar la pluralidad a costo de la libertad de conciencia de otras personas no me parece correcto. Y en efecto me parece que la religión católica forma y sigue siendo parte de la historia y cultura de nuestro país, pero en este caso la mención de un juramento, que puede ser de índole poético, vulnera nuestro derecho a la libertad de religión y conciencia.

El himno nacional es un símbolo patrio que nos debe representar a todos y como tal poder ser cantado por todos con toda libertad; sin embargo, tal como se muestra y lo entonamos hoy en día representa una mayoría que se defiende tras el argumento de la tolerancia, tolerancia a la mayoría, que las minorías tienen que soportar cuando se les pide respetar derechos de los demás cuando no son respetados los suyos.


[1] STC Exp. N.º 0044-2004-AI/TC

[2] Proyecto de ley N.º 2021/2012-CR

[3] STC Exp. N.º 0044-2004-AI/TC

[4] STC Exp. N.° 06111-2009-PA/TC

1 Comentario

  1. Muy interesante el artículo. Realmente nos mucho qué pensar respecto a nuestro aclamado “hermoso” himno.

    Buen artículo, compatriota Yano.

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