Por Gabriella Wong, Analista de Behavioral Insights en Políticas Públicas de PsychoLAWgy y Asistente de Investigación en Innovations for Poverty Action (IPA).

En el mes de marzo, el Perú se vio inmerso en un caos en torno al agua. Por un lado, las intensas lluvias ocasionaron el desecandenamiento de huaicos, afectando en mayor parte a la zona norte del país; y del otro lado, hubo una restricción del recurso hídrico como parte del programa de mantenimiento de Sedapal para abastecer a la capital. Entre la abundancia, desastre, y escasez, el gobierno se encuentra promoviendo diversas campañas de apoyo para mejorar la administración de este recurso, así como otros relacionados a la continuidad de la educación y la prevención de enfermedades en el corto y mediano plazo. En este contexto, conviene reflexionar qué puede aprender el policy maker de las ciencias del comportamiento.

La economía del comportamiento plantea alternativas innovadoras de bajo costo, que no requieren millonarias reformas legislativas y permiten obtener resultados positivos en la toma de decisiones de los ciudadanos. Precisamente la innovación proviene de entender el proceso de toma de decisión del usuario, filtrando los cuello de botella que dificultan que tomen mejores decisiones. Contraria a la economía clásica, ésta parte de la base de un ser que toma decisiones de manera automática y no deliberada, haciendo que sus elecciones no siempre sean para su bien. En tal sentido, la ciencia del comportamiento parte de supuestos más realistas incorporando el comportamiento humano.

A continuación presento dos ideas con distintos mecanismos comportamentales pensados para tomar mejores decisiones en el corto y largo plazo, las cuales llegan a ser de interés nacional ante la llegada de un desastre natural.

Salud: mensajería de texto para la prevención contra el dengue en las zonas afectadas de un desastre natural

Un punto importante a corto plazo, luego de un desastre natural como el huaico, son los efectos secundarios sanitarios que conlleva. Con esto en mente, el dengue es una enfermedad de rápida expansión cuya infección se ha esparcido rápidamente en Latinoamérica en los últimos veinte años. La pregunta es, entonces, ¿cuál puede ser un mecanismo efectivo para que los peruanos puedan prevenir la enfermedad, justamente cuando existe alta incidencia de contraerla?

En el 2009, Dammert y coautores examinaron la efectividad de utilizar la tecnología móvil para mejorar la salud en los hogares donde existía incidencia de dengue. Para ello, 2,000 hogares en el norte del Perú participaron en una evaluación que consistía en recibir mensajes personalizados con el fin de incrementar medidas sanitarias contra el dengue. Los hogares en el grupo de beneficiarios recibieron alrededor de 30 mensajes personalizados por tres meses, recibiendo información sobre cómo combatir el dengue (tapar el agua que será de consumo personal, utilizar nets contra mosquitos, limpiar los envases a utilizar para depositar agua, entre otros). Los resultados sugieren que dicha campaña, al ser comparados con el grupo que no recibió ninguna intervención, ayudó a incrementar en 3.3 puntos porcentuales la probabilidad de cubrir los reservorios de agua para consumo humano, aumentó en 8.4 puntos porcentuales la probabilidad de limpiar los reservorios y en 4.5 utilizar nets contra mosquitos.

Adicionalmente, se encontró que ciertos mensajes de texto tenían mayor intensidad en mejorar el comportamiento de los ciudadanos, y estos fueron los que hacían sobresalientes los costos asociados a no realizar cierta recomendación de salud. Por ejemplo, “obtendrás dengue en casa si no cubres el agua que usarás para consumo personal” fue un mensaje más persuasivo que uno con un contexto positivo (“usa nets para prevenir el dengue en casa. Así, no gastarás dinero en tratamiento”). La teoría detrás es explicada por Tversky y Kahneman, quienes indican que los seres humanos otorgan mayor valor a las pérdidas que a las ganancias, así como que son influenciados en mayor medida por el contexto y anclas. En tal sentido, los usuarios que estuvieron en el grupo de mensajería sobresaliendo los futuros costos incurridos por el dengue fueron los que mayor probabilidad tuvieron de mejorar su comportamiento.

