Elody Malpartida

¿Se hace camino al andar?: Sobre la importancia de la protesta social en el marco de #NiUnaMenos

“¿Y por qué marchas?” Cada vez que se convoca a una marcha —independientemente de la razón que la motive— se genera controversia. Y es que por un lado se encuentran quienes apoyan fehacientemente la movilización en cuestión, mientras que por el otro están aquellos que la critican. Claramente, la marcha convocada para el día de mañana no se encuentra exenta de dicha controversia. Si bien el movimiento “Ni Una Menos” ha recibido un gran apoyo por parte de la sociedad civil y personalidades públicas, existen quienes han mostrado un rechazo hacia la convocatoria a la Marcha Nacional que se llevará a cabo el día de mañana, 13 de agosto de 2016. Dicha negativa tiene diversas razones; desde considerar al movimiento

Que mi única opción no sea rezar

A inicios de la presente semana, el Congreso de la República archivó un proyecto de ley que tenía como objeto despenalizar la práctica del aborto en casos en donde el embarazo haya sido producto de una violación. Que se haya propuesto esta medida no debería sorprender a nadie: según un reporte de Infos, el Perú es el país con más denuncias por violación sexual de la región, con una tasa de 22.4% por cada 100,000 habitantes. Asimismo, sigue sin ser novedad el hecho de que, según la organización Flora Tristán, el aborto incompleto sea la tercera causa de muerte materna en nuestro país. Es decir, actualmente en nuestro país, las mujeres no solo tienen altas probabilidades de ser violadas, sino de morir en el caso que decidan practicar un aborto clandestino ante el embarazo producto de la violación.

Eliminemos el “Día de la Mujer”

La frase que titula este artículo la he escuchado más de una vez entre los grupos sociales que frecuento. No obstante, sea cual sea el contexto en el que se dé, escuchar tal proposición nunca deja de sorprenderme – y jamás dejará de indignarme. Para mí, y para muchas otras mujeres en el Perú y el mundo, la existencia del 8 de marzo no solo conmemora la lucha femenina para reconocer nuestros derechos fundamentales (como participación política, inserción en el mundo laboral, entre otros), sino que esta fecha es también una alarma que recuerda que aún existen desigualdades que deben ser resueltas antes de afirmar que ha acabado la época en donde se discrimina, violenta, y subestima a la mujer.

Ni mutiladas, ni sumisas

Hay muchas estadísticas y números que engloban los distintos problemas que atraviesan las mujeres en el mundo. 66 millones de niñas alrededor del globo no reciben ningún tipo de educación. 80% de las víctimas de la trata de personas son niñas. El 50% de los casos de abuso sexual se presentan en niñas menores de quince de años[1]. Ciertamente, la situación no solamente es preocupante; hasta llega a ser trágica. No obstante, existe otra cifra igual de alarmante de la cual no solemos hablar mucho. Me refiero, precisamente, al hecho de que 130 millones de niñas y mujeres viven el día de hoy habiendo sido víctimas de la mutilación genital femenina (MGF) en 29 países del África y el Medio Oriente[2]. Cabe recalcar que no han sido contabilizados los casos en Europa y América, continentes en donde dichas prácticas son clandestinas, más no inexistentes.

Cultura Cautiva

“Te van a violar” le dice el Auxiliar a María Josefa, resignado. Esta oración es parte de uno de los diálogos más impactantes de la obra de teatro, La Cautiva, escrita por Luis Alberto León Bacigalupo y dirigida por Chela de Ferrari. En ella, se relata la historia de una joven de 14 años llamada María Josefa – la Cautiva – quien es asesinada por oficiales de las Fuerzas Armadas al ser hija de senderistas. Por si no fuera poco, ya en la morgue, al Auxiliar encargado de limpiarla y coserla se le ordena prepararla para ser ultrajada por un grupo de militares, que incluye a quien la mató. Esta situación se vuelve aún más conflictiva cuando la Cautiva despierta y se rehúsa a aceptar que está muerta. Es así que la riqueza de la obra recae en dos personajes que, a pesar de sus diferencias, se asemejan en tanto no comprenden la naturaleza de la realidad en la que les ha tocado vivir.