Por: Consejo Editorial de Enfoque Derecho

ED: Existe instalado un imaginario colectivo, prejuicioso y estereotipado, que refuerza la idea de que todo lo que viene del Estado -sea una municipalidad, una entidad dependiente de algún Ministerio, escuela pública, etcétera- se encuentra en malas condiciones, es sinónimo de un servicio mediocre. Sin embargo, percibo que ustedes intentan dar un viso de esperanza en revertir este imaginario y probar que sí es posible encontrar algo bueno ahí, digno de ser reproducido. ¿Por qué los peruanos nos aferramos tanto a esta idea casi inmodificable?

GV: Creo que el problema que tenemos los peruanos como sociedad para relacionarnos con el Estado en ocasiones parte de perjuicios, pero hay que reconocer que también está basado en experiencias. Creo que cuando nosotros tenemos que contarles a las personas que hay un Estado diferente al que conocen, no partimos sobre la idea de que “estás equivocado y el Estado funciona a la perfección”. De hecho, constantemente los ciudadanos nos enfrentamos a situaciones ineficientes del Estado; sin embargo, con las Buenas Prácticas que premiamos lo que tratamos de decirles es que, más allá de esas situaciones, hay otras que, a veces perdemos de vista, en que el Estado logra grandes cosas: estas experiencias son las que premiamos.

No cabe duda de que el cambio en la imagen del Estado no va a darse a partir de un anuncio publicitario o un cartel en las calles -que se asemeja a una eterna campaña electoral-; el verdadero cambio en la conciencia de los ciudadanos que nos permita tener una relación de confianza con el Estado se va a dar en tanto sus experiencias con el mismo cambien. En ese sentido, este cambio pasa no solo por concentrarnos en qué sucede en el interior de las instituciones del Estado, como si estuvieran alejadas del ciudadano; sino por pensar que cualquier institución estatal tiene la responsabilidad de otorgar un mejor servicio, cosa que no se logra desde arriba en un edificio, sino abajo en la calle, en las ventanillas, en las postas, en sus hogares: de la mano con las personas. Esas experiencias de calidad en el servicio permitirán que nuestra percepción del trabajo del Estado cambie.

ED: ¿Cómo y cuándo se inicia este proyecto? ¿Cuáles fueron los móviles detrás?

GV: El Premio a las Buenas Prácticas en Gestión Pública tiene ya diez años, empezó en el 2005 y supuso un enorme reto para Ciudadanos al Día. Era necesario –y aún lo es- que se revelaran también las buenas noticias. Ahora, por supuesto, la primera pregunta era ¿por qué los ciudadanos premiarían al Estado? La razón es la siguiente: creemos firmemente que para poder cambiar la realidad no basta solamente sancionar, denunciar o investigar penalmente. También hay que hacer un esfuerzo por brindar incentivos positivos, reconocer lo que se hace bien y pelear porque aquello no se desactive. El Estado cuenta con personas que se esfuerzan día a día por cambiar la realidad de su institución y de nuestro país, y lo que buscamos hacer desde hace diez años es  reconocer ese esfuerzo y difundirlo. De esta manera, podemos conseguir que estos modelos de gestión que han probado tener resultados positivos sean imitados por las demás instituciones.

Con el Premio buscamos es desterrar la imagen de que como cada institución pública tiene el monopolio del servicio que brinda, solo se debe mirar a sí misma. Las instituciones estatales, a diferencia de las privadas, no tienen el miedo de que la competencia acabe con su negocio -no es posible que nuestro DNI nos lo entregue una entidad que no sea el Reniec o que paguemos nuestros impuestos en una Municipalidad que no es la nuestra-, por lo que no tendrían el incentivo de convertir sus servicios en más eficientes.

Debíamos entonces encontrar una manera de introducir la competencia y la lógica de incentivos, había que pensar qué es lo que íbamos a premiar, cómo las haríamos competir. La solución fue identificar aquellas funciones que son transversales a todas las instituciones públicas, servicios que todas ellas le deben al ciudadano y a partir de ellas crear competencia.

Así, se decidió que lo que haríamos sería identificar y reconocer Buenas Prácticas en Gestión Pública, acciones concretas implementadas en cualquier entidad estatal que hayan generado destacados resultados en beneficio del ciudadano. No premiamos instituciones o autoridades, premiamos Buenas Prácticas, acciones que pueden ser evaluadas en sus indicadores de resultado, que se pueden replicar y comprobar que están orientadas a brindar un servicio de calidad al ciudadano.

ED: ¿Qué es lo que se entiende por una “buena práctica” de gestión pública? ¿Qué efectos produce premiarlas en la realidad?

