El antropocentrismo jurídico y los derechos de los animales
Desde siempre, el ser humano ha creído ser el centro y la razón de la naturaleza. En el libro de Génesis se dice que Dios le otorgó al hombre “dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves de los cielos, y sobre las bestias, y sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra” (1:26). Esta idea ha prevalecido a lo largo de la historia haciendo del ser humano la especie más importante. Lo mismo sucede en el derecho, donde todas las normas se crean para beneficiar al ser humano. Como señalan Cárdenas y Fajardo, “[l]a cultura jurídica moderna se ha visto definida por un antropocentrismo permanente. La cuestión ha generado una construcción imaginaria de diferenciación; donde existe un espacio denominado Sociedad en el cual los hombres interactúan organizándose políticamente; y en oposición otro lugar llamado Naturaleza que se define y compone por todo lo que el mismo hombre pueda dominar, a través de relaciones de apropiación. Esta presuposición centrista ha constituido la regla fundamental sobre la cual se erige y opera el Derecho”[1].
