Las fiestas son de todos: la otra cara de los fuegos artificiales

“Siendo que las multas no son efectivas, tampoco hemos sido testigos de algún esfuerzo de las municipalidad por “reorganizar” los espectáculos de fin de año, de modo que estos puedan persistir de forma ordenada y en espacios seguros".

0
146

Por Enfoque Derecho

Para muchos, la Navidad significa la oportunidad perfecta para pasar tiempo en familia y recordarnos mutuamente el amor mediante pomposos regalos. Para muchos, el Año Nuevo significa la ilusión de un nuevo comienzo, una oportunidad para dejar atrás todo lo malo del año y fijar nuevas metas (que generalmente no cumplimos). Para todos, ambas festividades de final significan una cosa: fuegos artificiales.

Probablemente sería mentira si dijéramos que nunca, en ningún punto de nuestra vida, hemos salido a las calles o las ventanas para apreciar espectáculos de fuegos artificiales. No deberíamos avergonzarnos de esto, porque lo cierto es que hay algo de atractivo en ver luces formarse en el cielo. Sin perjuicio de esto, los tiempos han avanzado y nos hemos dado cuenta que, en realidad, no todos los disfrutamos.

Como explicaremos más adelante, los fuegos artificiales pueden afectar la salud de niños con trastornos del espectro autista y personas con hipersensibilidad sonora. Además, la pirotecnia incluso puede llegar a quitarle la vida a las mascotas, que, si bien aún no son considerados sujetos de derechos por nuestro ordenamiento jurídico, no puede negarse que son seres vivos y sensibles que cumplen un rol importante en nuestra sociedad.

En este sentido, es responsabilidad de las autoridades, véase principalmente las municipalidades, buscar alternativas para reducir el uso de fuegos artificiales en la ciudad. Evidentemente, es complicado erradicar su uso, pues es una costumbre muy extendida en nuestro país; sin embargo, sí es necesario buscar una forma de armonizar su uso para salvaguardar la salud de los integrantes de nuestra sociedad.

Sin más preámbulo, este editorial se dividirá en dos partes. Por un lado, explicaremos los efectos negativos de la pirotecnia en la salud y, por otro, analizaremos la actuación de las Municipalidades para proteger a la población.

¿Vale la pena?

Son múltiples las consecuencias derivadas de la contaminación sonora y ambiental que causa la pirotecnia, siendo las que inciden en personas con ciertas condiciones médicas e incluso las mascotas las que mayor atención demandan. Ahora bien, ¿qué estragos causa la pirotecnia en la salud?; y, ¿por qué el uso indiscriminado de esta costumbre se debe abordar como un problema de salud pública?

Ya en el 2016, el SENAMHI había advertido que los fuegos artificiales y pirotecnia detonados en la celebración de Navidad del año 2015 multiplicaron hasta en ocho veces la contaminación del aire, siendo los distritos de San Juan de Lurigancho, Villa María del Triunfo y Carabayllo aquellos con mayor presencia de partículas PM2.5 y PM10[1].

De acuerdo a especialistas del Ministerio del Ambiente, cuando los pirotécnicos se encienden, “liberan gases contaminantes como el monóxido de carbono (CO) y producen material particulado menor a 2.5 micras (PM2.5)”. Estos últimos “quedan suspendidos en el aire y, […], puede ingresar por las vías respiratorias […]”[2], dando como resultado la agravación de enfermedades preexistentes, la aparición de enfermedades respiratorias y cardiovasculares o, incluso, la muerte prematura.

Afecta, además, en mayor medida a los niños y niñas con discapacidades del desarrollo, tales como el trastorno del espectro autista (TEA). Tal como señala la psiquiatra del hospital Víctor Larco Herrera del Minsa, Julissa Castro, el 95% de los niños con TEA sufren alto grado de ansiedad y estrés a causa del ruido producido por la pirotecnia, que incluso puede desencadenar convulsiones[3].

