Derecho y Economía

¡Yo soy el dueño del subsuelo!

No es el subsuelo lo que le pertenece al Estado, sino los recursos naturales en él (art. 66 de la Constitución). En esencia, la concesión minera sólo otorga propiedad sobre los productos (que por definición son no renovables a diferencia de los frutos) por lo que considero incorrecto hablar de “propiedad minera” dado que no existe una verdadera propiedad en el régimen de concesiones.

¿Qué ha hecho el gobierno de nuestro dinero?

Los gobiernos, en contraste con todas las demás organizaciones, no obtienen sus ingresos en pago de sus servicios. En consecuencia los gobiernos se enfrentan a un problema económico distinto al de cualesquiera otras personas.

¿Cómo debería ser el impuesto al carbono? -Becker

Concuerdo con Posner en que la evidencia del calentamiento global es lo suficientemente seria como para justificar la toma de medidas al respecto, y en que un impuesto al carbono sería mucho más efectivo que las regulaciones a las emisiones de carbono, como aquellas recientemente propuestas por el presidente Barack Obama.

Editorial: ¿Para qué sirven los precios?

Los países de Venezuela y Argentina acaban de resaltar en América Latina por presentar dos características en común. Más allá de su apoyo mutuo incondicional, la primera tiene que ver con que poseen las tasas de inflación más alta en nuestro continente.

Nacionalismo e Izquierda

Si algo tenían en común los socialistas, comunistas y liberales del siglo XIX era su fe en el progreso humano a través del ejercicio de la razón. Desde esa perspectiva, el cosmopolitismo era el futuro inevitable de la humanidad: tarde o temprano las personas habrían de comprender que aquello que nos une como seres humanos trasciende las barreras sociales que hemos construido entre nosotros.

¡Con gusto le pagaré el martes! Nueva frase en los contratos de educación

Uno de los personajes secundarios más recordados de las caricaturas, es sin duda Pilón, aquel gordito que aparecía en “Popeye, el marino”, el cual tenía por costumbre, llegar a restaurantes, pedir unas cuantas hamburguesas, comer, solicitar la cuenta, y al final decirle al cajero: “Con gusto le pagaré el martes”, generando una persecución de la que siempre salía ileso.