El equipaje de Castilla (¿por qué nos abandona en julio?)
Luis Miguel Castilla es perfectamente consciente de la vulnerabilidad de su encargo: es el más visible de los ministros, el más buscado, el más consultado, el más importante. De hecho, es el primer ministro de facto con un gabinete propio pues algunos ministros despachan con él más que con el mismo titular de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM). Administrar el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) es estar al frente de prácticamente todo el dinero que se mueve en el país y, en ese sentido, la independencia y autonomía de los Poderes del Estado (Judicial, Electoral y en alguna extensión hasta el Legislativo con algunas excepciones), están supeditados a las “recomendaciones” técnicas del titular de dicha cartera. Todos los ministerios, todos los gobiernos subnacionales, el presidente del mencionado Poder Judicial incluido, deben ir a tocarle la puerta o pedir cita para sustentar un incremento de presupuesto que sirva para desde subir sueldos hasta comprar tinta para las impresoras.
Pero seamos justos, no lo ha hecho mal y los números lo han acompañado hasta ahora, cuando el ritmo del crecimiento, que arrastra todo lo demás y que ES la tarjeta mágica de Castilla, empieza a declinar, quién sabe hasta qué nivel y con los efectos que ello supone. El “éxito” macro económico obtenido hasta ahora, en medio de un gobierno que empezó con el peor de los pronósticos por ser presuntamente estatista, populista y “chavista”, le granjeó primero aliados y luego hinchas entre el sector privado en donde, por lo menos la mayoría, lo considera indispensable ahí donde está hoy y quisieran que se quede para siempre. Confiep siempre apuesta a seguro, siempre por lo (malo) conocido; lo que constituye una ironía si consideramos que representan a empresas y empresarios que son (nos dicen siempre) invalorables para la sociedad, precisamente en la medida que y porque toman riesgos con su propio dinero allí donde el resto de los mortales no se atreve. Esta carta, este voto de confianza del empresariado -como decíamos en la primera parte de esta historia- y el que casi todo lo que le dice al Presidente que va a pasar, de hecho pasa, es lo que le ha ganado la buena voluntad de Ollanta Humala y de su esposa. Esto, y nada más que esto, es lo que lo hace indispensable.
