Juan José Garrido

Cómo votar este 5 de Junio

Este 5 de junio votaré, sin regodeo, por Keiko. He escuchado a ambos candidatos, a sus voceros, leído sus planes, sus encartes, revisado sus alianzas, ponderado sus intereses y comportamientos; en resumen: he hecho todo lo posible por nutrirme de información en base a hechos objetivos y subjetivos (apreciaciones, enfoques, opiniones y otras, tanto de los candidatos como de sus compañeros de ruta), con lo cual he reducido mi opinión a un set de variables, a fin de tomar una decisión final. Arribo, después de analizar lo anterior, al siguiente modelo o función del riesgo político y económico: RPE(π)={[(α*β)-λ]-γ+W+χ} Donde: α es acceso esperado a fondos discrecionales, β es grado de autoritarismo personal esperado, λ es grado relativo de contrapeso

Peligros post-electorales

Desde que empezara la segunda vuelta, hace casi cinco semanas, las tendencias en las preferencias del electorado han variado sustancialmente; hoy, con el panorama apuntando a una candidatura fujimorista en ascenso y una leve caída de la candidatura humalista, las cosas se ponen un poco más difíciles para esta última. Ello, por supuesto, ha polarizado aún más las cosas e intuyo que, lamentablemente, se ampliarán las fisuras durante las próximas cuatro semanas. La pregunta es si llegaremos al 5 de junio como país, prestos a buscar la unidad post-electoral, o la polarización hará dicha tarea imposible por los próximos cinco años. Esto, para algunos, podrá sonar irrelevante. No obstante, una mirada desapasionada a la realidad nacional obliga, a quien salga

Lima y el escribidor

Hace pocos días, en Buenos Aires, se reunió la Sociedad Mont Pelerin -organización que agrupa a los más importantes liberales del mundo-, tal como se congregaron en 1947 un grupo de librepensadores multidisciplinarios con el objetivo de facilitar el intercambio de ideas de cara a la defensa de la obra más preciada del hombre occidental: la libertad. Resultaría pues paradójico (curioso, al menos) que sea éste el escenario donde nuestro Nobel, don Mario Vargas Llosa, defienda la argumentación del voto a favor de la candidatura humalista. No obstante, para quienes estuvimos presentes esa noche, la proclama no extrañó; corría el rumor de dicha posición y las molestias eran evidentes. En Lima, apenas arribado, las llamadas no tardaron. ¿Qué dijo? ¿Por

Lo que está en juego

Como bien señalan Cole y otros en América Latina en el espejo retrovisor (2004), nuestra región es un ejercicio fallido de crecimiento en el largo plazo. Mientras Asia y Europa convergen a los estándares estadounidenses durante los últimos 50 años, América Latina se retrasa -primordialmente en productividad- recurrentemente. Para dichos economistas, el problema central reside en las restricciones a la competencia, lo que se traduce en la erosión de la productividad total de los factores (PTF), variable que se estima responde al menos en 60% del crecimiento económico (en el promedio de países observados). Menor competencia desalienta las inversiones dirigidas a mejoras en productividad. No obstante, por causalidad podemos cuestionar las razones detrás del desinterés en los mercados y la

Moralidad estatista

Desde que se auguraba una segunda vuelta entre el nacionalismo y el fujimorismo, situación trágica para cualquiera apegado a las causas de la libertad y la democracia, un sinnúmero de opinólogos han cubierto sus columnas con variadas interpretaciones de la moral, las buenas costumbres políticas y el modelo económico, supeditando -siempre- este último a los primeros. Las razones son siempre las mismas: el dinero está apegado, en el imaginario popular, como un fin innoble e incluso despreciable, ya que enfrenta -supuestamente- a los hombres en un acto de barbarie materialista. La dicha, para ellos que son de clase media y alta, es el notorio desprendimiento del fin económico, demostrando una ignorancia mayúscula sobre los beneficios que brindan la división del

