Los juicios de Oscar Wilde: Un recuento. (Parte II)

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Por: Douglas O. Linder.
Abogado de la Escuela de Derecho de Stanford y autor de la página web “Famous World Trials”.

La primera parte puede encontrarse aquí: http://enfoquederecho.com/los-juicios-de-oscar-wilde-un-recuento-parte-i/
Artículo traducido y republicado con autorización del autor. El original puede encontrarse aquí: law2.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/wilde/wildeaccount.html.
Traducido por Michel Salazar.

Cuando Carson anunció, en su apertura del discurso en defensa de Queensberry, que intentó llamar al estrado a una serie de hombres jóvenes con los que Wilde estuvo sexualmente asociado, la atmósfera en la sala de la corte se puso tensa. Edward Clarke entendió que su cliente se encontraba en un gran peligro. Un Acto de Enmienda de Derecho Criminal de 1895 tipifico como crimen la realización de “indecencia grave” para cualquier persona, pero este fue interpretado para criminalizar cualquier forma de actividad sexual entre miembros del mismo sexo.

En la tarde, luego del juicio, Edward Clarke se encontró con su famoso cliente: “Cuando vi a Mr. Wilde”- Clark luego rememoró- “Yo le dije eso, que era casi imposible, en vista de todas las circunstancias, inducir al jurado a condenar de ofensa criminal al padre, quién estaba procurando salvar a su hijo de lo que creía era una compañía malvada”. Clarke instó a Wilde para que retire la persecución y consienta al veredicto, a pesar de estar acusado del cargo de “posing”. Wilde accedió y la siguiente mañana Clarke se levantó para anunciar el retiro de la persecución por difamación.

El abogado de Queensberry’s, mientras tanto, le acercó al Director de Procesamientos Públicos copias de declaraciones por el hombre joven que tenían planeado introducir como testigo. A las 3:30 pm., un inspector de Scotland Yard apareció ante el magistrado John Bridge para solicitar la orden para el arresto de Oscar Wilde. Bridge suspendió la corte por una hora y media, aparentemente para dar a Wilde el tiempo de escapar de Inglaterra en el último tren hacía el continente.

Wilde había caído en “un estado patético de indecisión.” Encontrándose con Douglas y su viejo amigo, Robert Ross, en el Hotel Cadogan, Wilde vaciló de un lado al otro entre quedarse o huir, hasta que dijo: “El tren se ha ido, es muy tarde”. Cuando Wilde supo del llamado de un periodista que la orden había sido archivada, Wilde puso “una cara muy gris.” Se sentó calmadamente en sus silla y bebió vaso tras vaso de Hock & Seltzer. Pronto el nombre de Wilde había sido removido de la cartelera del Teatro San James, donde “La importancia de ser Ernesto” aún estaba en función.

El primer juicio criminal de Oscar Wilde se apertura el 26 de Abril de 1895 en Bailey. Wilde y Alfred Taylor, el proxeneta de los hombres jóvenes para Wilde, enfrentaron 25 cargos de “grave indecencia” y conspiración para cometerlas. Un desfile de hombres jóvenes testigos se presentaron en el proceso, testificaron con respecto a sus roles en ayudar a Wilde a representar sus fantasías sexuales. Aunque Wilde no fue acusado de sodomía, hubo una pequeña duda, hacia el final del juicio, de que quizás haya sido así. Casi todos los testigos expresaron vergüenza y remordimiento sobre sus propias acciones, y Wilde pareció haberse puesto conflictuado por sus testimonios. (Mucho más tarde Wilde comparo sus encuentros con “festejando con panteras”. Wilde escribió que “el peligro era la mitad de excitación”.) En el cuarto día del juicio, Wilde subió al estrado, no presentaba la arrogancia de su primer juicio, respondió las preguntas calmadamente y negando toda alegación sobre comportamientos indecentes. El momento más memorable del juicio fue cuando Wilde respondió una pregunta sobre el significado de una frase en el poema para Lord Alfred Douglas. El fiscal Charles Gill preguntó: “¿Cuál es el significado de ‘el amor que no se atreve a decir su nombre’?” – la respuesta de Wilde causó un fuerte aplauso y unos cuantos silbidos:

“El amor que no se atreve a decir su nombre” en este siglo, sigue siendo un gran afecto el de un hombre viejo por uno joven, como el que hubo entre David y Jonatán, como el de que Platón hizo la base misma de su filosofía, y como el de los sonetos de Michelangelo y Shakespeare. Es así de profundo, un afecto espiritual que es tan puro como lo es de perfecto. Este dicta e impregna grandes trabajos de arte como los de Shakespeare y Michelangelo, y esas dos cartas mías, tal como son. Es en este siglo que se ha mal entendido tanto, que puede ser descrito como el “amor que se no se atreve a decir su nombre” y a cuenta de eso, yo he sido puesto en el lugar en el que estoy ahora. Es hermoso, está bien, es la forma más noble de afecto, no hay nada antinatural sobre ello. Además, es intelectual y repetidamente existió entre un hombre viejo y un hombre joven, cuando los hombres viejos tuvieron intelecto, y los jóvenes tenían toda la felicidad, esperanza y encanto de una vida por delante. Eso debió de haber sido que el mundo no lo entiende, el mundo se burla y, algunas veces, lo pone en la picota por eso.”