Medio ambiente: normas sociales para disminuir el consumo de agua

Según la Organización Mundial de Salud (OMS), un ciudadano debería utilizar como máximo 100 litros de agua al día. No obstante, de acuerdo a los datos publicados por la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (SUNASS), en febrero se consumieron 447.7 litros por día en San Isidro; mientras que en Lurigancho-Chosica solo se utilizaron 15.2 litros en el mismo período. Ante ello, es de alta relevancia tanto para todos los niveles de gobierno, especialmente distrital y provincial, concientizar a los ciudadanos a optar por un mejor manejo del agua ante situaciones adversas como los desastres naturales.

Mecanismos clásicos que se han ido implementando alrededor del mundo implican el incremento de precios por el agua, lo cual es claramente excluyente para los usuarios de menores ingresos; campañas publicitarias con el propósito de educar a las personas sobre el uso del agua, impuestos, entre otros. Lamentablemente, este tipo de propuestas no generan cambios en el comportamiento sostenibles durante el tiempo, o no cuentan con ningún cambio. Por ejemplo, Galiani y colegas evaluaron una campaña promocionando el lavado de manos en 85 distritos rurales del Perú, la cual no fue exitosa en mejorar los niveles de salud de la población, especialmente en los niños del hogar. La campaña consistía en una campaña mediática masiva (spots radiales, posters, eventos promocionales), capacitaciones a profesores, profesionales en salud y líderes de comunidades, sesiones educativas sobre el lavado de manos a madres, niños y tutores, e inclusive un currículo educacional sobre el lavado de manos la cual se enseñó en los colegios rurales que formaron parte del grupo de beneficiarios. Si bien los efectos en las intenciones de lavarse las manos incrementó, no hubo diferencias significativas en los niveles de enfermedad relacionadas con el agua potable en los hogares de tratamiento y de comparación, haciendo que la prevalencia de diarrea, anemia en niños se mantenga. Por ello, ante la limitada efectividad de estos instrumentos clásicos, hay un espacio para ideas innovadoras como las que plantea la economía del comportamiento.

En un estudio realizado por el Banco Mundial, 5,626 familias en Belén, Costa Rica, formaron parte de una evaluación que consistió en estudiar distintos tipos de mensajería con componentes conductuales en las boletas de pago de agua, con el propósito de conocer si de esta forma, los ciudadanos reducirían su consumo de agua. Exitosamente, se encontró que los ciudadanos a los que se les envío recibos de pago mencionando el consumo del vecino más cercano, redujeron su consumo de agua entre 3.4 a 5.6 por ciento. Asimismo, este efecto fue más intenso en ciudadanos que previamente tenían alto consumo de agua.

Otro ejemplo del uso de normas sociales para mejorar el consumo de agua que se dio en Colombia, cuando el gobierno declaró a Bogotá en emergencia pública ya que un túnel que suministraba agua se desplomó parcialmente en 1997. Inmediatamente se inició un programa comunicativo para advertir a los ciudadanos que el 70% de la ciudad se quedaría sin agua si es que su consumo actual no era reducido. El resultado de esta campaña fue todo lo contrario, de hecho, la incrementó. Al igual que sucedió en Lima, hubo un aumento de la demanda por precaución y un miedo irracional (y no olvidemos el caso de los limones). Frente a esta situación, el gobierno decidió tomar otras estrategias, como el uso de reportes diarios del consumo de agua en la ciudad en los periódicos más importantes de la zona. Adicionalmente, se publicaba quién cooperaba y quién no, siendo el efecto de ahorro de 13.8% luego de 8 semanas del programa. El supuesto inicial de esta estrategia fue que la conservación de agua mejoraría si la ciudad creaba un entorno en el que las buenas prácticas eran premiadas; y las malas, castigadas, ayudando a las personas repensar sus consumos individuales. Sorprendentemente, el consumo de agua se mantuvo bajo por varios años

La herramienta utilizada que hizo más saliente el comportamiento de ahorro de agua fue el uso de normas sociales como señal de un comportamiento apropiado dentro de un grupo de personas. Este tipo de retroalimentación normativa – por ejemplo, cómo el consumo de energía de uno se compara con el promedio regional – es normalmente usado para inducir una toma de decisión como el ahorro de agua.

