Por Rodrigo Cuéllar, asociado extraordinario de THĒMIS y ex miembro de la comisión de Desarrollo Social, Khuska

 “- Yo también fui como usted una vez, Chacaltana. Pensé que podríamos detener esto. Pero esto es más fuerte que nosotros dos. Esto es la historia de un país. Ahórrese la desilusión.” [1]

La obra Abril Rojo, de Santiago Rocangliolo, narra la historia del Fiscal Distrital Adjunto Félix Chacaltana Saldívar, quien es un personaje inocente, dispuesto a seguir las leyes al pie de la letra y con una sorprendente incapacidad para entender lo que no fuera legalmente correcto. Por ello, no comprendía que los crímenes en Ayacucho no se investigaran correctamente o que las autoridades no quisieran colaborar en la búsqueda de la justicia. En ese contexto es que el Comandante Carrión, harto de las inocencias del fiscal, decide confrontarlo. No busques luchar contra “esto” – le dice – “esto” que es la historia de un país: la corrupción y la impunidad.

Y, muchas veces, los estudiantes de Derecho olvidamos la inocencia de Chacaltana y preferimos seguir las órdenes de Carrión. Muchas veces preferimos no luchar contra todo lo malo que sucede a nuestro alrededor. Preferimos acatar en lugar de protestar.

Pero eso no es lo peor, ya que olvidamos, incluso, la razón por la que estudiamos Derecho, o la razón por la que estudiamos siquiera. Muchos iniciamos pensando en el Derecho como una herramienta de cambio social; sin embargo, terminamos pensando en qué o qué trabajo nos dará más prestigio y dinero. Nos olvidamos de la sociedad y nos concentramos en nosotros mismos.

El Derecho es una herramienta de transformación social poderosa, pero puede ser también usada de formas catastróficas, las cuales suelen estar respaldadas por la ganancia de dinero, poder y prestigio. Estas tres cosas nos van pareciendo más importantes a la medida que avanzamos en la “carrera” universitaria y las buenas intenciones se van quedando atrás.

Sin embargo, debemos considerar que, afuera de la universidad y de los glamorosos estudios jurídicos en los que practicamos, hay todo un país que necesita de gente comprometida con lograr un cambio. Un verdadero cambio. Así, no bastan, tal vez, los trabajos pro bono, aquellos a los que les brindamos el tiempo que nos sobra y solo para cumplir una cuota. Lo que en verdad necesitamos es una generación de profesionales comprometidos con el cambio, con hacer las cosas bien. En fin, con usar los conocimientos en mejora del país y no en una mejora individual.

Y uno de los aspectos que más cambios necesita es, qué duda cabe, el referido a la cuestión laboral, ya que, desde la década de los noventas, venimos viviendo un contexto de precarización laboral, producto de numerosas reformas que el gobierno fujimorista nos heredó.

Tenemos así, por ejemplo, que la tasa de afiliación sindical es apenas de 5.27% y que los trabajadores que negociaron beneficios a través de una negociación colectiva fue, en el 2018, apenas del 4.5% [2]. Asimismo, tenemos que más del 65% de trabajadores están contratados bajo modalidad (es decir, son trabajadores temporales), frente a solo un 32.34% que están contratados a tiempo indeterminado [3].

Ello significa que la mayoría de trabajadores no tienen estabilidad laboral de salida, por lo que pueden ser despedidos por cualquier motivo (claro que el eufemismo es “terminación de contrato modal”), incluso por un motivo prohibido, como la afiliación sindical o la maternidad.

Afortunadamente, para aquellos estudiantes que aún no olvidan a su Chacaltana interior, existen diversas asociaciones de estudiantes y diversos programas que permiten reconectarnos – y hasta reconciliarnos – con la sociedad y con la carrera.

Entre estos grupos, tuve el honor de pertenecer a Khuska, el programa de Desarrollo Social de Themis.

Khuska es un grupo raro de ver dentro de una revista. Y es que tiene como objetivo utilizar el derecho como una herramienta para empoderar a poblaciones en estado de vulnerabilidad. Por ello, no es raro ver que la mayoría de los miembros de Khuska tiene un compromiso real sobre la situación del país y los problemas que lo aquejan.

No solo ello, pues nos encontramos ante un espacio donde los y las alumnas de derecho pueden desarrollar una gran cantidad de habilidades blandas y poner en marcha proyectos para usar el derecho como una herramienta de transformación social.

Fue así como surgió Llamkay Khuska o Trabajando Juntos en español. Este programa busca ser un espacio de convergencia entre la clase trabajadora y la clase universitaria del país. Ello con el fin de tener una sociedad más conectada y sensible con los problemas del prójimo. De esta forma, se busca que los trabajadores puedan encontrar, en las aulas universitarias, las herramientas que les permitan hacer frente a los problemas laborales y abusos patronales diarios. Asimismo, se busca que los estudiantes tengan un compromiso real con la sociedad y que participen activamente en la solución de los problemas de esta.

Así, en el 2018 Llamkay Khuska se estrenó con una serie de Talleres de Derecho Laboral orientados a diversos dirigentes y afiliados sindicales. Para ello, contamos con el apoyo del Grupo de Estudios de la Organización Social y el Empleo (GEOSE), la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y la Oficina Académica de Responsabilidad Social (OARS) de la Facultad de Derecho de la PUCP.

En esa oportunidad se abordaron temas como los derechos laborales fundamentales, el poder de dirección del empleador, así como la importancia del movimiento sindical. Pero lo más resaltante del proyecto fue ese primer acercamiento entre los trabajadores y los estudiantes. Las clases fueron interesantes, hasta el punto de que muchos estudiantes, entre los que me incluyo, vimos cómo el derecho laboral, ese que estudiamos en las aulas, es vivido por los trabajadores.

Se derrumbaron también muchas creencias sobre el funcionamiento del sistema de justicia o la Administración Pública. Era interesante observar cómo los trabajadores, sin haber llevado algunos de ellos cursos de derecho laboral, conocían mucho de esta rama. En pocas palabras, el conocimiento teórico y el conocimiento práctico se juntaron en un solo lugar, donde cada uno de los presentes buscaba aportar, pero más importante que ello, aprender.

En la segunda mitad del 2018, se produjo un conversatorio llamado “Llamkay Khuska: reflexiones en torno al despido”, donde profesores universitarios y abogados laboralistas brindaron alcances sobre la regulación – normativa y jurisprudencial – del despido. A este evento también asistieron estudiantes y trabajadores, quienes pudieron dar sus opiniones sobre tan importante tema.

Pues bien, el objetivo del presente artículo es invitar a todos y todas las estudiantes de Derecho a trabajar por la unión y la cordialidad de los estudiantes y trabajadores de todo el país. Basta de disimular las opiniones y proyectos. Es hora de proclamar abiertamente que los propósitos más nobles no pueden ser alcanzados sino con un compromiso real y efectivo de todos los obreros y estudiantes. Recordemos que no tenemos más que perder, que las cadenas de una sociedad injusta. Tenemos, en cambio, todo un mundo por ganar.

[1] RONCAGLIOLO, Santiago. Abril Rojo.

[2] Anuario Estadístico Sectorial. Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. 2018.

[3] Ídem.

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