Por Amerson Mendoza Morales, abogado por la Universidad San Martin de Porres, y Raul Labarthe Saric, estudiante de la Maestría en Economía por la Universidad del Pacífico.

“La visión gubernamental de la economía puede resumirse en unas cortas frases: si se mueve, póngasele un impuesto. Si se sigue moviendo, regúlese, y si no se mueve más, otórguesele un subsidio”.
Ronald Reagan

Empiezo el presente artículo dándole la razón a la famosa cita del cuadragésimo presidente de los Estados Unidos: la visión del gobierno siempre ha sido tratar de regular los sectores económicos creyendo que, gracias a los burócratas y a sus medidas, se genera prosperidad económica en un país, lo cual es completamente falso.

La presente problemática es sobre el proyecto de ley gestionado por el Ejecutivo y que se encuentra en debate por el congreso, el cual tiene como fin que las farmacias tengan un stock mínimo de medicamentos genéricos. Su argumento es el derecho a la salud y garantizar los procesos necesarios para el abastecimiento de los recursos estratégicos en salud.

Pero, para entender los motivos de esta propuesta, es necesario ubicarnos en el contexto de las empresas que ofrecen este tipo de servicio. Siendo de conocimiento general que la empresa InRetail Pharma, al comprar Quicorp (MiFarma), se hizo del 95% de la participación del mercado de cadenas de farmacias, superando los 2,000 establecimientos. 

Al existir una empresa que tenga posición de dominio, como la descrita en el párrafo anterior, se genera una preocupación para el Estado y para el ciudadano de a pie. No es para menos, ya que podría existir la posibilidad de que eleven el precio de sus productos o de que realicen alguna práctica comercial propias del abuso de posición de dominio. 

Ahora, la norma que propone el Ejecutivo se centra en que todas las farmacias deban tener un stock mínimo de los medicamentos genéricos; cabe entonces preguntarse, ¿de qué forma los políticos pueden saber cuánto exactamente debe ser la gestión de inventarios en una farmacia?     

La gestión de inventarios en empresas o negocios – como el de las farmacias – se mide usando el ratio de rotación de inventario o rotación de existencias. Antonio Iglesias, profesor de la  XXVI Semana Internacional ESAN y profesor tutor Master LODC en ESIC Business & Marketing School, señaló en una entrevista: “Cada empresa debe buscar su objetivo. Lo ideal es hacer las cosas rápido, no tener almacén, que la mercancía entre y salga, y no tener stock. Eso quizá lo pueden conseguir algunas grandes multinacionales, pero si planteamos que en cualquier país el porcentaje mayoritario de empresas son medianas y pequeñas es difícil que ellas puedan mantener flujos así de tensos.”

Como podemos apreciar, la gestión de inventarios o existencias es bastante crucial en el desarrollo de una empresa, principalmente en las que recién están emprendiendo, debido a que sirve para mejorar la competitividad de cualquier negocio; por lo tanto, una empresa que pretenda ser competitiva en su mercado, deberá calcular y valorar las ventajas que puede generarle la administración de su inventario.

En respuesta a la preguntada planteada – y con lo ya indicado en lo que refiere a gestión de inventarios o existencias -, definitivamente los burócratas del Ejecutivo, al obligar a las farmacias a tener cierta cantidad de productos en stock, perjudicarían mucho más a las pequeñas farmacias, ya que son las grandes corporaciones quienes se encontrarían en mejor posición para poder afrontar este tipo de restricciones netamente comerciales. No obstante, la pequeña farmacia sí se verá completamente perjudicada al obligarla a tener como stock ciertos productos que van a quedarse sin una rotación en el tiempo.

Por otro lado, entre los argumentos para establecer stocks mínimos de medicamentos, encontramos que esto permitirá aumentar la oferta y uso de estos medicamentos, contribuyendo supuestamente a mejorar la asequibilidad. Se argumenta que la oferta de medicamentos “está determinada por los incentivos económicos que reciben los establecimientos farmacéuticos debido y que se elige la oferta en base a los medicamentos con mayores márgenes de comercialización.”

Efectivamente, un factor podrían ser los márgenes de comercialización; sin embargo, esto no es lo mismo que elegir en base a mayores precios. El margen de comercialización es la diferencia entre el precio de venta y el costo del medicamento; si un medicamento de marca “es caro”, lo será en ambos: precio y costo, sin tener por qué influir en el margen, ya que las farmacias y boticas se dedican a comercializar. 

Por lo tanto, decidir en base los márgenes de comercialización no tendría por qué generar una oferta con medicamentos más caros. Además, el volumen de demanda del medicamento es tan o más importante que los márgenes y el sustento de la ley deja totalmente de lado este punto: un producto de bajo margen y alta demanda tendrá también un alto stock en las farmacias y boticas privadas.

En el Gráfico N° 1, elaborado en base a los mismos datos del DIGEMID utilizados en la exposición de motivos de la ley, mientras más caros son los medicamentos de marca, las farmacias ofrecen mayor porcentaje de genéricos; y viceversa, si los medicamentos de marca son más baratos, se ofrecen menos genéricos.

Esto es evidencia de todo lo contrario a lo afirmado en la premisa de la ley: las boticas y las farmacias eligen la opción más barata disponible y basan su oferta en base a las decisiones “costo-calidad” del consumidor y no en base a priorizar los medicamentos más caros.

Finalmente, se puede advertir que siempre que el Estado intenta regular el mercado o ponerles restricciones a las empresas, por un supuesto beneficio a los consumidores, termina obteniendo el resultado completamente inverso a lo esperado. Como en el presente caso, al sacar este tipo de normas populistas que recortan el derecho a la libre empresa, lo que obtienen como resultado es perjudicar a las pequeñas farmacias y obstaculizar la entrada de núbiles inversionistas que quieran iniciar en este mercado, consolidando así la gran posición de dominio de la gran empresa.        


Fuente de la imagen: Minsa

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