Atendiendo ahora a otro tipo de seres vivos, los últimos años han sido testigo de una preocupación cada vez mayor a las mascotas y, en particular, a los animales domésticos en condición de calle, siendo estos últimos los que más vulnerables se encuentran, en tanto no cuentan con ninguna clase de auxilio que pueda paliar los efectos de la pirotecnia en su bienestar tanto físico como mental. Comencemos por lo más recurrente: fobia al ruido y ansiedad.

Según la doctora Stefanie Riemer (Universidad de Berna, Suiza), especialista en conducta canina, aproximadamente el 50% de perros de compañía reacciona con miedo a la pirotecnia y más del 15% de perros temerosos necesitan varios días para recuperarse[4]. Asimismo, sostiene una verdad que los amantes de mascotas se abstienen de asimilar: los productos que se comercializan para calmar la ansiedad no cuentan con suficiente evidencia científica que demuestre su efectividad. Habiendo dicho ello, no resulta extraño percatarse de que en fechas festivas se incrementa el número de mascotas pérdidas, quienes en su desesperación, caminan sin rumbo y pierden el camino de regreso a casa.

Es el ruido que producen los pirotécnicos a lo que mayor atención dirigen gran parte de quienes se oponen a su uso. El sufrimiento que observamos en nuestros seres queridos, tanto mascotas como familiares y amigos, nos hace pensar a veces que lo ideal sería prohibir su uso. Sin embargo, perdemos de vista que existe un Reglamento de Estándares Nacionales de Calidad Ambiental para Ruido, aprobado mediante el Decreto Supremo No 085-2003-PCM, que delimita, en horario nocturno, 70 decibeles como máximo en zonas industriales; 60, en zonas comerciales; 50, en zonas mixtrax; y, 40, en zonas especiales[5].

Cabría preguntarnos: ¿las municipalidades sancionan a aquellos que exceden estos parámetros?

Obligaciones y esfuerzos 

En el acápite anterior expusimos un hecho innegable: la pirotecnia afecta la salud de las personas, animales y genera contaminación del aire. Teniendo en consideración esto, es también innegable que el Estado tiene la obligación de realizar esfuerzos para desincentivar su uso, como parte de su obligación general de proteger la salud de las personas y el medioambiente.

Esto, aunque lo crean, no se trata de una afirmación sentimentalista, sino que es una obligación que se deriva de la propia Constitución Política, norma de mayor jerarquía en nuestro sistema legal.

En primer lugar, el artículo 7° de la Constitución consagra que la salud es un derecho de toda la población. Evidentemente, esto genera la obligación de que el Estado realice acciones positivas para erradicar o desincentivar conductas que puedan ser lesivas para la salud de la población.

En segundo lugar, este mismo artículo señala que “La persona incapacitada para velar por sí misma a causa de una deficiencia física o mental tiene derecho al respeto de su dignidad y a un régimen legal de protección, atención, readaptación y seguridad”. En este caso, la Constitución establece que debe protegerse especialmente a las personas con alguna discapacidad; sin embargo, esta protección no puede ser sólo para aquellas personas con discapacidades avanzadas e incapaces de verlas por sí mismas, sino que debe interpretarse de manera extensiva e incluir aquellas discapacidades que afectan a las personas sin volverlas dependientes de otras, como el autismo.

Finalmente, el artículo 2.22 de la Constitución reconoce “la tranquilidad (…) así como a gozar de un ambiente equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida” como un derecho fundamental de todas las personas. Esto impone al Estado también la obligación de impedir acciones que perturben la tranquilidad de la sociedad y altere negativamente el ambiente en que las personas desarrollan su vida. Cómo es lógico, las personas con alguna discapacidad tienen una mayor sensibilidad y el ambiente en el que se desarrollan debe ser protegido con mayor cuidado.

Todo lo mencionado, como dijimos al inicio, genera en el Estado la obligación de realizar acciones para desincentivar el uso indiscriminado de la pirotecnia y ciertamente en una obligación que ha sido reconocido. Es gracias a este reconocimiento que, por ejemplo, se han vuelto ilegales ciertos pirotécnicos con un alto grado de peligrosidad y existen operativos municipales para incautarlos.

