La objeción de consciencia: una crítica en nombre de Aristóteles
No soy una persona religiosa. No obstante, guardo respeto y hasta cierta dosis de admiración por quienes sí lo son, pues debe ser reconfortante tener la capacidad de encontrar paz interior sin necesidad de recurrir al consuelo de terceros. La religión ha tenido (y tiene aún) aspectos positivos y negativos. Históricamente la religión ha jugado un papel valioso al reforzar la observancia de comportamientos morales (p.e. compasión, benevolencia, empatía, simpatía) que, al mitigar la hostilidad generada por la competencia por los recursos, han permitido nuestra supervivencia en un ambiente desafiante (Himmelfarb 2004: 45). Pero la religión también ha jugado un papel nocivo al limitar la libertad de los individuos, al oponerse a la ciencia, y al coludirse con brutales reyes