¿Por qué estas intervenciones son efectivas?

Dado el comportamiento humano – con capacidad racional acotada –, las políticas públicas pueden tomar ventaja de estas innovaciones de bajo costo para generar el ambiente idóneo en donde el ciudadano tome una decisión favorable para su bienestar de largo plazo. Ya sea mediante stickers en los recibos de agua o mensajes de textos, el uso de las herramientas de la ciencia del comportamiento pueden ser una potencial herramienta para el país contra los comportamientos no deseados de los habitantes, previniendo lo prevenible: degradación del medio ambiente y evitar el incremento de enfermedades.

Claramente, el uso de “nudges” o “empujones” no es una pócima especial que resolverá por completo estos problemas, pero aún así, tienen efectos no solo en las intenciones sino también en el comportamiento de las personas, siendo además de bajo costo – convirtiéndolas en una herramienta bastante atractiva en el ámbito de políticas públicas.

Referencias:

Allcott, H., 2011. Social Norms and Energy conservation. Journal of Public Economics.

Dammert A., Galdo, J., Galdo, V., 2014. Preventing Dengue through mobile prohnes: Evidence from a Field Experiment in Peru. Journal of Health Economics.

Datta et al, 2015. A behavioral approach to water conservation: evidence from Costa Rica. Policy Research working paper; no. WPS 7283; Impact Evaluation series.

http://documents.worldbank.org/curated/en/809801468001190306/A-behavioral-approach-to-water-conservation-evidence-from-Costa-Rica

Galiani, S., Gertler, P., Orsola-Vidal, A., 2012. Promoting Handwashing Behavior in Peru. World Bank Policy Research Working Paper No. 6257. 

La República, 2016. Sunass publica lista del promedio del consume de agua por distritos.

Disponible en: http://larepublica.pe/sociedad/844961-sunass-publica-lista-del-promedio-del-consumo-de-agua-por-distritos-foto

Tvesrky, A., Kahneman, D., 1979. Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk. Econometrica.

World Bank, 2015. Promoting water convervation in Colombia. World Development Report 2015.

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Obtener un resultado favorable en un juicio o arbitraje; entender al consumidor y a tu cliente; implementar políticas públicas que causen un impacto, o comprender nuestro rol como abogados y alumnos no depende únicamente de haber seguido la carrera de Derecho. Creemos que conocer cómo piensa el ser humano y qué lo motiva a actuar es esencial para el ejercicio de nuestra profesión. Es por ello que, pese haber estudiado Derecho en la PUCP, nos vemos atraídos cada día más a la Psicología y por todas las herramientas que nos brinda. Desde el Psicoanálisis hasta el Neuromarketing, el Análisis Psicológico del Derecho nos otorga, como abogados, una serie de principios, teorías y explicaciones a las conductas y a las relaciones entre todos los operadores del sistema jurídico (tomadores de decisiones, creadores de políticas públicas, litigantes, alumnos, profesores, entre otros). Así, este blog no es otra cosa que un espacio para compartir nuestras ideas con ustedes. Por ahora somos un equipo de cuatro pero esperamos ser muchos más… Mario Drago y José María de la Jara co-dictan el curso de Análisis Psicológico del Derecho en la Universidad del Pacífico. Mario es Asociado del Área de Regulación y Competencia en Miranda & Amado, y José María es Asociado del área de Litigio Arbitral de Bullard, Falla, Ezcurra +. Carlos Rojas Klauer es Asociado del área de Competencia y Propiedad Intelectual de Lazo, De Romaña & Gagliuffi Abogados y tiene estudios en Psicología del Consumidor de la Escuela de Post-Grado de la UPC.

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