8 de abril de 2011

Reflexiones personales

A pocos días del decisivo voto electoral, pareciera que las cartas están echadas contra la libertad. Por un lado, una mutación de lo peor del pensamiento totalitario y comunistoide enseña un tramposo perfil que, tras estudiar el Plan de Gobierno 2011, no deja duda de que acabará con el sistema democrático tal cual lo conocemos. Por otro lado, un cuarteto de jugadores, que abarca distintos grados de libertades políticas y económicas -una con especial apego al autoritarismo- suponen frágiles propuestas en un ambiente electoral enardecido por las marcadas diferencias existentes entre el desarrollo y la modernidad que se respira en las principales urbes, en contraposición al atraso y miseria que aún se vislumbra en las periferias urbanas y áreas rurales.