Edward Clarke siguió el testimonio de Wilde con un poderoso resumen en representación de su cliente. Clarke cerró preguntando al jurado de “satisfacer esas miles de esperanzas que se encontraban colgando en su decisión” y “limpiar de esta imputación miedosa a uno de nuestros más renombrados y exitosos hombres de las letras de hoy, así, al limpiarlo, limpiar una mancha de la sociedad”. El discurso de cierre de Clarke dejó a Wilde en lágrimas y garabateo una nota de agradecimiento que pasó a su abogado.

El jurado deliberó por sobre tres horas antes de concluir que ellos no podían llegar a un veredicto en la mayoría de los cargos (el jurado declaró absuelto a Wilde en los crímenes relacionados con Frederick Atkins, uno de los hombres más jóvenes con quién había sido acusado de haber participado en “graves indecencias”) El 7 de Mayo, Wilde fue liberado bajo fianza para disfrutar de tres semanas de libertad antes de que empiece el segundo juicio.
El gobierno liberal determinó jugárselo todo para asegurar la condena en el segundo juicio contra Wilde, incluso cuando las personas como el abogado de Queensberry’s, Edward Carson, estuvieron instando: “¿No pueden aflojar a este hombre ahora?” Hay mucha especulación sobre la posición agresiva del gobierno en contra del caso de Wilde, incluso se tuvo la sospecha de que el Primer Ministro Rosebery tuvo un amorío homosexual , cuando fue Ministro de Exterior, con Francis Douglas, otro de los hijos atractivos de Queensberry. Sin embargo, no pasó mucho tiempo de que Francis Douglas fue “muerto en un accidente de casa” (probablemente suicidio) de cuando Queensberry empezó el alboroto en contra de Oscar Wilde. Hay evidencia plausible en cartas ambiguas por parte Queensberry hacia Rosebery de exponerlo, si es que este hubiese fallado en la persecución agresiva contra Wilde. Es muy interesante la nota que durante los dos meses que conducen a la condena de Wilde, Rosebery sufrió de una depresión seria e insomnio. Luego del enjuiciamiento de Wilde, su salud se recupero instantáneamente.

La segunda persecución de Wilde fue dirigida por el mejor fiscal de Inglaterra, el abogado-general Frank Lockwood. Aunque el juicio parecía en muchas formas el primero, la fiscalía retiro a sus testigos más débiles y se concentro mucho más en los fuertes. Lockwood tuvo la última palabra en el juicio y lo usó para ofrecer lo que Wilde describió como una “espantosa denuncia (de mi) como algo fuera de Tacitus, como un pasaje de Dante, como uno de las acusaciones de Savonarola de los Papas de Roma.” Luego de tres horas de deliberación, el jurado regresó con su veredicto: culpable de todas las acusaciones excepto los relacionados a Edward Shelley. Wilde se balanceaba ligeramente en la sala, su cara se puso gris. Mientras que a algunos de la sala, también se les puso la cara gris, otros gritaron “¡Vergüenza!” mientras expresaban su aprobación del veredicto.

Los juicios de Wilde causaron en el público actitudes hacia los homosexuales, de ser más duro y menos tolerante hacía ellos. Mientras que antes de los juicios hubo cierta pena para aquellos que se comprometían en el mismo sexo pasional, luego de estos, los homosexuales fueron vistos como una amenaza. Los juicios de Wilde tuvieron otros efectos, causaron en el público que empezasen a asociar el arte con homo-erotismo, y a ver afeminación como una señal para la homosexualidad. Muchas de las relaciones del mismo sexo se vieron como inocentes antes de los juicos de Wilde, luego se vieron como sospechosas. Personas con relaciones cercanas a personas con relaciones del mismo sexo empezaron a ser ansiosas, preocupadas por que no hiciesen algo que fuese considerado como impropio.

Wilde estuvo dos años en prisión, los últimos 18 meses los realizó en Reading Gaol. Cuando salió de prisión se sintió escarmentado y en banca rota, pero no amargo. Él le dijo a un amigo que “había ganado mucho” en prisión y que estaba “avergonzado de haber llevado una vida no valerosa de un artista”. En sus escritos en prisión , publicados en “De Profondis”, Wilde dijo “Yo me convertí en un derrochador de mi genio y gastar en una eterna juventud, me dio una curiosa alegría.”

Luego de su liberación de Reading Gaol, Wilde viajó a Europa, falleció el 30 de Noviembre en París.

“Todos los juicios son juicios para la vida de uno, como todas las sentencias son sentencias de muerte, y tres veces lo he intentado. La primera vez dejé la caja de ser arrestado, la segunda vez fui llevado a la casa de la detención, y la tercera pasé a la prisión por dos años. La sociedad como está constituida, no tiene un lugar por mí, no tiene nada qué ofrecer; pero la naturaleza, cuyas dulces lluvias caen sobre justos e injustos de la misma manera, tendrán hendiduras en las rocas donde yo pueda esconderme, y valles secretos en los que pueda llorar sin ser molestado. Ella pasará con las estrellas de tal modo que yo pueda caminar afuera, en la oscuridad, sin tropezar, y enviar el viento sobre mis huellas, así nadie pueda rastrearme a mi dolor: Ella me limpiará en grandes aguas, y con hierbas amargas, hacerme un agujero.” (Oscar Wilde, De Profundis).

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