GV: Una buena práctica de gestión pública es una actividad o proceso que cambia realidades y que cambia la vida de un ciudadano. Cuando pensamos en estas acciones, no estamos hablando ni de planes ni buenas ideas, estamos hablando de acciones concretas y para poder postular al Premio es necesario poder probarlas. Así, al ser una necesidad la probanza de las buenas practicas, el Premio no solo genera incentivos de mejora, sino que promueve el monitoreo y evaluación de las políticas públicas.

Asimismo, otro efecto de identificar y premiar Buenas Prácticas –adicional a la creación de incentivos y la necesidad de poder probar el cambio generado- es recolocar al ciudadano como razón de ser del servicio público. Esto permite que el funcionario no solo vea su trabajo como una obligación, sino como la posibilidad de cambiar la vida de otros y a través de su trabajo tener la oportunidad de poder enseñar a otros funcionarios, como él o ella, que pueden estar pasando por los mismos problemas que ellos ya han resuelto.

ED: Según el último informe de la Fundación Heritage sobre el nivel de competitividad de los países del mundo, uno de los grandes problemas que circunda el aparato estatal es la burocracia. ¿De qué manera cree que los incentivos que este premio otorga -siendo uno de sus objetivos establecer una relación de confianza entre las partes involucradas –  ayudan a reducir este problema?

GV: El Premio cuenta con veinte categorías, pero hay algunas categorías que corresponden directamente a los esfuerzos por la eliminación de las barreras burocráticas. Estamos hablando de prácticas en Simplificación de Trámites, Servicios de Atención al Ciudadano o Transparencia y  Acceso a la Información, por ejemplo. Todas estas prácticas buscan que el ciudadano tenga una relación más eficiente y directa con las instituciones públicas.

Estas categorías fueron algunas de las pioneras del Premio, porque efectivamente remiten a la principal preocupación de todas las personas. El principal cambio que genera el Premio no está solo en generar incentivos, sino en dar ejemplos de un sinnúmero de ejemplos por cada categoría que otras instituciones pueden replicar para mejorar los servicios que brindan.

Por ejemplo, el 2012 el Reniec logró reducir un trámite de 180 días a 7 minutos, algo increíble de creer. Esta práctica, ganadora en la categoría Simplificación de Trámites, consistía en un esfuerzo por agilizar los procesos de rectificación de datos personales. El Reniec se dio cuenta de que sus actas contaban con errores que en ocasiones recaían en sus propios registradores y tomó decisión valiente: no solo reconoció sus errores, sino que le ofreció al ciudadano una alternativa eficiente para rectificarlos. Así, de oficio,  empezó un proceso  sin papeleo, trámites engorrorsos o cobros a los ciudadanos, que permitió cambiar un trámite que podía tardar meses, en un sistema eficiente que en minutos podía corregir los errores cometidos. Pues -a fin de cuentas- el error se había originado en  la institución y debía ser ella quien lo solucionara generarle mayores problemas al ciudadano afectado.

ED: El año pasado se otorgó un premio especial para aquellas prácticas que demostraron un uso eficiente de recursos como el agua, energía y papel. ¿Este año va a haber algún premio especial o algún un cambio en las bases del concurso?

GV: Este año tendremos nuevamente el Premio Especial a la Ecoeficiencia Institucional, que lanzamos junto al Ministerio de Ambiente (Minam) y al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), a través del Consejo Nacional de Competitividad. Se trata de una iniciativa para identificar las Buenas Prácticas que, además de resaltar en sus categorías sea cual sea el servicio que brinden, tengan una lógica de gestión ecoeficiente de sus recursos. Continuamos con la búsqueda de formas en que las instituciones logran ahorrar en sus consumos de agua, energía y papel. En el 2009, el Minam aprobó un Decreto para la implementación de medidas de ecoeficiencia,  las instituciones reportan sus consumos al Ministerio, sin embargo, a veces tras encontrar que la institución redujo en un 40 % su consumo en agua, no contamos con información sobre qué es lo que hizo esa institución para lograrlo. A través de la metodología del Premio podemos saber cuáles son esas formas en que la institución puede gestionar sus recursos de manera más ecoeficiente y encontrar que éstas pueden ser tan básicas como cambiar la grifería en los baños, aprovechar las ventanas y la luz solar, desenchufar las PC’s y los CPU’s, o implementar políticas serias de uso responsable del papel. Son cosas que pueden habérsele ocurrido a un grupo de funcionarios y que luego se convierten en política institucional: podrán ser políticas en todo el Estado si logramos compartirlas.

El 2 de abril estaremos dando un taller para poder compartir estas experiencias e incentivar la participación en el Premio. El Minam y el CNC están comprometidos con estos objetivos y, gracias al esfuerzo y convicción de los funcionarios, conseguiremos que los resultados que empezaron en una institución como el Indecopi, ganadora de la edición 2013, se conviertan en resultados de decenas de instituciones públicas.

