Hace algunas semanas se llevó acabo en la Universidad Católica un debate entre los profesores Martín Mejorada y Fernando del Mastro sobre los denominados “controles sorpresa”, un método por el cual, sin previo aviso el profesor puede decidir a discreción tomar o no una evaluación sobre determinadas lecturas asignadas. Uno a uno se fueron dando los argumentos tanto a favor como en contra de dicho sistema de evaluación, con muy enriquecedores argumentos de ambos lados. Es verdad que en materia educativa existen largos y longevos debates en torno a cual es el mejor modelo educativo a seguir. Mientras, por ejemplo, el profesor del Mastro argumentaba que los controles sorpresa lo único que generan es ansiedad en los alumnos, y por tanto, disminuyen su motivación y capacidad para retener contenidos, el profesor Mejorada mencionaba que los controles sorpresa son una forma de evaluación continua que permite crear un estándar igual para todos los alumnos y no solo beneficiar del aprendizaje a aquellos que estén “más interesados en la clase”. Ambas posturas son, sin duda, válidas y muy ricas para el debate.

Sin embargo, a mi me quedó un sinsabor por no haber podido llegar, digamos, a una “respuesta certera” en torno a este tema. Ello hasta que me di cuenta que en Educación, tanto como en Derecho, como incluso en la vida, las respuestas certeras en ciertos temas pues simplemente no existen. Las respuestas son aquellas que nosotros buscamos hacer nuestras y que, mediante nuestra libertad como seres racionales, nos permiten alcanzar más rápidamente a aquello que llamamos felicidad.

Llevando luego el debate a la arena educativa, por ejemplo, una cosa que valoro mucho de la Universidad Católica (y de la universidad en general a diferencia del colegio) es que uno tiene la libertad de poder escoger a sus profesores para determinadas materias, y por tanto, de escoger el método de enseñanza que más le conviene. Por ejemplo, el profesor del Mastro mencionaba en su exposición que al 80% de alumnos no les resultaba beneficioso el sistema de controles sorpresa, sin embargo ¿y el otro 20%? ¿Por qué no darles la oportunidad de sentir la adrenalina?

En la universidad en general, por ejemplo, uno es libre de escoger si desea ir con el profesor más fácil o si desea inscribirse en el curso con controles sorpresa o con controles programados. Y es que no existe un método que sea “mejor” que el otro, sino que los métodos educativos tienen mucho que ver con el receptor de los mismos, es decir, con el alumno. En tanto uno es libre de escoger la manera cómo desea educarse, la enseñanza se hace más personalizada y fructífera. Asimismo, la motivación que deriva de la libertad de mis elecciones enriquece el proceso y lleva todo a buen puerto.

Muy por el contrario a esto, la nueva Ley Universitaria que se viene discutiendo actualmente en el parlamento, en vez de buscar la rica diversidad de métodos educativos (que incluso dentro de una universidad puede dar lugar a tan ejemplificantes debates) busca uniformizar la educación como si fuese posible una sola educación para un solo tipo de estudiante.

Creo que con respecto al debate entre el profesor del Mastro y el profesor Mejorada no existe una respuesta que diga a ciencia cierta que un método educativo es mejor que el otro, sino que existe la libertad del alumno de decidir cuál es el que mejor se adecúa a su forma de aprendizaje. Creo que lo rico de la educación es la diversidad y libertad que ella misma ofrece, libertad sin la cual esta se vuelve solo un cúmulo de conocimientos sin sentido ni dinámica. Es por esta razón que yo me opongo rotundamente a la Ley Universitaria que viene planteando actualmente el congresista Daniela Mora. Me opongo a él porque creo tanto en el derecho del profesor Mejorada a tomar controles sorpresa como en el derecho del profesor Del Mastro a tomar controles programados. Pero más importante, creo en el derecho del alumno a escoger bien informado como orientar su propio aprendizaje.

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