Un faenón electoral
De todos los procesos electorales que recuerdo, éste es el peor de todos. Alguien podría argumentar que hubo peores. Puede ser cierto. Hasta hace no mucho existieron en el Perú procesos electorales fraudulentos y muchas dudas sobre si las elecciones respetaban realmente la voluntad popular. Pero, ¿de qué sirve que hoy estemos seguros de que no habrá fraude si todo el mundo hace lo que le da la gana y no existen reglas o, si existen, no se respetan? Eso es como estar seguros de que el árbitro de un partido de fútbol va a declarar ganador al equipo que sume más goles, pero que el partido se podrá jugar como sea: valgan patadas, escupitajos, tomar el balón con la mano o meter más de once jugadores a la cancha. El que vivimos es un proceso que expresa con la mayor desfachatez los peores males de la sociedad peruana.