Ahora bien, que se haya reconocido la obligación no significa que se cumpla y las fiestas de este año son el mejor ejemplo. Días antes de las fiestas, la Defensoría del Pueblo publicó un comunicado en el cual “exhorta a las autoridades a cumplir sus obligaciones y proteger la salud física y mental de las personas, asimismo a la sociedad a celebrar estas fiestas con conciencia y responsabilidad, sin perjudicar a los demás”[6]. No obstante, hubo caso omiso a esta petición y algunos distritos de Lima fueron testigos de múltiples y estruendosos fuegos artificiales.

Entonces, cabe preguntarnos, ¿son suficientes los esfuerzos de las municipalidades?

Al día de hoy, tenemos que las municipalidades distritales de San Borja, Miraflores, Comas, San Isidro, Barranco, Surco, entre otras, prohíben y sancionan el uso de fuegos artificiales con multas que llegan al valor de una UIT[7] (ahora 5150 soles). Si bien las multas tienen el objetivo de persuadir a la ciudadanía de no utilizar fuegos artificiales, lo cierto es que de nada sirven estas multas sin una debida fiscalización.

Además, siendo que las multas no son efectivas, tampoco hemos sido testigos de algún esfuerzo de las municipalidad por “reorganizar” los espectáculos de fin de año, de modo que estos puedan persistir de forma ordenada y en espacios seguros. Por ejemplo, pueden ser las propias municipalidades las que se encarguen de coordinar un espectáculo de luces en parques zonales o espacios públicos abiertos y de fácil acceso por la población.

Reflexión final

Un día previo a la Navidad pasada, IPSOS reveló que el 75% de peruanos rechaza el uso de la pirotecnia[8]. Cabría preguntarnos, si tanta gente la rechaza, ¿por qué no prohibirla? Resulta improbable que esto llegase a ocurrir. Más allá de la fiscalización y una posible reorganización de estos espectáculos, que sin duda es importante, creemos que es primordial un esfuerzo a nivel educativo para sensibilizar a la población. Con esfuerzo educativo no nos referimos a que enseñen los problemas de la pirotecnia en los colegios, sino que se elaboren campañas efectivas y asertivas para que las personas comprendan los efectos negativos de la pirotecnia. De nada sirve una multa o un espectáculo organizado por la propia municipalidad en un parque si el vecino de la cuadra sigue creyendo que no pasa nada si revienta un par de cohetes desde su techo a medianoche.

Y esta campaña, a diferencia de otras que se han organizado, no debe ser un intento burdo por golpear emocionalmente a la población o demonizar a las personas que disfrutan la pirotecnia, sino que debe ser una campaña que enseñe desde la empatía. Es importante que reconozcamos que todos tenemos el mismo derecho a disfrutar de las fiestas de la mejor manera que creamos, siempre que esta no cause daños a la salud y la tranquilidad de un sector valioso de nuestra sociedad.

Editorial escrito por Jackelyn Huayapa y Luis Angel Rivera


Referencias

[1] https://www.senamhi.gob.pe/?p=prensa&n=567

[2] https://www.elperuano.pe/noticia/232437-salud-publica-en-riesgo-por-fuegos-artificiales

[3] https://www.gob.pe/institucion/minsa/noticias/321520-mas-de-95-de-ninos-con-autismo-sufren-a-causa-de-los-pirotecnicos/

[4] https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S155878782030037X

[5] https://www.senace.gob.pe/wp-content/uploads/2016/10/NAT-3-2-5-01-DS-N-085-2003-PCM.pdf

[6] https://www.defensoria.gob.pe/defensoria-del-pueblo-uso-de-pirotecnia-por-fiestas-de-fin-de-ano-afecta-la-salud-de-personas-con-discapacidad/

[7] https://www.defensoria.gob.pe/defensoria-del-pueblo-uso-de-pirotecnia-por-fiestas-de-fin-de-ano-afecta-la-salud-de-personas-con-discapacidad/

[8] https://www.ipsos.com/es-pe/uso-de-pirotecnia-encuesta-peru-21-ipsos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí