
Día 3: El fantasma que no fuí
Primer día de chamba. Llegué una hora antes. La recepcionista soltó una risilla al verme: “Es muy temprano, Carne Fresca. Nadie ha llegado”. La miré con un gesto de sorpresa y pavor. Subí al sexto piso a la volada. Todo en silencio. Supuse que el único escritorio sin papeles encima era el mío. Me senté allí. Esperé. Uno a uno fueron llegando los practicantes. Los teléfonos gritaban nombres. Los asociados atendían sus pendientes. Los teclados comenzaban a tronar. El estudio despertó. Estuve esperando a que alguien me dijera algo alrededor de tres horas, que me hablara de cualquier cosa: era nuevo en el lugar, pero nadie se había dado cuenta. Mientras el ímpetu del primer día se desvanecía, en la