Reflexiones personales

A pocos días del decisivo voto electoral, pareciera que las cartas están echadas contra la libertad. Por un lado, una mutación de lo peor del pensamiento totalitario y comunistoide enseña un tramposo perfil que, tras estudiar el Plan de Gobierno 2011, no deja duda de que acabará con el sistema democrático tal cual lo conocemos. Por otro lado, un cuarteto de jugadores, que abarca distintos grados de libertades políticas y económicas -una con especial apego al autoritarismo- suponen frágiles propuestas en un ambiente electoral enardecido por las marcadas diferencias existentes entre el desarrollo y la modernidad que se respira en las principales urbes, en contraposición al atraso y miseria que aún se vislumbra en las periferias urbanas y áreas rurales.

Sobre el Nacionalismo 2.0

Como en el versionado de software, donde se asigna un número o nombre al desarrollo de una nueva versión, al nacionalismo -representado por Ollanta Humala- lo tildan ahora de «moderado», «demócrata» y «conservador», negando con ello el peligro que dicha candidatura representa para la democracia y el actual modelo económico. En el 2006 publicamos un ensayo donde concluíamos lo siguiente: que ese nacionalismo no era más que la nueva etiqueta del socialismo que nos gobernó hasta 1990; que dicho nacionalismo provocaría la misma involución económica y social de los setenta y ochenta; y, finalmente, que deberíamos combatir dicho flagelo defendiendo los principios de libertad y democracia que tanto han ayudado a los más necesitados. Pues bien, eso fue hace un

De tragedias y reconstrucciones

A los ojos de ciertos economistas, predominantemente keynesianos, las desgracias naturales y/o producidas por hombres -guerras, eminentemente- tienen un lado positivo, dado que las mismas abren el camino a un desembolso gigantesco destinado a la reconstrucción. PPK, al igual que Larry Summers -ex jefe del Banco Mundial-, ha opinado en dicho sentido. En principio, habría que aclarar que éste es uno de los errores más resistentes y recurrentes en las opiniones económicas, que se basa en lo que el francés F. Bastiat llamaba «La Falacia de la Ventana Rota», y que el estadounidense H. Hazlitt reestructuraría para los eventos post-guerra como «Las Bendiciones de la Destrucción». Si existe un error central, el mismo es confundir gasto con demanda. Una calamidad

La verdadera brecha

A diferencia de otros sistemas económicos, el de mercados libres e instituciones sólidas brinda un escenario donde la competencia obliga a la innovación y provoca, como corolario, una senda de crecimiento basada en la creación y propagación del uso de conocimientos, métodos y tecnologías. Los países desarrollados lo tienen claro, y por lo tanto destinan tasas más altas de su producción (PBI) a Investigación y Desarrollo (I+D), entre otras acciones. Perú, en dos recuentos de gasto en I+D como ratio del PBI revisados, aparece con 0.1% (puesto 64/71 en el más reciente, UNESCO); mientras que el promedio de la OCDE es 2.29% y del G7 es 2.53%. No obstante, las tecnologías que, por ejemplo, les permitirían a los peruanos alcanzar

Escenarios post-electorales

Tal vez la principal ventaja para un país en desarrollo sea la estabilidad de su sistema político-económico; esto es, que en cada elección no se juegue la vida a ciegas sino signifique, a lo mucho, un leve ajuste hacia la modernidad o el populismo, lejos de cualquier retroceso nefasto. Para un país en vías de desarrollo como el Perú, cada elección significa un lance del dado, en el que podemos revertir años de desarrollo o avanzar más de lo esperado. En unas semanas, enfrentaremos un contexto para los próximos cinco años que, aún, nos son inciertos. ¿Cuáles son esos escenarios potenciales? El primero, sin duda, es el retroceso, al cual llamaremos «neo-populismo». Podríamos decir que ése es el peor escenario;