ED: ¿Les hacen seguimiento a las prácticas ganadoras?

Hacemos seguimiento, pero sobre todo lo que hemos incentivado es que las instituciones certifiquen sus prácticas año a año.  De esta forma, somos capaces de ver cuál ha sido su evolución, todas ellas están en un constante tránsito y van avanzando y mejorando año a año.

Este año, con motivo de nuestro décimo aniversario, conoceremos mucho más sobre nuestras ganadoras de ediciones anteriores. Hemos desarrollado el Premio Diez Años, también transversal a todas las categorías, que lo que hará premiar a aquella práctica ganadora que demuestre no solo haber permanecido en el tiempo, sino haber innovado, haber sido replicada y logrado impactar la vida de más peruanos.

ED: ¿Cómo hacemos los ciudadanos de a pie si es que conocemos alguna entidad que está logrando estas buenas prácticas? ¿Cuál es el procedimiento? ¿Qué es lo que tendría que hacer para postular dicho ejemplo?

GV: Los ciudadanos están invitados a escribirnos o ellos mismos invitar a las instituciones a participar, de lo que se trata es que todos seamos capaces de identificar lo que se está haciendo bien, evaluar junto al Equipo Técnico y el Jurado sus resultados, y que todos podamos compartirlo.

A nivel nacional, la Red de Periodistas de Ciudadanos al Día forma parte activa de nuestro equipo y son representantes nuestros para identificar Buenas Prácticas y compartir la convocatoria al Premio. Al igual que ellos, todos los ciudadanos están invitados a sumarse, y nosotros siempre estaremos dispuestos a brindar información a cualquier ciudadano para que pueda sumarse.

ED: ¿Cuáles son las prácticas que comúnmente se replican en las instituciones estatales?

GV: Probablemente en donde es más evidente la importancia de la réplica es en las gestiones municipales, que comparten su organización y sus responsabilidades. Todas ellas comparten funciones pero las realizan en diferentes territorios y realidades. Es claro, por ejemplo, que una buena práctica en gestión de residuos sólidos podría ser aplicada en cualquiera de las municipalidades, por supuesto, adecuándola a su entorno. La réplica es la posibilidad de no gastar tiempo en ensayos y errores cuando ya hay alguien que me puede dar pistas sobre dónde y cómo avanzar: es compartir experiencias, lecciones aprendidas y logros.

ED: Me gustaría saber anécdotas detrás de estos reconocimientos. He visto cómo en la página web se publicitan noticias de historias sobre pequeñas poblaciones al interior del país donde se ejercen prácticas que uno diría son tan sencillas, pero que sin embargo, generan un cambio abismal en la población que los circunda; por ejemplo, “la Señora de los cuyes”.

GV: Las historias que el Premio a recolectado en estos diez años vienen tanto de ministerios, municipios, escuelas o incluso, de un puesto de salud. Esta experiencia que mencionas fue reconocida en el 2008 y se trataba de un Club de Madres Gestantes llamado “Las Bellas”. En este centro de salud en Junín, una enfermera encontró que uno de los mayores problemas que enfrentaban en su distrito era la desnutrición y anemia de las madres gestantes y, por ende, los casos de desnutrición crónica de los niños y niñas recién nacidos.

Lo que encontraron fue que la dieta de estas madres gestantes estaba colmada de carbohidratos, debían encontrar la manera en que estas mujeres pudiesen consumir más proteínas. Así, Irma Rivera, la enfermera a cargo de esta práctica, decidió ir al Gobierno Regional y firmar un convenio con ellos para que le entreguen dos cuyes hembra y un cuy macho. Lo que hizo fue entregarlos a una madre gestante, con la única condición de que tenía que comer carne de cuy dos veces por semana y entregarle a otra madre gestante lo mismo que ella recibió: un cuy macho y dos hembras.

El club se volvió además de un club de apoyo y acompañamiento psicológico a las madres gestantes, en un fondo rotativo de cuyes. Cambiaron la realidad de estas mujeres, además de fortalecer su autoestima y condiciones de vida, lograron que los niños que pudieron nacer con 2, 6 kilogramos –como antes sucedía-, nacieran sanos y con 3,8 kilogramos, gracias a que sus madres estaban bien alimentadas y bien atendidas.

Ese es el enorme poder que tiene un servidor público: tratar con personas y hacer que su trabajon transforme realidades, a veces con soluciones tan sencillas y creativas como un fondo rotativo de cuyes. Así como Irma y su Club “Las Bellas” lograron cambiar su realidad, miles de funcionarios y ciudadanos lo logran cada día: esas son las historias que queremos contar, esos son los esfuerzos que queremos agradecer y multiplicar.

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